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domingo, enero 11, 2015

Sagrada Familia de Jesús, María y José

(Evangelio según San Lucas  capítulo 2 versículos del  42 al 52)
Homilía de San Bernardo, Abad.

Y les estaba sujeto. ¿Quién estaba sujeto? ¿a quienes obedecía? Dios a los hombres, Dios, digo, a quien están sujetos los ángeles, a quienes los Principados y las Potestades obedecen, estaba sujeto a María,  y no tan solamente a María sino también a José por respeto a María. Admírate de ambas cosas, y considera lo qué sea lo más admirable, si la benignísima dignación del Hijo, o la excelentísima dignidad de la Madre. Ambas causan estupor, ambas constituyen un milagro. Que Dios se someta a una mujer, constituye un acto de humildad sin semejante; y una mujer mande a un Dios, puedes ver en ello una sublimidad sin par. En alabanza de las vírgenes se cantan que siguen al Cordero dondequiera que vaya. Ahora bien, ¿de que alabanzas juzgas digna a la que le preceden? 

Aprende, oh hombre a obedecer, aprende tú que eres tierra, a estar sumiso; aprende oh polvo  , a sujetarte. El Evangelista hablando de tu Dios, dice que estaba sujeto a ellos; sin duda a María y a José. ¡Avergüénzate polvo soberbio! Dios se humilla, ¿y tu te exaltas? Dios se sujeta a los hombres, ¿y tú deseoso de dominar a los hombres, quieres anteponerte a tu Dios?. Ojalá que mi, si llegare a tener semejantes pensamientos, se digne Dios responderme, lo que respondió también a su Apóstol reprendiéndole: “Apártate de mi, Satanás, porque no tienes gusto de las cosas que son de Dios”. Puesto, que, cuantas veces deseo mandar a los hombres, tantas pretendo ir delante de mi Dios, y entonces verdaderamente, ni tengo gusto ni estimación, de las cosas que son de Dios, ya que de el mismo se dijo: “Y esta sujeto a ellos”. Si te desdeñas, hombre, de imitar el ejemplo de los hombres, a lo menos no puedes reputar por cosa indecorosa para ti el seguimiento de tu autor, sino puedes seguirle a todas partes a donde el fuere, síguele por lo menos a donde por ti bajo.

Si no puedes subir a la altura de la virginidad, por lo menos sigue a Dios por la muy segura senda de la humildad, de la cual, si las vírgenes mismas se apartaren, ya no seguirán al Cordero, el humilde que se manchó; le sigue también el soberbio; peor ni el uno ni el otro a cualquier parte que valla, pues ni aquel puede subir a la limpieza del Cordero, que no tiene mancha, ni éste se digna bajar a la mansedumbre, de quien enmudeció paciente, no ya delante de quien la esquilaba, sino delante de quien le manta. Con todo, más saludable modo de seguirle eligió el pecador en la humildad, que el soberbio en la virginidad; pues la humilde satisfacción de aquel purifica su inmundicia, cuando la castidad de este es manchada por la soberbia.

miércoles, abril 09, 2014

Domingo de Pasión


El tiempo de Pasión, que hoy comenzamos, es una preparación inmediata a la gran Fiesta de la Pascua del Señor; este periodo dura dos semanas: “La semana de Pasión y la Semana Santa o Semana Mayor”. Es un periodo corto, pero destinado a meditar los sufrimientos, las humillaciones y la muerte en Cruz del Redentor. El misterio de la Pasión es la verdadera causa meritoria, y el precio del rescate de la humanidad. Jesucristo aparece como el “Varón de dolores”; se nos recuerda también su inocencia y santidad.
El Evangelio nos propone aquellas palabras que únicamente podía pronunciar Jesús, y que jamás nadie como él podrá repetir: “¿Quién de vosotros podrá acusarme de pecado?” (Juan 8,46). El tiempo de Pasión está dedicado a la veneración y al culto de la Cruz, estandarte de Cristo el divino rey, única esperanza, ya que del árbol de la Cruz a procedido la vida de las almas.

Desde hoy, hasta el sábado Santo las imágenes sagradas estarán cubiertas con velos morados, signo del luto y el duelo de la Iglesia porque se acerca la muerte del salvador del mundo. Se suprime el Salmo 42 en la Misa y los Glorias, no sonará el Órgano hasta el Sábado Santo a la noche, a excepción del Jueves Santos, que se toca en la Santa Misa hasta el Gloria.
Aprovechemos este tiempo para convertirnos de corazón y dejar que la salvación de Cristo obre en nuestras vidas; la Madre Dolorosa, la Siempre Virgen junto a la Cruz nos haga profundizar estos misterios.

(Evangelio según San Juan capítulo 8 versículos del 46 al 59)

Homilía de San Gregorio Papa.

Considerad, hermanos muy queridos, la mansedumbre de Dios. Había venido para perdonar los pecados, y decía: “¿Quién de vosotros podrá acusarme de pecado?” No se desdeña demostrar con razonamientos que él no era pecador, el mismo por el poder de su divinidad, podía justificar a los pecadores...La Verdad (Cristo) manda que deseemos la patria celestial, que mortifiquemos los deseos de la carne...pues hay no pocos que ni se dignan a escuchar con los oídos corporales los mandamientos de Dios. Y también existen no pocos,  que a la verdad escuchan estos preceptos con los oídos corporales, pero no tienen el menor deseo de practicarlos. Y hay también algunos, que reciben con buena voluntad las palabras de Dios, de tal suerte que arrepentidos derraman lagrimas, más después  de haber llorados sus pasadas maldades vuelven a ellas. Estos, a la verdad, no oyen las palabras de Dios, ya que no se dignan ponerlas en obras. Vosotros, estimados hermanos, considerad vuestra vida, y con profunda tención, temed lo que nos dice la misma Verdad: “por esto vosotros no oís, porque no sois de Dios”.

