sábado, septiembre 17, 2011

IMPRESIÓN DE LAS SAGRADAS LLAGAS DE SAN FRANCISCO

San Francisco de Asís, un día en que estaba en oración, vio aparecer a Jesucristo bajo la forma de un serafín crucificado. La vista de su Salvador le causó un gozo inefable, pero su crucifixión le atravesó el alma como
acerada espada. Después de un secreto coloquio, desapareció la visión, dejando el alma de Francisco abrasada de seráfico ardor, y su cuerpo señalado con las llagas del divino Redentor. El santo religioso se esforzó en esconder ante los ojos de los hombres la merced que se le había concedido, pero Dios se complació en manifestarla mediante refulgentes milagros


MEDITACIÓN SOBRE CÓMO HAY QUE VENCER LA TRISTEZA

I. Cuando estamos agobiados bajo el peso de la tristeza, cuando la malicia de nuestros enemigos, la infidelidad de nuestros amigos, los sufrimientos de nuestro cuerpo y tantos otros acontecimientos desfavorables nos colman de amargura, buscamos un amigo fiel para descargar nuestro corazón en el suyo. ¿Dónde encontrar un amigo más fiel que Jesús? Vayamos, pues, al pie de los altares, confiémosle el motivo de nuestras lágrimas, roguémosle que nos libre de nuestras penas. Interroguémosle, escuchemos lo que nos diga en el fondo del corazón, y pronto seremos consolados. Me acordé de ti, Señor, y me alegré. (El Salmista).
 II. Para disipar la tristeza, consideremos que existen personas más desventuradas que nosotros. ¡Tantos pobres en los hospicios, tantos enfermos en su lecho sufren mucho más que nosotros! Las
bendtas almas del purgatorio, los condenados en el infierno, sufren tormentos incomparablemente más crueles que los que nos hacen gemir a nosotros. Aceptamos de buen grado esta tristeza para expiar nuestras faltas.
Si una hora de pena te resulta intolerable, ¿cómo sufrir los suplicios eternos del infierno? Piensa en esta verdad, y ya no derramarás lágrimas sino para borrar tus pecados.
 III. Piensa en la tristeza que se apoderó del corazón de Jesucristo en el huerto de los Olivos; piensa en los tormentos que por ti soportó en la cruz, y di con Él: "Padre mío, que se haga vuestra voluntad; si queréis que gima durante toda mi vida, me someto a vuestra santa voluntad". Después de todo, no debemos esperar estar siempre alegres y contentos, puesto que Jesucristo y los santos han estado siempre en aflicción y lágrimas. Señor, quiero llorar con Vos, porque nadie puede gozarse en la tierra con el rico epulón y reinar con Dios en el cielo. Los cristianos deben temer los gozos de la vida presente y desear los sufrimientos con ardor.

jueves, septiembre 15, 2011

Santísima Madre de los Dolores

Los siete dolores de la Santísima Virgen que han suscitado mayor devoción son: la profecía de Simeón, la huida a Egipto, los tres días que Jesús estuvo perdido, el encuentro con Jesús llevando la Cruz, su Muerte en el Calvario, el Descendimiento, la colocación en el sepulcro.

Simeón había anunciado previamente a la Madre la oposición que iba a suscitar su Hijo, el Redentor. Cuando ella, a los cuarenta días de nacido ofreció a su Hijo a Dios en el Templo, dijo Simeón: "Este niño debe ser causa tanto de caída como de resurrección para la gente de Israel. Será puesto como una señal que muchos rechazarán y a ti misma una espada te atravesará el alma" (Lc 2,34).

El dolor de María en el Calvario fue más agudo que ningún otro en el mundo, pues no ha habido madre que haya tenido un corazón an tierno como el de la Madre de Dios. Cómo no ha habido amor igual al suyo. Ella lo sufrió todo por nosotros para que disfrutemos de la gracia de la Redención. Sufrió voluntariamente para demostrarnos su amor, pues el amor se prueba con el sacrificio.

No por ser la Madre de Dios pudo María sobrellevar sus dolores sino por ver las cosas desde el plan de Dios y no del de sí misma, o mejor dicho, hizo suyo el plan de Dios. Nosotros debemos hacer lo mismo. La Madre Dolorosa nos echará una mano para ayudarnos.

