lunes, octubre 17, 2011

Santa Margarita Alacoque


Vida de Santa Margarita 
Santa Margarita María nació el 25 de julio de 1647, en Janots, Borgoña. Fue la quinta de 7 hijos de un notario acomodado.
A los cuatro años Margarita hizo una promesa al Señor. Sintiéndose inspirada rezó: "O Dios Mío, os consagro mi pureza y hago voto de perpetua castidad."  Aunque ella misma confesó mas tarde que no entendía lo que significaba las palabras "voto" o "castidad."
Cuando tenia 8 años, murió su padre. Ingresaron a la niña en la escuela de las Clarisas Pobres de Charolles. Desde el primer momento, se sintió atraída por la vida de las religiosas en quienes la piedad de Margarita produjo tan buena impresión, que le permitieron hacer la Primera Comunión a los 9 años, lo cual no se acostumbraba en aquella época. Dos años después, Margarita contrajo una dolorosa enfermedad reumática que la obligó a guardar cama hasta los 15 años. Por este motivo tuvo que regresar a su casa.

Hija de la Virgen María
Ya de regreso, Margarita, que estaba muy enferma, y sin tener un remedio seguro, buscó alivio en la Virgen Santísima. Le hizo una promesa de que si Ella le devolvía la salud se haría una de sus hijas. Apenas hizo la promesa, recobró la salud. Dice Sta. Margarita: "Recibí la salud, y una nueva protección de esta Señora la cual se declaró dueña de mi Corazón, que mirándome como suya, me gobernaba como consagrada a Ella, me reprendía mis faltas y me enseñaba a hacer la voluntad de Dios."
Además de la salud, esta promesa logró en Margarita un profundo sentido de unión con la Virgen, quién, desde ese momento, empezó a dirigir toda su vida. Pero no sin dificultades. "Apenas comencé a gozar de plena salud", recordará mas tarde Margarita, " me fui tras la vanidad y afecto de las criaturas, halagándome que la condescendiente ternura que por mi sentían mi madre y mis hermanos me dejara en libertad para algunas ligeras diversiones y para consagrar a ellas todo el tiempo que deseara..."
La Virgen la reprende severamente cuando la veía dispuesta a sucumbir en la terrible lucha que sostenía en su interior. Estando en una ocasión rezando el rosario sentada, se le presentó la Virgen ante ella y le dijo "Hija mía, me admiro de que me sirvas con tanta negligencia." Y causaron tal impresión estas palabras en la vida de Margarita, que le sirvieron de aviso para toda su vida.
Pero la Virgen es también ternura y consuelo. Un día le dijo a Margarita: "Nada temas; tu serás mi verdadera hija, y yo seré siempre tu buena Madre".
Santa Margarita María hizo voto a la Virgen de ayunar todos los sábados y de rezar el oficio de su Inmaculada Concepción. Viendo su deseo de radical entrega, La Stma. Virgen le ayuda a alcanzar su meta.
El 27 de diciembre de 1673, día de San Juan el Apóstol, Margarita María, que tenía solo 14 meses de profesa y 26 años de edad, estaba como de costumbre arrodillada ante el Señor en el Santísimo Sacramento expuesto en la capilla. Era el momento de la primera gran revelación del Señor. 
Murió el 17 de octubre de 1690, llena de virtudes y de gracias especiales, fruto de su entrega total y heroico al divino querer. 

Domingo XVIII después de Pentecostés

(Evangelio según San Mateo capítulo 9 versículos del 1 al 8)
Homilía de San Pedro Crisólogo.

Lo que hemos leído hoy en el Evangelio nos muestra que Jesucristo, por sus actos humanos, obró misterios divinos, y que valiéndose de recursos visibles realizó operaciones invisibles. “Subió a la barca-dice el Evangelista-atravesó el lago y fue a su ciudad”. ¿Por ventura no es él mismo quien, separando las aguas, dejó al descubierto el fondo del mar, para que el pueblo de Israel pasase a pie enjuto entre las olas asombradas, como por un desfiladero? ¿No es él quien allanó debajo de los pies de Pedro las olas embravecidas, de suerte que el líquido elemento ofreciese un apoyo firme a sus plantas?