San Agustín, en su Homilía nos recuerda: los enemigos de Cristo se vieron culpables de un gran crimen, al dar la muerte, al mismo que habían de venerar y adorar; les parecía imposible expiar este crimen. A la verdad era un gran pecado cuya consideración les movía a desesperación; pero no debían desesperar aquellos en favor de los cuales el Señor pendiente en la Cruz, se había dignado orar.
Pues había dicho: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Entre muchos extraños veía a algunos de los suyos, y pedía perdón para los que le insultaban. No atendía a que ellos le daban la muerte, sino a que por ellos moría. 


domingo, marzo 16, 2014

II Domingo de Cuaresma

(Evangelio según San Mateo capitulo 17 versículos del 1 al 9)

De la Homilía de San León Papa.
Tomó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y habiendo subido juntamente con ellos a un monte excelso, manifestóles el  esplendor de su gloria. Pues si bien habían entendido que era Dios, ignoraban aún de qué era capaz aquel cuerpo en el cual la divinidad estaba encubierta. Y por lo mismo, propia y concretamente el Salvador, había prometido que algunos de sus discípulos presentes no habían de morir sin haber visto antes al Hijo del hombre que venía en su reino, es decir,  en su gloria regia, perteneciente de una manera espiritual a la naturaleza que había tomado, y que quería mostrar a estos tres discípulos. Ya que, de la inefable e inaccesible visión de la Divinidad reservada en la vida eterna para los limpios de corazón, no podían disfrutar en modo alguno mientras se encontrasen revestidos de carne mortal.

Las palabras del Padre. “¡Este es mi hijo amado, en quien me he complacido, oídle!”, ¿por ventura no dicen claramente: Este es mi Hijo el cual recibe de mí y posee conmigo un ser eterno?. Ya que ni el engendrador es primero que el engendrado, ni el engendrado es posterior al engendrador. Este es mi Hijo; no nos separa la divinidad, ni nos divide el poder, ni nos diferencia la eternidad. Este es mi Hijo, no adoptivo sino propio, no creado por otro sino engendrado de mí mismo, ni pertenece a otra naturaleza semejante a la mía, sino que, nacido de mi sustancia es igual a mí mismo.
Este es mi Hijo, por quien fueron hechas todas las cosas y sin el cual nada hizo; hace lo mismo que yo hago, y cuantas cosas yo obro, también las realiza él unido conmigo inseparablemente. Este es mi Hijo, el cual no arrebató la igualdad que tiene conmigo, ni la usurpó presuntuosamente, sino que permaneciendo en la forma de mi gloria, para realizar el común consejo de la reparación humana, inclinó la inconmutable Divinidad hasta la forma de siervo.
A éste, por lo mismo, en quien yo me complazco, por cuya predicación soy conocido y por cuya humildad soy glorificado, oídle constantemente, porque él es la verdad y la vida, mi poder y mi sabiduría.


domingo, marzo 09, 2014

I Domingo de Cuaresma

(Evangelio según San Mateo capitulo 4 versículos del 1 al 11)

Homilía de San Gregorio Papa.

Pregúntanse algunos cuál fue el espíritu que condujo al Señor al desierto. Y la razón que les mantiene perplejo es lo que luego el santo Evangelio dice: “Llevóle el diablo a la santa ciudad”; y después de esto: “le subió a un monte muy alto”. Pero la opinión más razonable, la que puede seguirse, con toda verdad y sin duda alguna, es la que cree que fue conducido al desierto por el Espíritu Santo, a fin de que allí le condujera su Espíritu en donde le pudiese hallar el espíritu maligno para tentarle. Mas, he aquí que cuando, se dice que Dios Hombre fue llevado por el diablo a la ciudad santa, o subido a una montaña muy elevada, la mente se rehúsa a creerlo y los oídos humanos se espantan al escucharlo. Reconoceremos, no obstante, que no es increíble, si pensamos en tantas otras cosas que en él se cumplieron.
Ciertamente el diablo es el príncipe de todos los malvados, y miembros de esta cabeza son los impíos (malvado). ¿Acaso Pilatos no fue miembro del diablo, y los Judíos que persiguieron a Cristo, y los soldados que le crucificaron, fueron también miembros del diablo? ¿Qué tiene, por lo mismo, de extraño que permitiese que el demonio le condujera a un monte, si después había de permitir que sus secuaces le crucificaran?. No es indigno de nuestro Redentor el que quisiera ser tentado, toda vez que había venido para ser crucificado. Por el contrario, era muy justo que con sus tentaciones venciese nuestras tentaciones, así como había venido para triunfar de nuestra muerte con su propia muerte.
Mas conviene advertir que la tentación obra de tres modos: por la sugestión (obsesionado-una idea fija y molesta); la delectación (siento placer) y el consentimiento (quiero pecar). Nosotros, cuando somos tentados, generalmente nos dejamos arrastrar hasta la delectación, o lo que es más hasta el consentimiento. Y eso tiene lugar, porque formados de carne pecadora, llevamos en nosotros mismos el enemigo contra el cual hemos de luchar. Mas Dios, habiéndose encarnado en el seno de la Virgen, vino al mundo sin pecado, y por lo mismo no tenía en sí mismo principio alguno que le obligase a la lucha. Por lo mismo pudo ser tentado por sugestión, pero su alma no pudo ser manchada por la delectación. De consiguiente toda aquella tentación diabólica fue exterior, no interior.

