sábado, 30 de agosto de 2014

30 de Agosto Santa Rosa de Lima, Patrona de América


Una virgen se ocupa de las cosas del Señor, a fin de ser santa de cuerpo
y alma. (1 Corintios, 7, 34).

Rosa de Santa María, (1586-1617) llamada así por la virginal hermosura de su rostro, pues su nombre de pila era Isabel, fue la primera flor de santidad que produjo la América española. Nació en Lima, Perú, de padres de origen español y modestos de condición. Desde su más tierna edad, Rosa experimentaba una atracción cada día más desbordante hacia la santidad, la virginidad, la devoción, el amor al retiro, un extraordinario espíritu de penitencia. Sus padres deseaban un ventajoso matrimonio dada la belleza de su hija, pues verdaderamente era deslumbrante. Con ese fin, le hacían  frecuentar fiestas y banquetes para llamar la atención de los jóvenes más ricos de la ciudad. Rosa obedecía pero sabía sacar provecho de estas fiestas. Debajo de su diadema de rosas colocaba un casquete con pinchos, en forma de corona de espinas. Y bajo sus vistosos vestidos colocaba cilicios y otros instrumentos para macerar su cuerpo. En 1616, a los 24 años, vistió el hábito negro y blanco de la Tercera Orden de Sto. Domingo. Desde entonces todavía progresó más a pasos agigantados por el camino de la perfección. Aseveró su confesor que, "Jamás, ni de día ni de noche, perdía la presencia de Dios en su corazón y que su alma nunca fue mancillada por el pecado venial". El Señor le concedió la gracia de repetir en sí misma los atroces dolores de la Pasión de Cristo. En medio del dolor gritaba: "Aumentadme el dolor, Pero, dios mío, dadme paciencia". Murió el 24 de agosto de 1617 a la edad de 31 años, admirada en toda Lima y querida ya en todo Perú. El Papa Clemente X la canonizó en 1671, siendo la primera santa americana que llegó a los altares. En la Argentina ha sido establecido este día "como Fiesta nacional de Acción de gracias a la divina Providencia, por los beneficios conferidos a la Nación".

MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SANTA ROSA

 I. Trata al menos de encontrar todos los días un momento libre para dedicarte, en la soledad, a la meditación y a la oración. Ama a tus padres por Dios, y los servicios que les hagas, figúrate que los haces al mismo Jesús. Así pensarás en El sin cesar.

 II. San Agustín, hablando de Cristo y de la Iglesia, su Esposa inmortal, dice que son dos en una sola y misma pasión. Así debe ser en cuanto a la unión del alma con Jesucristo. Para agradar al Esposo, es menester hacerse semejante a Él; por eso Santa Rosa practica las penitencias más rigurosas, y lleva en la cabeza un aro de hierro con agudas puntas en su parte interior, semejante a la corona de espinas. Para gozar de los castos abrazos del Esposo, se debe despreciar la propia carne. (San Jerónimo)

 III. Sacrificar la carne y sus concupiscencias, es poco todavía. Mira a Santa Rosa. Ya la pruebe la enfermedad, ya Dios le retire sus consolaciones, a todo se resigna. Lo único que pide a su Esposo, es que aumente su amor en proporción a los sufrimientos que padece. ¡En cambio nosotros nos impacientamos ante la menor contrariedad, nos abatimos ante la menor prueba! Avergoncémonos de nuestra cobardía y adoptemos la resolución de sufrir, por lo menos con paciencia, los males que no podemos evitar. Estáis prometidos a Cristo, le habéis consagrado vuestra voluntad. (Tertuliano).


sábado, 23 de agosto de 2014

22 de Agosto, Fiesta del Inmaculado Corazón de María Santísima

 Acto de Consagración al Inmaculado Corazón de María
(Papa Pió XII)
Al finaliza la Santa Misa, el Reverendo Padre Alberto Martinez, rezó el acto de Consagración 

¡Oh Reina del Santísimo Rosario, auxilio de los cristianos, refugio del género humano, vencedora de todas las batallas de Dios! Ante vuestro Trono nos postramos suplicantes, seguros de impetrar misericordia y de alcanzar gracia y oportuno auxilio y defensa en las presentes calamidades, no por nuestros méritos, de los que no presumimos, sino únicamente por la inmensa bondad de vuestro maternal Corazón. En esta hora trágica de la historia humana, a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, nos entregamos y nos consagramos, no sólo en unión con la Santa Iglesia, cuerpo místico de vuestro Hijo Jesús, que sufre y sangra en tantas partes y de tantos modos atribulada, sino también con todo el Mundo dilacerado por atroces discordias, abrasado en un incendio de odio, víctima de sus propias iniquidades. Que os conmuevan tantas ruinas materiales y morales, tantos dolores, tantas angustias de padres y madres, de esposos, de hermanos, de niños inocentes; tantas vidas cortadas en flor, tantos cuerpos despedazados en la horrenda carnicería, tantas almas torturadas y agonizantes, tantas en peligro de perderse eternamente. Vos, oh Madre de misericordia, impetradnos de Dios la paz; y, ante todo, las gracias que pueden convertir en un momento los humanos corazones, las gracias que preparan, concilian y aseguran la paz. Reina de la paz, rogad por nosotros y dad al mundo en guerra la paz por que suspiran los pueblos, la paz en la verdad, en la justicia, en la caridad de Cristo. Dadle la paz de las armas y la paz de las almas, para que en la tranquilidad del orden se dilate el reino de Dios. Conceded vuestra protección a los infieles y a cuantos yacen aún en las sombras de la muerte; concédeles la paz y haced que brille para ellos el sol de la verdad y puedan repetir con nosotros ante el único Salvador del mundo: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Dad la paz a los pueblos separados por el error o la discordia, especialmente a aquellos que os profesan singular devoción y en los cuales no había casa donde no se hallase honrada vuestra venerada imagen (hoy quizá oculta y retirada para mejores tiempos), y haced que retornen al único redil de Cristo bajo el único verdadero Pastor. Obtened paz y libertad completa para la Iglesia Santa de Dios; contened el diluvio inundante del neopaganismo, fomentad en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana y del celo apostólico, a fin de que aumente en méritos y en número el pueblo de los que sirven a Dios. Finalmente, así como fueron consagrados al Corazón de vuestro Hijo Jesús la Iglesia y todo el género humano, para que, puestas en El todas las esperanzas, fuese para ellos señal y prenda de victoria y de salvación; de igual manera, oh Madre nuestra y Reina del Mundo, también nos consagramos para siempre a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, para que vuestro amor y patrocinio aceleren el triunfo del Reino de Dios, y todas las gentes, pacificadas entre sí y con Dios, os proclamen bienaventurada y entonen con Vos, de un extremo a Otro de la tierra, el eterno Magníficat de gloria, de amor, de reconocimiento al Corazón de Jesús, en sólo el cual pueden hallar la Verdad, la Vida y la Paz. Amén