La devoción a los Dolores de María es fuente de gracias sin número porque llega a lo profundo del Corazón de Cristo. Si pensamos con frecuencia en los falsos placeres de este mundo abrazaríamos con paciencia los dolores y sufrimientos de la vida. Nos traspasaría el dolor de los pecados.

La Iglesia nos exhorta a entregarnos sin reservas al amor de María y llevar con paciencia nuestra cruz acompañados de la Madre Dolorosa. Ella quiere de verdad ayudarnos a llevar nuestras cruces diarias, porque fue en le calvario que el Hijo moribundo nos confió el cuidado de su Madre. Fue su última voluntad que amemos a su Madre como la amó Él.

miércoles, septiembre 14, 2011

Exaltación de la Santa Cruz

La fiesta del Triunfo de la Santa Cruz se hace en recuerdo de la recuperación de la Santa Cruz obtenida en el año 614 por el emperador Heraclio, quien la logró rescatar de los Persas que se la habían robado de Jerusalén.
Al llegar de nuevo la Santa Cruz a Jerusalén, el emperador dispuso acompañarla en solemne procesión, pero vestido con todos los lujosos ornamentos reales, y de pronto se dió cuenta de que no era capaz de avanzar. Entonces el Arzobispo de Jerusalén, Zacarías, le dijo: "Es que todo ese lujo de vestidos que lleva, están en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo, cuando iba cargando la cruz por estas calles".
Entonces el emperador se despojó de su manto de lujo y de su corona de oro, y descalzo, empezó a recorrer así las calles y pudo seguir en la piadosa procesión.
La Santa Cruz (para evitar nuevos robos) fue partida en varios pedazos. Uno fue llevado a Roma, otro a Constantinopla, un tercero se dejó en un hermoso cofre de plata en Jerusalén. Otro se partió en pequeñísimas astillas para repartirlas en diversas iglesias del mundo entero, que se llamaron "Veracruz"(verdadera cruz).
Nosotros recordamos con mucho cariño y veneración la Santa Cruz porque en ella murió nuestro Redentor Jesucristo, y con las cinco heridas que allí padeció pagó Cristo nuestras inmensas deudas con Dios y nos consiguió la salvación.
A San Antonio Abad (año 300, fiesta el 17 de enero) le sucedió que el demonio lo atacaba con terribilísimas tentaciones y cuentan que un día, angustiado por tantos ataques, se le ocurrió hacerse la señal de la Cruz, y el demonio se alejó. En adelante cada vez que le llegaban los ataques diabólicos, el santo hacía la señal de la cruz y el enemigo huía. Y dicen que entonces empezó la costumbre de hacer la señal de la cruz para librarse de males.
De una gran santa se narra que empezaron a llegarle espantosas tentaciones de tristeza. Por todo se disgustaba. Consultó con su director espiritual y este le dijo: "Si Usted no está enferma del cuerpo, ésta tristeza es una tentación del demonio". Le recomendó la frase del libro del Eclesiástico en la S. Biblia: "La tristeza no produce ningún fruto bueno". Y le aconsejó: "Cada vez que le llegue la tristeza, haga muy devotamente la señal de la cruz". La santa empezó a notar que con la señal de la cruz se le alejaba el espíritu de tristeza.
Cuando Nuestra Señora se le apareció por primera vez a Santa Bernardita en Lourdes (Año 1859), la niña al ver a la Virgen quiso hacerse la señal de la cruz. Pero cuando llegó con los dedos frente a la cara, se le quedó paralizada la mano. La Virgen entonces hizo Ella la señal de la cruz muy despacio desde la frente hasta el pecho, y desde el hombro izquierdo hasta el derecho. Y tan pronto como la Madre de Dios terminó de hacerse la señal de la cruz, a la niña se le soltó la mano y ya pudo hacerla ella también. Y con esto entendió que Nuestra Señora le había querido dar una lección: que es necesario santiguarnos más despacio y con más devoción.
Mire a la gente cuando pasa por frente a una iglesia. ¿Cómo le parece esa cruz que se hacen? ¿No es cierto que más parece un garabato que una señal de la Cruz? ¿Cómo la haremos de hoy en adelante?

domingo, septiembre 11, 2011

Dulce Nombre de María

El Señor ha hecho vuestro nombre tan glorioso, que no se caerá de la boca de los hombres. (Jdt. 13, 25).
Los elogios más sublimes corresponden a María, a la cual todas las generaciones llaman bienaventurada, y Aquel que "hizo en Ella cosas grandes y cuyo nombre es santo" quiso darle íntima participación de esa
misma santidad para consuelo y gozo de quienes invocaren su dulce nombre. Nombre que ha de ser loado, en todo el mundo, porque infunde valor y fortaleza. Bien lo aprendieron los indios mejicanos de boca de los
pobres soldados españoles cautivos, que subían al pavoroso teocalli invocando: "'Ay, Santa María!".
 Y con este nombre en los labios expiraban. España fue la primera en solicitar y obtener de la Santa Sede autorización para celebrar la fiesta del Dulce Nombre. Y esto acaeció en el año 1513.