Y, a nosotros, ¿Cómo nos tienta el demonio?, ¿nos dejamos, seducir por él?, ¿ponemos los medios necesarios para, luchar contra la tentación?.
Pidamos a la Santísima Virgen María, la gracia de la perseverancia y la lucha diaria contra las tentaciones del demonio.


martes, febrero 25, 2014

Domingo de Sexagésima


“La semilla es la palabra de Dios, aquella palabra cuyo incensable sembrador fue Pablo, entre afanes y sufrimientos y hasta la muerte a filo de espada; aquella palabra encarnada en Cristo, Verbo divino, centro de la Sagrada Escritura.”
Las grandes páginas de la Biblia, leídas en maitines, anuncian, una tras otra, el misterio pascual. Noé, el segundo padre del género humano, simboliza la renovación de la humanidad: “ vea el mundo el levantarse de lo caído, el renovarse de lo envejecido, el retorno de todo a su prístina integridad por obra del mismo que lo creara. (Sábado Santo, oficio antiguo). En adelante, la salvación se obrará en el seno de la Iglesia, cuya figura es el arca, y en ella serán regeneradas, no sólo ocho personas, sino toda la multitud de los bautizados que salen de las aguas. (epístola del viernes de Pascua).
Los cantos de la misa tienen el mismo acento que los del domingo anterior: llamamiento penetrante y confiado a Dios desde el seno de nuestra miseria. La epístola se ha escogido por tener lugar la estación en San Pablo extramuros; es una de las páginas más bellas del gran apóstol.


lunes, febrero 10, 2014

5° Domingo después de Epifanía

“Coged primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla; mas el trigo guardadlo en mi granero.”

El cristiano instruido en escuela del Hombre-Dios que se dignó habitar con nosotros, debe ejercer la misericordia en favor de sus hermanos. De este modo, cumpliendo las saludables enseñanzas que nos da el Apóstol en la Epístola que leemos en la santa Misa, el mundo, purificado por la presencia del Verbo encarnado, será para nosotros asilo de paz. Esta paz debe llenar completamente el corazón de cada cristiano, debe manifestarse en un no interrumpido gozo que le proporcionará ciertamente la meditación de la palabra divina, y el canto de los salmos y alabanzas tributadas a su Creador. Si siempre debe cumplir este deber de alabar a Dios, el día más propio para esto es el domingo, uniéndose a la Iglesia en la celebración de los oficios divinos. Tengamos también presente en nuestras cotidianas acciones, el Consejo que nos da el Apóstol en esta misma Epístola, es decir, que lo hagamos todo en nombre de Jesucristo. Es el medio más fácil para agradar al Padre Celestial.

El reino de los cielos de que nos habla el Salvador en el Evangelio, es su Iglesia militante. En ella su heredad, su reino. No debe escandalizarnos de que en esta heredad, en este reino instituido con tanta solicitud por él mismo Salvador hayan aparecido las malas hierbas de diversas suertes de pecados, ni la cizaña de las herejías. Dios permite que haya buenos y malos, ya para ejercicio de éstos, ya para qué, viendo las perversas acciones, no confíen en sí mismos; sino en el auxilio del cielo. Día vendrá en que el Señor dará a cada uno el premio o castigo, según sus obras, en que separará el trigo de la cizaña para asentar a los buenos en los tronos de su reino, y a arrojar la cizaña al fuego inextinguible del infierno.


domingo, febrero 02, 2014

Fiesta de la Purificación, o Presentación de la Virgen María

Con vosotros, santo anciano Simeón, santa profetiza Ana, recibimos gozosos en el templo de nuestro corazón y de brazos de María y José, a Jesús,
luz del mundo.

Esta fiesta, que cierra las solemnidades de la Encarnaciónconmemora la Presentación del Señor, el encuentro con Simeón y Ana(encuentro del Señor con su pueblo) y la purificación ritual de la Virgen María.
Presentación: Cuarenta días después del nacimiento de Jesús,  María y José llevaron al Niño al Templo, a fin de presentarlo al Señor, según la ley de Moisés (Cf. Ex 13, 11-13).
Lucas 2,22-38Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor" y para ofrecer en sacrificio "un par de tórtolas o dos pichones", conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos  corazones”
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años;
no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de
Jerusalén.
Simeón, al ver a María y a José con el Niño Jesús, conoció por una revelación divina que era  Cristo. Tomó entonces al Niño en sus brazos y bendijo a Dios y exclamó:
Ahora puedes dejar morir en paz, Señor, a tu siervo, porque han visto mis ojos a tu Salvador, luz para las naciones y gloria de Israel.
  María y José admiraban sus palabras.
Y vuelto a María le anunció: Este ha sido puesto para ruina y para resurrección de muchos; y como una señal de contradicción; y una espada atravesará tu alma.
Purificación de María: Como era costumbre, María, su madre, se sometió a la vez al rito de la purificación (Cf. Lev. 12, 6-8).
Procesión con las candelas, "Candelaria" luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel" (Lc 2,32). La procesión con velas nos recuerda que La Virgen da luz a Jesucristo, Luz del Mundo, quien se manifiesta a su pueblo por medio de Simeón y Ana.
No se sabe con certeza cuando se iniciaron las procesiones en relación a esta fiesta, pero en el siglo X ya se celebraban con solemnidad. Después de la procesión los cirios se llevan a las casas para encenderse cuando hubiese necesidad de oración especial.


domingo, enero 19, 2014

II Domingo después de Epifanía

(Evangelio según San Juan  capítulo 2 versículos del  1 al 11)
Homilía de San Agustín, Obispo.