¿Qué razón tuvo, pues, para no usar en provecho propio de la obediencia del mar, y para servirse de una barca al tratarse de atravesar un lago tan reducido? “Subió a la barca-dice el Evangelio-y atravesó el lago”. Mas ¿qué, hay en esto de extraño, hermanos míos?. Jesucristo vino a sumir nuestras debilidades y a comunicarnos su fuerza, a tomar la que es humano y a cedernos lo que es divino; a recibir injurias a conceder honores; a cargar sobre sí nuestros males y a traernos la salud; porque el médico que no conoce por experiencia propia la enfermedad, no sabe curar, y el que no haya enfermado con el enfermo, no puede devolver la salud.

Si, pues, Jesucristo no hubiera descendido de la altura de sus perfecciones, nada hubiera tenido de común con los hombres; y si no se hubiera sujetado a la condición de nuestra vida corporal, en vano se hubiera revestido de nuestra carne. “Subió a la barca-dice el Evangelio– y atravesó el lago”. El Creador y el Señor del Universo, cuando se hubo reducido por nosotros a las estrecheces de nuestra carne, empezó a tener una patria terrenal, hízose ciudadano judío, y aquel de quien todos los padres han recibido la existencia comenzó a tener padres propios. Hizo todo esto a fin de inventar por el amor, atraer por la caridad, ganar por el afecto y persuadir por la bondad, a los que habrían retraído la autoridad, dispersado el temor y alejado el rigor del poder.

jueves, octubre 13, 2011

Apostolado diario

Durante la jornada del día de hoy, en que se recuerda la última aparición de Nuestra Señora de Fátima, fuimos invitados por la Presidenta de la Red de Totalgaz para bendecir las nuevas instalaciones que se encuentran en la Zona Este de la Provincia de Mendoza.
Agradecemos la gentiliza de la Señora Presidenta.









12 de Octubre, Día de la Raza


El 2 de enero de 1492, en las almenas de Granada se alzó la enseña de Cristo, mientras que el estandarte de la Media Luna era arriado. En el mismo año, las carabelas avistaban América, precisamente el 12 de octubre, aniversario de la aparición de Nuestra Señora a Santiago, en el Pilar de Zaragoza
La España que nos conquista es la España de los Reyes Católicos, la de Isabel y Fernando; la España que nos educa es la España de Carlos V, ante todo, quien retomó la antigua noción romana de Imperio, según la cual todos los hombres eran considerados al modo de una gran familia, pero transfigurada por la idea de Imperio Católico como marco temporal de la expansión misionera del mensaje evangélico, entendiendo continuar el Imperio Carolingio y el Imperio Romano-Germánico; y también de Felipe II, bajo cuyo reinado «la cristiandad iberoamericana alcanzó su plenitud»

La  Hispanidad  es  quizás  la  alternativa  valedera  que  estamos  en  condiciones  de presentar frente al Nuevo Orden Mundial. Ya Pío XII pensaba (con gran valor profético) que el mundo hispánico podía constituir una disyuntiva a los grandes bloques de nuestro tiempo. «España tiene una misión altísima que cumplir –dijo en una de sus alocuciones–, pero solamente será digna de ella si logra totalmente de nuevo encontrarse a sí misma en su espíritu tradicional y en aquella unidad que sólo sobre tal espíritu puede fundarse. Nos alimentamos, por lo que se refiere a España, un solo deseo: verla una y gloriosa, alzando en sus manos poderosas una Cruz rodeada por todo este mundo que, gracias principalmente a ella, piensa y reza en castellano,  y  proponerla  después  como  ejemplo  del  poder  restaurador,  vivificador  y educador de una fe»... (Alocución del 17 de diciembre 1942).

Gracias España, Madre Patria, por traernos el Evangelio, a Cristo y a Nuestra Señora la Santísima Virgen.

Tomado de: www.espadacatolica.blogspot.com 

12 de Octubre Nuestra Señora del Pilar


Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Esta tradición encontró su expresión cultual en la misa y en el Oficio que, para toda España, decretó Clemente XII. Pío VII elevó la categoría litúrgica de la fiesta. Pío XII otorgó a todas las naciones sudamericanas la posibilidad de celebrar la misma misa que se celebraba en España.