Pero fue el Papa Inocencio XI quien decretó, el 25 de noviembre de 1683, que toda la Iglesia celebrara solemnemente la fiesta de este nombre excelso, para perpetuar la victoria que los austriacos y polacos, mandados por Juan Sobieski, consiguieron de los turcos ese año en Viena. El dulce nombre de María, para los que luchamos en el campo de la vida, es lema, escudo y presagio. Lo afirma uno de sus devotos, San Antonio de Padua, con esta comparación: "Así como antiguamente, según cuenta el libro de los Números, señaló Dios tres ciudades de refugio, a las cuales pudiera acogerse todo aquel que cometiese un homicidio involuntario, así ahora la misericordia divina provee de un refugio seguro incluso para los homicidas voluntarios: el nombre de María. Torre fortísima es el nombre de Nuestra Señora. El pecador se refugiará en ella y se salvará. Es nombre dulce, nombre que conforta, nombre de consoladora esperanza, nombre tesoro del alma. Nombre amable a los ángeles, terrible a los demonios, saludable a los pecadores y suave a los justos" Que el sabroso nombre de nuestra Madre, unido al de Jesús, selle nuestros labios en el instante supremo y ambos sean la contraseña que nos abra de par en par las puertas de la gloria.

Domingo XIII después de Pentecostés

(Evangelio según San Lucas capítulo 17 versículos del 11 al 19)
Homilía de San Agustín, Obispo.

Acerca de los diez leproso que el Señor curó, diciéndoles: “Id, mostraos a los sacerdotes”, puedo uno preguntarse porque habiéndoles enviado él a los sacerdotes, quiso que quedasen curados en el camino. Con excepción de los leprosos, no vemos que enviase jamás a los sacerdotes a ninguno de los que le debieran la curación corporal. Porque también había limpiado de la lepra a aquel  a quien dijo: “ Anda, preséntate a los sacerdotes y ofrece por ti el sacrificio que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”. Preciso es, pues, investigar lo que significa en sí la lepra. El Evangelio no dice de los que de ella fueron libertados, que fueran curados, sino purificados; es que, en efecto, la lepra altera el color de la piel sin privar ordinariamente de la salud o de la integridad de las sentidos y de los miembros.

 Así pues, no sin razón pueden considerarse leprosos, aquellos que, privados de la ciencia de la verdadera  fe, profesan las doctrinas variadas y cambiantes del error. Porque no ocultan su ignorancia, sino que la manifiestan a la luz del día, como si fuera una ciencia superior, y la exponen en discursos llenos de jactancia.

Ahora bien, no hay falsa doctrina que no contenga alguna mezcla de verdad. Pues esa mezcla confusa de verdades y errores que se puede observar en una misma controversia o relación humana, como matices diversos en la coloración del mismo cuerpo, es representada por la lepra, que macula por modo desigual los cuerpos humanos como tintes de verdaderos y falsos colores.

La Iglesia, de tal manera debe de apartar de sí esta especie de leprosos que, a ser posible, al verse apartados por ella de los demás, se sientan movidos a llamar con grandes voces a Jesucristo, como aquellos diez leprosos “que manteniéndose alejados de él; gritáronle, diciendo: Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros”. El mismo nombre de “Maestro”,  que no consta lo hubiese dado al Señor ningún otro de los que le pidieron la salud corporal, demuestra suficientemente que la lepra es figura de la falsa doctrina, de cuya mancha corresponde sólo a un buen maestro el purificarnos.

miércoles, septiembre 07, 2011

Natividad de la Santísima Virgen María

A diferencia de lo que ocurre con el nacimiento de Juan Bautista, el evangelio no dice nada del nacimiento de Nuestra Señora.