El acudir al Señor como convidado a una boda, de toda significación mística quiso confirmar que él instituyo las bodas. Ya que había de suceder que algunos, de quienes habla el Apóstol, habían de prohibir las bodas, diciendo que era cosa mala el casarse, y el que el diablo las había inventado, siendo así que el mismo Señor dice en el Evangelio: “preguntando si era licito al hombre despedir a su esposa, por cualquier causa” que esto no es licito, excepto por causa de fornicación. En cuya respuesta, podéis recordar que dice: “lo que Dios a unido, no lo separe el hombre”.

Y los que están bien instruidos en la fe católica, saben que Dios instituyo las bodas. Así como la unión es obra de Dios, así el divorcio es obra del diablo. Con todo, en el caso de fornicación, es licito despedir a la consorte, ya que ella a sido la primera en no querer ser esposa, no guardando fidelidad conyugal al marido. Debese  también tener presente que ni las mismas que consagran su virginidad a Dios, aunque tengan un grado mayor de honor y de santidad en la Iglesia, con todo no carecen de bodas, ya que tienen participación con toda la Iglesia, en aquellas bodas en que Cristo es el esposo.

El Señor asistió como invitado a las bodas para confirmar la castidad conyugal, y para revelarnos la significación misteriosa de aquellas bodas; en ellas las personas de Nuestro Señor, estaba figurada por el esposo, a quien se dijo “a reservado el buen vino para lo ultimo”. En efecto, Jesucristo a reservado para estos últimos tiempos el buen vino, es decir su Evangelio.

domingo, enero 05, 2014

Dulce Nombre de Jesús

La epístola de la Santa Misa y las lecciones del Oficio de Maitines de esta fiesta nos recuerdan que es tradición apostólica invocar el nombre de Jesús en cualquier necesidad porque no nos ha sido dado otro nombre por el que ser salvados. El gran respeto que la Iglesia tiene al nombre de su Señor se manifiesta en la forma extraordinaria en que cada vez que se pronuncia el nombre de Jesús en los textos litúrgicos todos los presentes han de inclinar reverentemente la cabeza.

San Bernardino de Siena (+1444) y sus discípulos propagaron el culto al Nombre de Jesús -Dios es salvación- con el monograma: IHS (abreviación del nombre de Jesús en griego, ιησουσ) y añadiendo el nombre de Jesús al Ave María. Los primeros orígenes de esta fiesta se remontan al siglo XVI. En 1530 el Papa Clemente VII concedió por vez primera a la Orden Franciscana la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús. En 1721, Inocencio XIII la hizo fiesta universal.
 "Sólo Jesús – insiste San Bernardo ante los complejos razonamientos dialécticos de su tiempo – solo Jesús es "miel en la boca, cántico en el oído, júbilo en el corazón (mel in ore, in aure melos, in corde iubilum)". De aquí proviene el título, que se le atribuye por tradición, de Doctor mellifluus: su alabanza de Jesucristo “se derrama como la miel”. En las extenuantes batallas entre nominalistas y realistas – dos corrientes filosóficas de la época – el abad de Claraval no se cansa de repetir que sólo hay un nombre que cuenta, el de Jesús Nazareno. "Árido es todo alimento del alma", confiesa, "si no es rociado con este aceite; es insípido, si no se sazona con esta sal. Lo que escribes no tiene sabor para mí, si no leo en ello Jesús”. Y concluye: “Cuando discutes o hablas, nada tiene sabor para mí, si no siento resonar el nombre de Jesús” (Sermones en Cantica Canticorum XV, 6: PL 183,847). Para Bernardo, de hecho, el verdadero conocimiento de Dios consiste en la experiencia personal, profunda, de Jesucristo y de su amor. Y esto, queridos hermanos y hermanas, vale para todo cristiano: la fe es ante todo encuentro personal íntimo con Jesús, es hacer experiencia de su cercanía, de su amistad, de su amor, y sólo así se aprende a conocerle cada vez más, a amarlo y seguirlo cada vez más. ¡Que esto pueda sucedernos a cada uno de nosotros! "


domingo, septiembre 08, 2013

Natividad de la Santísima Virgen María


Sermón de San Agustín, Obispo 

Hemos llegado, amadísimos hermanos, al día deseado, al día de la Santa y Venerable Virgen María. Entréguese nuestra tierra, honrada con el nacimiento de una Virgen tal ilustre, a los más alegres transportes de júbilo. Ella es la flor de los campos, de la cual ha nacido el precioso lirio de los valles, con su parto se ha cambiado la suerte de nuestros primeros padres y se ha borrado su culpa. La sentencia de maldición: “Darás a luz a los hijos con dolor”, dictada contra Eva, no se aplicó a María, la cual dio a luz llena de gozo al Señor.