Historia de la Virgen del Pilar
La tradición, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces (40 AD), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Aquellas tierras no habían recibido el evangelio, por lo que se encontraban atadas al paganismo. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión.
Los documentos dicen textualmente que Santiago, "pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso".
En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol". La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio"
Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia 
en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.
Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza.  El mas antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, cuando la santa fue martirizada. El sarcófago representa, en un bajo relieve, el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago.
Asimismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la Iglesia de la Virgen María de Zaragoza, "donde había servido en el siglo III el gran mártir San Vicente", cuyos restos fueron depositados por el obispo de Zaragoza, en la iglesia de la Virgen María. También está atestiguado que antes de la ocupación musulmana de Zaragoza (714) había allí un templo dedicado a la Virgen.
La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como "una antigua y piadosa creencia"

miércoles, octubre 12, 2011

Patrocinio de Nuestra Señora de Luján

Como la Virgen llegó a Luján
Antonio Farías Sáa, un hacendado radicado en Sumampa (Santiago del Estero) quería colocar en su estancia una capilla para la Virgen. Le pidió a un amigo que vivía en Brasil que le enviara una imagen que representara la Inmaculada Concepción de María. El amigo le envió dos, la que le había encargado y otra de la Virgen con el Niño Jesús. Cuando llegaron, fueron colocadas en una carreta y partieron en caravana rumbo a Sumampa.
La imagen era llevada en carreta de Buenos Aires a Santiago del Estero cuando se detuvo inexplicablemente a las orillas del río Luján (67km de Buenos Aires), cerca de la casa de Don Rosendo Oramas.  Se cambiaron los bueyes y se bajó la carga, pero sin resultado. Los bueyes rehusaban cruzar el río. Entonces alguien observó las dos pequeñas cajas con las imágenes de la Virgen. Bajaron la estatua de la Virgen con el Niño sin que nada sucediera, pero cuando removieron la caja con la Inmaculada, inmediatamente los bueyes echaron a andar. Los asombrados testigos repitieron esto una y otra vez, con idénticos resultados. Así comprendieron que Nuestra Señora quería quedarse en Luján y ellos con gusto y alegría la complacieron. Pronto la noticia se propagó y llegaban numerosos peregrinos. Al principio la imagen fue llevada a la casa de Don Rosendo, quien fabricó la capilla primitiva donde se veneró a Nuestra Señora durante cuarenta años.
Un esclavo escogido por la Virgen: Manuel
Manuel fue traído de Africa y vendido como esclavo en Brasil. Llegó al Río de la Plata a los 25 años de edad, en la misma embarcación donde venia la bendita imagen de la Virgen. Presenció el milagro en la estancia de don Rosendo y dedicó desde entonces su vida a cuidar a la Virgen de Luján.

La tradición nos dice que Manuel, recibió el don de curación con el sebo de las velas de la capilla y relataba a los peregrinos los viajes de la Santa Virgen, que salía de noche para dar consuelo a los afligidos. Con los años, don Rosendo falleció y el lugar quedó casi abandonado, pero éste hombre fue siempre fiel y continuó al servicio de la Virgen.
El 12 de Octubre de 1930 se declaró a la Virgen de Luján, Patrona de la Argentina, Uruguay y Paraguay. 