En Jerusalén, en la Iglesia de Santa Ana. La primera fuente de la narración del nacimiento de la Virgen es el apócrifo Protoevangelio de Santiago, que coloca el nacimiento de la Virgen en Jerusalén, en el lugar en que debió existir una basílica en honor a la  María Santísima, junto a la piscina probática, según cuentan diversos testimonios entre los años 400 y 600. Después del año 603 el patriarca Sofronio afirma que ése es el lugar donde nació la Virgen. Posteriormente, la arqueología ha confirmado la tradición.

La fiesta de la Natividad de la santísima Virgen surgió en oriente, y con mucha probabilidad en Jerusalén, hacia el s. v. Allí estaba siempre viva la tradición de la casa natalicia de María. La fiesta surgió muy probablemente como dedicación de una iglesia a María, junto a la piscina probática; tradición que se relaciona con el actual santuario de Santa Ana.

En el día de la Natividad Nuestra Señora, Mendoza esta de fiesta.

 En 1911, por inquietud del Guardián del Convento de San Francisco, de Mendoza, Fray Leonardo Maldonado OFM, el papa San Pío X decretó “que la sagrada imagen de la Virgen María bajo el título del Carmen que se venera en la iglesia de San Francisco en Mendoza, sea con voto solemne coronada con corona de oro”.

     Apoyó su resolución en la “suficiente constancia que existe de la popular veneración de la imagen, de su fama y celebridad como también de las gracias admirables y celestiales dones concedidos copiosamente por ella”.

     La corona, ofrenda de sus devotos, le fue impuesta en una memorable ceremonia celebrada el 8 de septiembre de 1911 y para recordar tal solemnidad el gobierno mendocino decretó que tal día se declare Fiesta Patronal de la Provincia.

     Desde 1950 en ese día es también honrada muy especialmente la Santísima Virgen del Carmen de Cuyo en las escuelas de Mendoza, como Patrona de la Escuela Primaria, instituida en tal carácter por decisión superior; y Patrona de la educación en sus tres niveles por decreto del 30 de agosto de 1980.

     En 1982 fue declarada también Patrona de la 8va. Brigada de Montaña.

La Virgen del Carmen en Mendoza     La devoción a la Santísima Virgen bajo la advocación del Carmen, se difundió por toda Europa y contó con Santos de la talla de San Juan de la Cruz y Santa Teresa; no es extraño que llegara a América y acompañara el despertar a la fe de los originarios que la veneraron desde mediados del siglo XVI.

     Ya en el siglo XVIII se encuentra en Mendoza la imagen que hoy se venera, pues don Pedro de Núñez “caballero de gran fortuna y devoción”, donó la imagen y todo lo necesario para el culto de la Virgen del Carmen.

     Primero estuvo en el templo de los Padres Jesuitas donde se fundó la Cofradía. En 1776, a raíz de la expulsión de la Compañía de Jesús, la imagen fue trasladada a San Francisco, desde donde con el tiempo presidiría una de las más bellas jornadas de la historia argentina.

Generala del Ejército de los Andes     Llega el año 1814, momento en el que el general José de San Martín hizo de los pacíficos habitantes de Cuyo, heroicos soldados forjadores de libertad, pero ellos necesitaban una Madre que los ampare y dé sentido a tanto sacrificio.

     Es muy conocida la profunda devoción que el Libertador profesó a la Virgen y que lo demostró al nombrarla Generala de su Ejército, superando los respetos humanos de una época en la que el liberalismo había impuesto la idea de que “la religión es asunto privado”. Tanta importancia le dio al tema, que lo decidió con su Estado Mayor.

     La devoción a la Virgen del Carmen estaba muy arraigada en Cuyo y casi todos los soldados llevaban su escapulario, por lo que el patronazgo tuvo general aceptación.

     El 5 de enero de 1817 se realizó la brillante ceremonia durante la cual San Martín le entrega a la Virgen su bastón de mando, la nombra Generala y hace bendecir también la Bandera de los Andes, “saludada por dianas y la banda con cajas y clarines, mientras rompía una salva de veintiún cañonazos, ante el ejército de gran gala y todo el pueblo de Mendoza”.

     Más tarde, después de sus triunfos de Chacabuco y Maipo, San Martín entregará definitivamente su bastón, esta vez en el silencio que acompaña a todo lo grande y dejando aquella conocida carta: ”La protección que ha prestado al Ejército de los Andes su Patrona y Generala la Virgen del Carmen es demasiado visible...”