Eva lloró, María se llenó de júbilo; Eva llevó en su seno un fruto de lágrimas, María un fruto de alegría, ya que un dio a luz a un pecador y la otra a un inocente. Por la madre de nuestro linaje entró el castigo en el mundo, por la de nuestro Señor, la salvación. En Eva se halla la fuente del pecado; en María, la del mérito. Eva nos perjudicó, dándonos la muerte; María nos favoreció, devolviéndonos la vida. Aquella nos hirió, éstas nos curó. La desobediencia ha sido reemplazada por la obediencia y la incredulidad por la fe.

Puelse ahora María los instrumentos músicos, y que los ágiles dedos de la Virgen Madre hagan vibrar los tímpanos con festivas modulaciones. Respóndanle gozosos nuestros coros, y que en dulce concierto nuestras voces alternen con sus melodioso cánticos. Escuchad los inspirados acento de nuestra cantar: “Glorifica mi alma al Señor, y mi espíritu está transportados de gozo en Dios, mi Salvador. Porque miró la humildad de su esclava he aquí que desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Por que hizo conmigo grandes cosas el que es todopoderoso, y cuyo nombre es santos”. Así, pues, el prodigio de una maternidad completamente nueva ha remediado una falta que nos había perdido, y el canto de María ha puesto fin a los lamentos de Eva.


domingo, septiembre 01, 2013

XV Domingo después de Pentecostés

La Iglesia de la que es figura la viuda de Naím, se perfila en el horizonte: el Salvador hace que revivan a la gracia sus hijos sumergidos en la muerte del pecado, como hizo se levantara el hijo de la madre en lágrimas.

Llámase este domingo el del hijo de la viuda de Naím, cuya milagrosa resurrección es el asunto del Evangelio de la Misa. La Epístola de este día es continuación de la que se leyó en la Dominica precedente. San Pablo da en ella instrucciones circunstanciadas acerca de la moral cristiana, con tal precisión, que en pocas palabras indican las normas que en su conducta han de observar los fieles. La vida espiritual, vida de pureza y santidad, de caridad y buenas obras, de sinceridad y buena conciencia, delante de Dios y de los hombres, esto es lo que el Apóstol predica y nosotros debemos practicar con el auxilio divino.

El Introito es una corta pero afectuosa oración que el alma dirige a Dios, animada de una vida confianza en su misericordia. El Evangelio nos recuerda un pensamiento muy saludable, el pensamiento de la muerte. Como el grupo de los que acompañaban al hijo difunto de la viuda de Naím, detengámonos algunos instantes delante del cadáver de ese joven muerto en la flor de la vida, pidiendo al Señor que, así como se le restituyó con el poder de su divina palabra, haga renacer en nuestro espíritu toda las presuntas enseñanzas que este espectáculo se desprenden. Supliquemos que de nuevo llamé a la vida de la gracia a tantos que de ella están privados, que el Sacramento de su Cuerpo y
Sangre nos proteja contra los ataques diabólicos (Secreta), y que su operación así se muestre en nuestras almas y en nuestros cuerpos, que no sea la sensualidad sino la virtud divina del Sacramento, la que gobierne y dirija nuestras obras y sentimientos, como le suplicamos en la Poscomunión


domingo, julio 14, 2013

VIII Domingo después de Pentecostés

La lección ha de ser  ésta: Así como se  asegura este hombre  su porvenir, así debéis  vosotros aseguraros la  eternidad, poniendo  en ello un celo no menor.

En la Oración de la presente Domínica pedimos al Señor una gracia que es para nosotros manantial perenne de los más saludables bienes: la de pensar siempre lo que es más recto y santo. ¿Por qué tantos viven sumergidos en los más abominables vicios,  esclavos de las más degradantes pasiones? Porque su entendimiento  jamás se eleva a la consideración de aquellas verdades que les harían  conocer su dignidad de cristianos, su origen nobilísimo, su fin  sublime. El fin de los que viven según la carne, nos lo indica el Apóstol  en la Epístola dos: Si viviereis según la carne, dice, moriréis. Nada debemos amar tanto como la vida sobrenatural, la vida de la  gracia. Esta exige la mortificación. Mortificando nuestros deseos  desordenados, elevándonos a la consideración de las verdades cristianas, conservaremos la verdadera vida de nuestras almas, que es la vida de la gracia. Cuando nuestras pasiones quieran apartarnos de la práctica de nuestros deberes cristianos, recordemos la cuenta que algún día nos pedirá Dios de todos nuestros actos, de cuanto hemos recibido de El.  Esta verdad nos inculca el Evangelio de la presente Domínica. Si siempre la tuviéramos presente, nuestra vida sería santa, perfecta.


lunes, mayo 27, 2013

Domingo I después de Pentecostés, Fiesta de la Santísima Trinidad


Santo Evangelio según San Mateo (28, 18-20)


“Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo…”