martes, octubre 11, 2011

La Divina Maternidad de la Virgen María

Defensor de la maternidad divina de la Virgen María

De las cartas de san Cirilo de Alejandría

Me extraña, en gran manera, que haya alguien que tenga duda alguna de si la Santísima Virgen ha de ser llamada Madre de Dios. En efecto, si nuestro Señor Jesucristo es Dios, ¿por qué razón la Santísima Virgen, que lo dio a luz, no ha de ser llamada Madre de Dios? Esta es la fe que nos trasmitieron los discípulos del Señor, aunque no emplearan esta misma expresión. Así nos lo han enseñado también los santos Padres.
Y, así, nuestro padre Atanasio, de ilustre memoria, en el libro que escribió sobre la santa y consubstancial Trinidad, en la disertación tercera, a cada paso da a la Santísima Virgen el título de Madre de Dios.
Siento la necesidad de citar aquí sus mismas palabras, que dicen así: «La finalidad y característica de la sagrada Escritura, como tantas veces hemos advertido, consiste en afirmar de Cristo, nuestro salvador, estas dos cosas: que es Dios y que nunca ha dejado de serlo, él, que es el Verbo del Padre, su resplandor y su sabiduría; como también que él mismo, en estos últimos tiempos, se hizo hombre por nosotros, tomando un cuerpo de la Virgen María, Madre de Dios».
Y, un poco más adelante, dice también: «Han existido muchas personas santas e inmunes de todo pecado: Jeremías fue santificado en el vientre materno; y Juan Bautista, antes de nacer, al oír la voz de María, Madre de Dios, saltó lleno de gozo». Y estas palabras provienen de un hombre absolutamente digno de fe, del que podemos fiarnos con toda seguridad, ya que nunca dijo nada que no estuviera en consonancia con la sagrada Escritura.
Además, la Escritura inspirada por Dios afirma que el Verbo de Dios se hizo carne, esto es, que se unió a un cuerpo que poseía un alma racional. Por consiguiente, el Verbo de Dios asumió la descendencia de Abrahán y, fabricándose un cuerpo tomado de mujer, se hizo partícipe de la carne y de la sangre, de manera que ya no es Dios, sino que, por su unión con nuestra naturaleza, ha de ser considerado también hombre como nosotros.
Ciertamente el Emmanuel consta de estas dos cosas, la divinidad y la humanidad. Sin embargo, es un solo Señor Jesucristo, un solo verdadero Hijo por naturaleza, aunque es Dios y hombre a la vez; no un hombre divinizado, igual a aquellos que por la gracia se hacen partícipes de la naturaleza divina, sino Dios verdadero, que, por nuestra salvación, se hizo visible en forma humana, como atestigua también Pablo con estas palabras: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

domingo, octubre 09, 2011

Domingo XVII después de Pentecostés

(Evangelio según San Mateo capítulo 12 versículos del 34 al 46)
Homilía de San Juan Crisóstomo.

Confundidos los saduceos, volvieron los fariseos a la carga, y aunque les abría convenido más mantenerse quietos, prefirieron continuar la lucha; y enviaron por delante a un especialista de la interpretación de la Ley, a que preguntara a Jesús, no para instruirse, sino para tentarle, cuál era el primer mandamiento de la Ley. Porque siendo el primer mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios”, pensaban ellos que Jesús, que se hacía Dios, alegaría razones para reformar este mandamiento, añadiéndole algo. ¿Qué hizo, pues el Señor? Queriendo poner de manifiesto que el móvil que les había llevado a tentarle era su falta absoluta de caridad, hija de la envidia que les consumía, díjoles: “Amarás al Señor, Dios tuyo; este es el máximo y primer mandamiento. El segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”

¿Y por qué le es semejante? Porque el segundo conduce al primero y de este recibe su fuerza. “Pues quien obra mal, odia la luz, y no se acerca a ella”. Y además: “Dijo el insensato en su corazón: No hay Dios”. Y más aun: “Corrompiéronse, e hiciéronse abominables en sus afanes”. Y también: “ La avaricia es la reina de todos los males, de la cual, arrastrados algunos, se desviaron de la fe”. Y por ultimo: “Quien me ama guardará mis preceptos”, de los cuales es raíz y principio éste: “Amarás al Señor, Dios tuyo, y a tu prójimo como a ti mismo”.

Si, pues, amar a Dios es también amar al prójimo (porque el Salvador dijo: Si me amas Pedro, apacienta mis ovejas”), y si el amor del prójimo hace que observemos los mandamientos, con razón afirma el Señor que este doble amor contiene toda la Ley y los Profetas. Y así como hemos visto antes que, interrogado Jesucristo, a propósito de la resurrección, dio una respuesta más completa de lo que pedían los tentadores, así también, interrogado en la ocasión presente sobre el primer mandamiento, refirióse por su cuenta al segundo, que no dista mucho del primero, pues es semejante al mismo. Respondiendo así, dio a entender disimuladamente que los fariseos obraban al hacer estas preguntas instigados por el odio. “Pues la caridad, se ha dicho, no es envidiosa”.  

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