     Ambas reliquias, el bastón y la carta, se conservan hoy en el Camarín de la Virgen de la basílica de San Francisco, como mudos testigos de la parte que la Virgen del Carmen de Cuyo tuvo en la grandeza de alma del Libertador. Por ser Generala del Ejército de los Andes, junto a su imagen está siempre la bandera argentina. También las banderas del Perú y de Chile, por ser esta advocación Patrona de los 2 países vecinos libertados por San Martín.

lunes, septiembre 05, 2011


Ser Católico, Apostólico, Romano es ser tradicionalista

(es decir transmisores (tradicionalista) no inventores (modernistas) de la Iglesia de Cristo, religión sobrenatural, que el hombre no puede cambiar, sin riesgo de crear una nueva religión, esto es lo que hoy está pasando, tantos cambios…)

Afirmamos y destacamos el término tradicionalista, para resaltar algo imprescindible que nos hace Católicos, si renunciáramos dejaríamos de serlo para convertirnos en modernistas.

La palabra tradición, significa transmitir, no hablamos de tradiciones meramente humanas o simplemente eclesiásticas o piadosas; hablamos  del depósito de la fe contenido en el Sagrada Escritura (Biblia) y en la Sagrada Tradición, ambas pertenecen a lo Revelado por el mismo Dios y que Jesucristo, Dios hecho hombre depositó en su Iglesia y confió a la Jerarquía es decir  al Papa y a los Obispos para transmitir, sin inventar, ni cambiar nada en absoluto;  así lo afirma el Santo Padre Pio IX  en el Concilio Vaticano (I) 1869-1870 Denzinger 1836  “…pues no fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina (cuerpo de enseñanza), sino para que, con su asistencia, santamente  custodiaran y fielmente expusieran la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe.”

También lo dijo el Papa San Pio X en el juramento contra los errores modernistas (1910 Denzinger 2147), “…mantengo firmísimamente la fe de los Padres y la mantendré….sobre el camino cierto de la verdad, que está, estuvo y estará siempre en la sucesión del episcopado desde los Apóstoles; no para que se mantenga lo que mejor y más apto pueda parecer conforme a la cultura de cada edad, sino para que nunca se crea  de otro modo, nunca de otro modo se entienda la verdad absoluta e inmutable (que no cambia) predicada desde el principio por los Apóstoles…”

domingo, septiembre 04, 2011

Domingo XII después de Pentecostés


(Evangelio según San Lucas capítulo 10 versículos del 11 al 19)
Homilía de San Beda el Venerable, Presbítero.

Bienaventurados los ojos, no de los escribas y de los fariseos, que vieron sólo el cuerpo del Señor, sino los que pueden conocer sus misterios, aquellos de los cuales se ha dicho: “ Y los has revelado a los pequeñuelos”. Bienaventurados los ojos de esos pequeñuelos, a los cuales el Hijo se digna valerse y revelar al Padre “Abrahán, vuestro padre, ardió en deseos de ver el día de Cristo: violo, y se llenó de gozo”. Isaías, Miqueas y muchos otros profetas vieron también la gloria del Señor; por eso se les ha llamado Videntes; pero le vieron y le saludaron de lejos, como en un espejo y en enigma.
En cuanto a los Apóstoles, que gozaban de la presencia del Señor, que comían con él y que podían preguntarle sobre todo cuanto deseaban saber, no tenían necesidad, para ser instruidos, ni de ángeles, ni de ningún genero de visiones. A los que San Lucas llama profetas y reyes, los llama Mateo con más claridad profetas y justos.

Los justos son en efecto, grandes reyes; porque, en vez de consentir y sucumbir a los alicientes de sus pasiones, saben gobernarlas y someterlas.

Levantóse entonces un doctor de la ley, y díjole con el fin  de tentarle:

“Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir  la vida eterna?”. Este doctor de la ley, que con el designio de tentarle, interroga al Señor sobre la vida eterna, paréceme que tomó pretexto para hacerlo de estas palabras del Salvador: “ Alegraos, porque vuestros nombres están escritos en los cielos”. Pero lazo que tiende a Jesús, muestra cuánta verdad el Señor había dicho el dirigirse a su Padre: “Porque has encubierto estas cosas a los sabios y prudentes y las has descubierto a los  pequeñuelos”.

sábado, septiembre 03, 2011

San Pío X, Papa.