El misterio central de nuestra fe católica, se refiera a la vida íntima de Dios, es decir una sola divinidad en tres Personas. Esta realidad espiritual y sobrenatural, los cristianos que viven en gracia de Dios, han recibido el don de ser templos vivos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. “¿No sabéis acaso que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?...” (I de Corintios 3, 16) “Si alguno de ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amara, y vendremos ha el, y en el haremos morada” (San Juan 14, 16). “El que tiene mis Mandamientos y los conserva, ese es el que me ama; y quien me ama, será amado de mi Padre, y Yo también lo amare, y me manifestare a el” (San Juan 14, 21). Esta realidad que el mismo Dios uno y trino vive en nosotros se llama Inhabitacion trinitaria, si valoramos esta realidad, huiremos del pecado mortal; nos pondremos de corazón al servicio de la voluntad divina y tendremos gran preocupación de conformar nuestra vida con los mandamientos divinos. Cada decisión que tomemos se debe conformar con lo que creemos; y al dar un vistazo al mundo actual vemos una gran ausencia de Dios.
Con cuanta razón escribe San Juan en su primera Carta 4, 16: “Dios es caridad...y el que permanece en el amor en Dios permanece y Dios en el”. Cuida con mucho entusiasmo y perseverancia de vivir en gracia, asiste con atención y devoción a la Santa Misa frecuenta con sinceridad y humildad los sacramentos de la confesión y de la Santa Comunión, reza diariamente y estudia para aprender lo que creemos como católicos y así podremos obrar conforme a lo que creemos. Debemos tener una vida espiritual que tenga una fe viva, “...la fe que, obra por amor...” (Gálatas 5, 6)
Adoremos de corazón a al Santísima Trinidad: “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo y estos tres son uno…” (I de Juan 5, 7). Alegrémonos por la gracia, Dios nos ha hecho participes de su vida intima y solo por pura misericordia, quien puede entender el obrar de Dios. Frente al misterio de la vida intima de Dios solo queda adorar, someternos, amar y enmudecer toda lengua...

domingo, mayo 19, 2013

Domingo de Pentecostés


Santo Evangelio según San Juan (14, 23-31)
Nacimiento de la única Iglesia de Cristo, que es la única religión verdadera: “Católica Apostólica Romana” con la venida de Dios Espíritu Santo (leer Hechos 2, 1-11), sobre la Santísima Virgen María, San Pedro el primer Papa, los demás Apóstoles, primeros Obispos y demás personas reunidas en el cenáculo; nació de manera sobrenatural la Iglesia Católica y recibieron las fuerzas necesarias para poner en practica las enseñanzas de Jesucristo. La Jerarquía sagrada (Papa y Obispos), comenzaron a cumplir el mandato de enseñar la doctrina celestial, verdades necesarias para poder ser miembro del cuerpo místico de Cristo. La cabeza invisible de la Iglesia es Cristo, el vicario de Cristo o también llamada cabeza visible son los papas legítimos, su alma es el Espíritu Santo, podríamos destacar también que la siempre Virgen María al estar tan íntimamente unida a Cristo, es miembro privilegiado de la Iglesia, mediadora de todas las gracias e instrumento inmaculado y perfecto del Espíritu Santo (esta realidad de la Iglesia esta perfectamente explicada por el Papa Pio XII en su Encíclica Misticis Corporis).
Pentecostés, significa 50 días después de la Resurrección de Cristo. Al venir el Espíritu Santo y distribuir sus siete dones sagrados, dan un ambiente divino adecuado para que se desarrollen en nuestra alma, en su máxima potencia las virtudes llamas teologales: Fe (para creer en Dios y a Dios), Esperanza (confianza en la gracia divina y en las buenas obras que nos llevarán al cielo), y Caridad (amar con el amor divino tanto a Dios como al prójimo). Los siete dones del Espíritu Santo (leer Isaías 11, 1-3) Sabiduría (nos hace sabroso y experimental el conocimiento de Dios); Entendimiento (nos hace aceptar la verdades de fe, apoyados en la autoridad de Dios y ver el sentido profundo de la biblia); Consejo (juzga rectamente lo que hay que hacer de manera correcta en cada momento); Fortaleza (nos da la fuerza para superar peligros y dificultades y resistir lo malo de manera heroica); Ciencia (juzga rectamente las cosas creadas en orden a la vida eterna); Piedad (nos hace tener afecto de hijo (filial) a Dios Padre, a semejanza de su Hijo Jesucristo); y Temor de Dios (nos inspira respeto y reverencia a Dios, el cual al experimentar su bondad, no se le quiere faltar con el pecado y se tiene una delicadeza exquisita en la manera de obrar).
Las llamada gracias extraordinarias o carismáticas, no son necesarias para la salvación del alma y Dios las sabe dar a ciertas personas en vista de un bien mayor para los miembros de la Iglesia (ejemplo el don de lenguas, es decir hablar diferentes idiomas sin saberlos, los dio a los Apóstoles para poder transmitir mas fácilmente la doctrina católica a los judíos y paganos). San Pablo deja en claro en I de Corintios capitulo 13 que lo mas importante es la virtud de la caridad, junto con la fe y la esperanza.
Ponemos obstáculo al obrar del Espíritu Santo, que recibimos especialmente en el Sacramento de la Confirmación, cuando no luchamos contra el pecado venial o leve y permanecemos en la tibieza o mediocridad. Preguntémonos ¿Qué tiene que ver esta doctrina católica expuesta sobre el Espíritu Santo y sus dones, con todos los circos pentecostalista de sanadores y maestros del show? Si usted es católico no puede comportarse ni aceptar las doctrinas falsas de las sectas evangélicas y pentecostales que inclusive se han querido disfrazar de Iglesia Católica con los conocidos grupos carismáticos…Sea coherente y no se deje llevar por la sensibilidad, actúe como verdadero católico.

domingo, abril 21, 2013

III Domingo después de Pascua


Santo Evangelio según San Juan 16, 16-22.

Sermón de San Agustín, Obispo.

