lunes, 8 de junio de 2015

Misioneros del Santísimo Rosario: Cada DíaActo de Contrición¡Dulcísimo Corazón de ...

Cada Día
Acto de Contrición

¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este
Divino Sacramento estás vivo e inflamado de amor por

nosotros! Aquí nos  tenéis en vuestra

presencia, pidiéndonos perdón de nuestra culpa e implorando vuestra

misericordia. Nos pesa ¡oh buen Jesús! de haberos ofendido, por ser
Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concedednos

luz y gracia para meditar vuestras virtudes y formar según ellas nuestros pobre

corazón. Amén
Día VIII
CARTA ENCÍCLICAa
HAURIETIS AQUAS
DE SU

SANTIDAD
PÍO XII
SOBRE
Símbolo
del triple amor de Cristo
15. Luego, con toda razón, es
considerado el corazón del Verbo Encarnado como signo y principal símbolo del
triple amor con que el Divino Redentor ama continuamente al Eterno Padre y a
todos los hombres. Es, ante todo, símbolo del divino amor que en El es común
con el Padre y el Espíritu Santo, y que sólo en El, como Verbo Encarnado, se
manifiesta por medio del caduco y frágil velo del cuerpo humano, ya que en «El
habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente»
 [52] Col 2,
9.
Además, el Corazón de Cristo es
símbolo de la ardentísima caridad que, infundida en su alma, constituye la
preciosa dote de su voluntad humana y cuyos actos son dirigidos e iluminados
por una doble y perfectísima ciencia, la beatífica y la infusa
 [53] Cf. Sum.
theol.
 3, 9, 1-3; ed. Leon. 11
(1903) 142.
Finalmente, y esto en modo más
natural y directo, el Corazón de Jesús es símbolo de su amor sensible, pues el
Cuerpo de Jesucristo, plasmado en el seno castísimo de la Virgen María por obra
del Espíritu Santo, supera en perfección, y, por ende, en capacidad perceptiva
a todos los demás cuerpos humanos
 [54] Cf. ibíd. 3, 33, 2 ad 3; 46, 6: ed. Leon. 11 (1903)
342, 433
.
16. Aleccionados, pues, por los
Sagrados Textos y por los Símbolos de la fe, sobre la perfecta consonancia y
armonía que reina en el alma santísima de Jesucristo y sobre cómo El dirigió al
fin de la Redención las manifestaciones todas de su triple amor, podemos ya con
toda seguridad contemplar y venerar en el Corazón del Divino Redentor la imagen
elocuente de su caridad y la prueba de haberse ya cumplido nuestra Redención, y
como una mística escala para subir al abrazo «de Dios nuestro Salvador»
 [55] Tit 3,
4. Por eso, en las palabras, en los actos, en la enseñanza, en los milagros y
especialmente en las obras que más claramente expresan su amor hacia nosotros
—como la institución de la divina Eucaristía, su dolorosa pasión y muerte, la
benigna donación de su Santísima Madre, la fundación de la Iglesia para
provecho nuestro y, finalmente, la misión del Espíritu Santo sobre los
Apóstoles y sobre nosotros—, en todas estas obras, decimos Nos, hemos de
admirar otras tantas pruebas de su triple amor, y meditar los latidos de su
Corazón, con los cuales quiso medir los instantes de su terrenal peregrinación
hasta el momento supremo, en el que, como atestiguan los Evangelistas, «Jesús,
luego de haber clamado de nuevo con gran voz, dijo: "Todo está
consumado". E inclinado la cabeza, entregó su espíritu»
 [56]
Mt 27, 50; Jn 19, 30. Sólo
entonces su Corazón se paró y dejó de latir, y su amor sensible permaneció como
en suspenso, hasta que, triunfando de la muerte, se levantó del sepulcro.
Después que su Cuerpo,
revestido del estado de la gloria sempiterna, se unió nuevamente al alma del
Divino Redentor, victorioso ya de la muerte, su Corazón sacratísimo no ha
dejado nunca ni dejará de palpitar con imperturbable y plácido latido, ni
cesará tampoco de demostrar el triple amor con que el Hijo de Dios se une a su
Padre eterno y a la humanidad entera, de la que con pleno derecho es Cabeza
Mística.

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