Hoy 3 de Spetiembre es el día de San Pío X.
Pío X fue papa entre 1903 y 1914. Fue precedido por León XIII. Su nombre de nacimiento fue Giuseppe (Jose) Sarto. Nació en Riese, poblado cerca de Venecia, Italia en 1835 en el seno de una familia humilde siendo el segundo de diez hijos del matrimonio de Giovanni Battista Sarto (1792–1852), de profesión cartero, y Margarita Sanson, costurera (1813–1894).
Todavía siendo niño perdió a su padre por lo que pensó dejar de estudiar para ayudar a su madre en los gastos de manutención de la familia, sin embargo ésta se lo impidió y pudo continuar sus estudios en el seminario gracias a una beca que le consiguió un sacerdote amigo de la familia.
Una vez ordenado fue vicepárroco, párroco, canónigo, obispo de Mantua y Cardenal de Venecia, puestos donde duró en cada uno de ellos nueve años. Bromeando platicaba que solamente le faltaban nueve años de Papa.
El cónclave reunido a la muerte de León XIII duró cuatro días y fueron necesarias siete votaciones para que llegar a un acuerdo.El cardenal Sarto fue elegido papa el 4 de agosto de 1903 y ello en segunda opción, pues dos días antes Jan Puzyna de Kosielsko, cardenal del título de Ss. Vitale, Gervasio e Protasio y príncipe-arzobispo de Cracovia, había presentado en el cónclave el veto de Francisco José I, emperador de Austria-Hungría, a la elección de Mariano Rampolla del Tindaro, y cardenal del título de Santa Cecilia y que gozaba de las preferencias de los reunidos. A pesar de las protestas de la mayoría del cónclave por esa anacrónica (y no obstante canónicamente legal) intromisión, el cardenal Rampolla optó por retirar su candidatura y así evitar posteriores conflictos. Pío X fue coronado papa el 9 de agosto siguiente en la Patriarcal Basílica Vaticana por el cardenal Luigi Macchi, Cardenal protodiácono de S. Maria in Via Lata.

Así llegó a la cátedra de Pedro un hombre de humilde cuna, sin relevantes dotes intelectuales, sin experiencia en las diplomacias eclesiásticas, pero con un corazón tan grande que no le cabía en el pecho, y tan bueno que parecía irradiar gracias: "un hombre de Dios que conocía los infortunios del mundo y las penurias de la existencia y, en la grandeza de su corazón, solo quería arreglarlo todo y consolar a todos".
Gobernó la Iglesia Católica con mano firme en una época en que ésta se enfrentaba a un laicismo muy fuerte así como a numerosas tendencias del modernismo en los campos de los estudios bíblicos y la teología. Introdujo grandes reformas en la liturgia y facilitó la participación del pueblo en la celebración Eucarística. Permitió la práctica de la comunión frecuente y fomentó el acceso de los niños a la Eucaristía. Promovió mucho el estudio del catecismo y ordenó la confección del Código de Derecho Canónico (Codex Iuris Canonici) para reunir y unificar la legislación eclesiástica hasta entonces dispersa.
El 20 de enero de 1904 había promulgado la constitución apostólica Commissum Nobis por la que se prohibían los vetos a la elección papal por parte de los estados que disponían de él como privilegio histórico. En este mismo año había relativizado el Non Expedit del beato Pío IX, con lo que se entreabría la puerta a la participación de los católicos italianos en los asuntos públicos de su país.
En 1905 denunció el Concordato que, bajo las condiciones draconianas impuestas por Napoleón, había firmado en 1801 la Santa Sede con Francia. Con esta denuncia el papado alcanzaba la total libertad de nombramiento de obispos en Francia, libertad de la cual, a pesar de los diversos regímenes que se habían sucedido en este país, en realidad jamás había gozado.
Falleció en Roma el 20 de agosto de 1914 y fue enterrado en las grutas vaticanas hasta que en 1951 sus restos incorruptos fueron trasladados a la Basílica de San Pedro, bajo el altar de la capilla de la Presentación, donde están expuestos a la veneración de los fieles. En su epitafio se lee: Su tiara estaba formada por tres coronas: pobreza, humildad y bondad.
En 1954, el Papa Pío XII canonizó solemnemente a su predecesor ante una enorme multitud que llenaba la Plaza de San Pedro, en Roma. Aquel fue el primer Papa al que se canonizaba desde Pío V, en 1672.


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