Durante estos días santos consagrados a la resurrección del Señor trataremos, con el auxilio de la gracia, de la resurrección de la carne. Esta, en efecto, es nuestra fe; este don nos ha sido prometido en la carne de Nuestro Señor Jesucristo; él nos precedió con su ejemplo. Lo que nos prometió para el fin de los tiempos no sólo quiso predecírnoslo; hizo más: quiso demostrarlo en su misma persona. Aquellos que viviendo en tiempo de Cristo, le vieron y le contemplaron pasmados, en la creencia de que veían un espíritu, se pudieron  convencer de la realidad de su cuerpo. No tan sólo les hablo sino que se mostró a ellos, y aun fue poco para él mostrarse visible; quiso además que le trataran y tocaran.

Y le dijo: “¿Por qué estáis turbados y cuáles son los pensamientos que agitan vuestro corazón?” pensaban ver un espíritu. Ved mis manos y mis pies; palpad y ved; puesto que el espíritu no tiene huesos y carne, como veis que yo tengo. Contra esta evidencia disputaban los hombres. ¿Qué otra cosa podían  hacer los hombres, sino aquello que es propio de ellos, es decir, disputar de las cosas de Dios, contra Dios? Porque Jesús es Dios, y ellos eran hombres. “Si bien es verdad que Dios conoce que son vanos los pensamientos de los hombres”.

En hombre terreno no tiene otra norma de su inteligencia que el testimonio de los sentidos. Cree lo que suele ver, lo que no acostumbra a ver, no lo cree. Ahora bien: Dios hace todos los milagros fuera de lo acostumbrado, porque es Dios. Ciertamente es mayor milagro el nacimiento de tantos hombres que no existían, que la resurrección de unos pocos, que ya existieron. Y con todo, estos milagros no los tenemos en cuenta, y por lo mismo que acontecen ordinariamente, no les atribuimos importancia alguna. Cristo ha resucitado, es una verdad incontestable. Constaba de un cuerpo de carne, fue suspendido en la Cruz, entregó su alma, su cuerpo fue puesto en el sepulcro. El que vivía en esa carne la resucitó; la mostró llena de vida. ¿Por qué nos admiramos? ¿Por qué no creemos? El que realizó este prodigio es Dios.

domingo, abril 14, 2013

El celibato, garantía de un sacerdocio fecundo, para gloria de Dios y salvación de las almas


Santo Evangelio según San Juan 10, 11-16.Domingo del Buen Pastor 

“Ya no vivo yo, sino Cristo vive en mi”
(Gálatas 2, 20)

La castidad del sacerdote, es el sello divino, que demuestra la sinceridad y la humildad de su entrega a Dios; es una garantía que su oración es verdadera y que su apostolado entre los hombres es principalmente para llevarlos a Dios. Es por eso que se dice que el celibato es un don divino. Jesús mismo lo afirmo en el Evangelio: “No todos pueden comprender este lenguaje, sino aquellos a quienes es dado…hay eunucos (vírgenes, celibes) que se hicieron tales a sí mismos por el reino de los cielos” (San Mateo 19, 11 y 12).
Monseñor Straubinger al comentar el pasaje bíblico citado nos dice: “la virginidad es el camino más perfecto, pero no todos son llamados a él, porque no somos capaces de seguirlo sin una asistencia especial de la gracia”.
El Papa Pio XII hacia esta grave reflexión a los alumnos eclesiásticos (seminaristas) de Roma, en el año 1939:

“El sacerdocio os exige sacrificios que podríamos llamar extraordinarios, entre los cuales destaca la plena inmolación (la total entrega a Dios de manera sacrificada y con amor) de uno mismo en homenaje por el celibato. ¡Examinaos a vosotros mismos! Y si algunos se sienten sin fuerzas para guardarlo, Nos (Nosotros) les rogamos que abandonen el Seminario y se vayan a otra parte donde pasen la vida honesta y provechosamente; porque en la profesión (vocación, llamado-de Dios-) sacerdotal no podríamos vivir sin peligro de condenación eterna (infierno) ni sin deshonra (poner en ridículo, burlarse, desprestigiar, hacer perder autoridad) de la Iglesia.
1-Podríamos preguntarnos ¿Qué es un Sacerdote católico?; es necesario tener en claro esto para comprender mejor porque Dios quiere conceder el don del celibato por el reino de los cielos a los sacerdote y que no pertenece a la sola disciplina de la Iglesia, sino que sus raíces son más profundas.
2-Lo que no es un sacerdote:

Un animador de comunidad,
un presidente de la asamblea, un hombre al servicio de la comunidad,
un asistente social, un show master (maestro del show),
un hombre que dice cosas bonitas para agradar, un hombre simplemente popular,
un profesor, un empresario, un soltero con tiempo libre, un soltero con suerte que vive con todas las comodidades y sin trabajar, un coordinador de una Iglesia
, un delegado de la comunidad católica, un político religioso, un payaso espiritual para entretener al público, y así hacer las celebraciones más dinámicas y pasables; un soltero que tiene
derecho a divertirse y por lo tanto por la noche sale a bailar,
tomar, etc.; un soltero que guarda las apariencias pero a escondidas tiene alguna novia o algún novio, o en el peor de los casos siendo sabido por todos, todos disimulan
; un hombre contratado por un obispado o una parroquia para que se haga cargo de funciones sacerdotales y así después de cumplir ciertos horarios, lleva una vida mundana (funcionario eclesiástico), un hombre bien vestido, mantenido por un grupo de personas; un hombre que se siente muy solo y
es por eso que reclama casarse o tener algo, un gran deportista que va a un gimnasio, practica natación, etc.; (esto es saludable para el cuerpo, pero en el caso del sacerdote, su estado reclama no dar un espectáculo público),
sin contar el ambiente mundano y grosero de estos lugares públicos, no adecuado para la castidad sacerdotal; un hombre galán, que está al alcance de pocos; un líder religioso.

