martes, 9 de junio de 2015

Misioneros del Santísimo Rosario: jueves, 4 de junio de2015SOLEMNIDAD DEL CORPUSC...

Cada Día
Acto de Contrición

¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este
Divino Sacramento estás vivo e inflamado de amor por

nosotros! Aquí nos  tenéis en vuestra

presencia, pidiéndonos perdón de nuestra culpa e implorando vuestra

misericordia. Nos pesa ¡oh buen Jesús! de haberos ofendido, por ser
Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concedednos

luz y gracia para meditar vuestras virtudes y formar según ellas nuestros pobre

corazón. Amén
Día IX
CARTA ENCÍCLICAa
HAURIETIS AQUAS
DE SU

SANTIDAD
PÍO XII
SOBRE
III.
CONTEMPLACIÓN DEL AMOR DEL CORAZÓN DE JESÚS
17. Ahora, venerables hermanos,
para que de estas nuestras piadosas consideraciones podamos sacar abundantes y
saludables frutos, parémonos a meditar y contemplar brevemente la íntima
participación que el Corazón de nuestro Salvador Jesucristo tuvo en su vida
afectiva divina y humana, durante el curso de su vida mortal. En las páginas
del Evangelio, principalmente, encontraremos la luz, con la cual, iluminados y
fortalecidos, podremos penetrar en el templo de este divino Corazón y admirar
con el Apóstol de las Gentes «las abundantes riquezas de la gracia [de Dios] en
la bondad usada con nosotros por amor de Jesucristo»
 [57] Ef 2,
7.
18. El adorable Corazón de
Jesucristo late con amor divino al mismo tiempo que humano, desde que la Virgen
María pronunció su
 Fiat, y el
Verbo de Dios, como nota el Apóstol, «al entrar en el mundo dijo:
"Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me diste un cuerpo a propósito;
holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: Heme
aquí presente. En el principio del libro se habla de mí. Quiero hacer, ¡oh
Dios!, tu voluntad..." Por esta "voluntad" hemos sido santificados
mediante la "oblación del cuerpo" de Jesucristo, que él ha hecho de
una vez para siempre»
 [58] Heb 10,
5-7, 10.
De manera semejante palpitaba
de amor su Corazón, en perfecta armonía con los afectos de su voluntad humana y
con su amor divino, cuando en la casita de Nazaret mantenía celestiales
coloquios con su dulcísima Madre y con su padre putativo, san José, al que
obedecía y con quien colaboraba en el fatigoso oficio de carpintero. Este mismo
triple amor movía a su Corazón en su continuo peregrinar apostólico, cuando
realizaba innumerables milagros, cuando resucitaba a los muertos o devolvía la
salud a toda clase de enfermos, cuando sufría trabajos, soportaba el sudor,
hambre y sed; en las prolongadas vigilias nocturnas pasadas en oración ante su
Padre amantísimo; en fin, cuando daba enseñanzas o proponía y explicaba
parábolas, especialmente las que más nos hablan de la misericordia, como la
parábola de la dracma perdida, la de la oveja descarriada y la del hijo
pródigo. En estas palabras y en estas obras, como dice san Gregorio Magno, se
manifiesta el Corazón mismo de Dios: «Mira el Corazón de Dios en las palabras
de Dios, para que con más ardor suspires por los bienes eternos»[59]
Registr. epist
. 4, ep. 31
 ad Theodorum medicum PL 77, 706.
Con
amor aun mayor latía el Corazón de Jesucristo cuando de su boca salían palabras
inspiradas en amor ardentísimo. Así, para poner algún ejemplo, cuando viendo a
las turbas cansadas y hambrientas, dijo: «Me da compasión esta multitud de
gentes»
 [60] Mc 8,
2; y cuando, a la vista de Jerusalén, su predilecta ciudad, destinada a una
fatal ruina por su obstinación en el pecado, exclamó: «Jerusalén, Jerusalén,
que matas a los profetas y apedreas a los que a ti son enviados; ¡cuantas veces
quise recoger a tus hijos, como la gallina recoge a sus polluelos bajo las
alas, y tú no lo has querido!»
 [61] Mt 23,
37. Su Corazón palpitó también de amor hacia su Padre y de santa indignación
cuando vio el comercio sacrílego que en el templo se hacía, e increpó a los
violadores con estas palabras: «Escrito está: "Mi casa será llamada casa
de oración"; mas vosotros hacéis de ella una cueva de ladrones»
 [62] Ibíd. 21, 13.

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