 3-Un sacerdote católico es:
Un hombre “crucificado con Cristo” (Gálatas 2, 19),
“un hombre-tomado de entre los hombres-, pero constituido por encima de los hombres para las cosas que pertenecen a Dios” (definición de San Pablo sobre el sacerdocio; Hebreos 5, 1); “…que los hombres los juzguen como ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios” (I de Corintios 4, 1)
; el Papa Pio XI en su encíclica “Ad Catolici Sacerdotii” (Sobre el sacerdocio católico) n°2, compara al sacerdote como: “…instrumento del Divino Redentor…es-Alter Christus-otro Cristo, puesto que hace sus veces, según la frase evangélica: -como el Padre
me ha enviado, así Yo os envió- (Juan 20, 21)”; el sacerdote principalmente se ordena a la celebración diaria del Santo Sacrificio de la Misa y a perdonar los pecados en el sacramento de la Penitencia o Confesión (confrontar Lucas 22, 19; Juan 20, 21 al 23)
; debe predicar la doctrina católica “Id y enseñad a todas las gentes…enseñándoles a observar todo lo que os he mandado” (Mateo 28, 19-20); el sacerdote debe ser maestro y hombre de oración; se cuenta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote que “…pasaba la noche rogando a Dios” (Lucas 6, 2), es por eso que diariamente debe rezar el oficio
divino o Breviario (tradicionalmente los 150 salmos divididos en una semana y 7 veces al día, con lecturas bíblicas y de los santos; es la oración oficial de la Iglesia para el Sacerdote y comete pecado mortal si la deja deliberadamente); su dignidad exige una elevación de espíritu, una pureza de corazón, una vida virtuosa, en una palabra santidad de vida; debe seguir el ejemplo de Cristo que por sus obras enseñó; su piedad debe ser sólida, por encima del sentimentalismo, basándose en los principios de la doctrina católica, y con una voluntad firme para resistir cualquier tentación o halagos del demonio
, del mundo o de su propia carne; de la vida de oración y sacrificio, llevado por amor de Dios y de las almas, el celibato o castidad sacerdotal recibe su consistencia y su esplendor, cuya observancia perfecta y total, es una obligación gravísima en los clérigos constituido en ordenes mayores (Subdiaconado, Diaconado y Sacerdocio). El celibato, como don de Dios se ubica dentro de la virtud sobrenatural de la templanza; esta implica moderación, equilibrio, madurez y el amor encausado; para que el placer no sea
quien dirija y así es reguladora de los placeres. El vivir el celibato supone el pudor, es decir ser cuidadoso de la intimidad, respetarnos y respetar; no utilizar nuestro cuerpo ni mostrarlo como mercadería. La castidad, cuida de evitar los tocamientos deshonestos, besos desubicados, vestir decentemente (cosa muy olvidada en la actualidad, aún entre los que se dicen consagrados a Dios), ubicación en el comportamiento (el sacerdote debe evitar excesiva familiaridad, especialmente con las mujeres) y debe cuidar la mirada que son los ojos del alma. Toda persona pero especialmente el candidato a ser sacerdote debe ser educado en materia de castidad no solo de palabra sino sobre todo cultivando un verdadero amor a Dios a través de una entrega total y absoluta a Nuestro Señor, podríamos decir una verdadera pasión por aquel que nos eligió y nos amó primero; se debe educar en la renuncia a los placeres buenos y lícitos del matrimonio cristiano y esto para responder al llamamiento divino; la educación implica también formar con la gracia divina un corazón indiviso y casto; es decir mi alma con todas sus potencias, mis sentimientos y sensibilidad entregados totalmente al amor y servicio de Dios y de su culto y esto para siempre.


El sacerdote debe poseer de manera plena la doctrina de la fe católica y su moral, sin cambios, sin adaptaciones para caer bien, sin modernismo, inclusive teniendo en cuenta también las leyes del culto o litúrgicas; porque debemos tener en cuenta que lo que uno celebra o como celebra es lo que uno creo o profesa y si somos católicos el sacerdote no se puede transformar en un simple pastor evangélico o en un animador de una fiesta o baile religioso. El evangelio del Buen Pastor en San Juan 10, 1-18 nos dice el mismo Cristo: “Yo soy el Buen Pastor, el buen pastor da su vida por las ovejas” ese dar la vida en el sacerdote que actúa en persona de Cristo significa sacrificarse como Cristo en el Calvario, empobrecerse como Cristo en el Pesebre y humillarse como Cristo en el Sagrario. Si hemos entendido esto, nos daremos cuenta que un sacerdote católico que no quiere vivir el celibato o castidad, es porque ya ha renunciado a ser buen Pastor para convertirse en un lobo con piel de oveja, que asesinará a las almas (las ovejas) con falsas doctrinas, con falsa moral, con falso culto; en una palabra en vez de servir a Cristo verdad, servirá a Lucifer el mentiroso y engañador desde el principio.
Reverendo Padre Ariel Jesús Damín
Misioneros del Santísimo Rosario   

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