viernes, 15 de agosto de 2014

EN LA ASUNCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA: DE
LOS DOS RECIBIMIENTOS, DE CRISTO Y DE MARÍA - Por San Bernardo


1. Subiendo hoy a los cielos la Virgen gloriosa, colmó sin duda los
gozos de los ciudadanos celestiales con copiosos aumentos, pues ella
fué la que, a la voz de su salutación, hizo saltar de gozo a aquel que
aún vivía encerrado en las maternas entrañas. Ahora bien, si el alma
de un -párvulo aún no nacido se derritió en castos afectos luego que
habló María, ¿cuál pensamos sería el gozo de los ejércitos celestiales
cuando merecieron oír su voz, ver su rostro y gozar de su dichosa
presencia? Mas nosotros, carísimos, ¿qué ocasión tenemos de
solemnidad en su asunción, qué causa de alegría, qué materia de
gozo?
Con la presencia de María se ilustraba todo el orbe, de tal suerte que
aun la misma patria celestial brilla más lucidamente iluminada con el
resplandor de esta lámpara virginal. Por eso con razón resuena en las
alturas la acción de gracias y la voz de alabanz a, pero para nosotros
más parece debido el llanto que el aplauso. Porque ¿no es, por
ventura, natural, al parecer, que cuanto de su presencia se alegra
el cielo otro tanto llore su ausencia este nuestro inferior
mundo? Sin embargo, cesen nuestras quejas, porque
tampoco nosotros tenemos aquí ciudad permanente, sino que
buscamos aquella a la cual María purísima llega hoy. Y si
estamos señala. dos por ciudadanos suyos, razón será
que, aun en el destierro, aun sobre la ribera de los ríos de
Babilonia, nos acordemos de ella, tomemos parte en sus gozos
y participemos de su alegría., especialmente de aquella alegría
que con ímpetu tan copioso baña hoy la ciudad de Dios,
para que también percibamos nosotros las gotas que destilan sobre la
tierra. Nos precedió nuestra reina, nos precedió, y tan gloriosamente
fué recibida, que confiadamente siguen a su Señora los siervecillos
clamando: Atráenos en pos de ti y correremos todos al olor de tus
aromas. Subió de la tierra al cielo nuestra Abogada, para que, como
Madre del Juez y Madre de misericordia, trate los negocios de nuestra
salud devota y eficazmente.
2. Un precioso regalo envió al cielo nuestra tierra hoy, para que,
dando y recibiendo, se asocie, en trato feliz de amistades, lo humano a
lo divino, lo terreno a lo celestial, lo ínfimo a lo sumo. Porque allá
ascendió el fruto sublime de la tierra, de donde descienden las preciosísimas dádivas y los
dones perfectos. Subiendo, pues, a lo alto, la Virgen bienaventurada otorgará
copiosos dones a los hombres. ¿Y cómo no dará? Ni le falta poder ni voluntad. Reina de los
cielos es, misericordiosa es; finalmente, Madre es del Unigénito Hijo de Dios.
Nada hay que pueda darnos más excelsa idea de la grandeza de su poder o
de su piedad, a no ser que alguien pudiera llegar a creer que el Hijo de Dios
se niega a honrar a su Madre o pudiera dudar de
que están como impregnadas de la más exquisita caridad las entrañas
de María, en las cuales la misma caridad que procede de Dios
descansó corporalmente nueve meses.
3. Y estas cosas, ciertamente, las he dicho por nosotros, hermanos,
sabiendo que es dificultoso que en pobreza tanta se pueda hallar
aquella caridad perfecta que no busca la propia conveniencia. Mas
con todo eso, sin hablar ahora de los beneficios que conseguimos por
su glorificación, si de veras la amamos nos alegraremos
inmensamente al ver que va a juntarse con su Hijo. Sí, nos
alegraremos y le daremos el parabién, a no ser que, como esté lejos de
nosotros, quisiéramos mostrarnos ingratos con aquella que nos dio al
autor de la gracia. Hoy es recibida la Virgen en la celestial
Jerusalén por Aquel a quien ella recibió al venir a este mundo; pero
¿quién será capaz de expresar con palabras con cuánto honor fue recibida,
con cuánto gozo, con cuánta alegría? Ni en la tierra hubo jamás lugar
tan digno de honor como el templo de su se no virginal, en el que
recibió María al Hijo de Dios, ni en el cielo hay otro solio regio tan
excelso como aquel al que sublimó hoy para María el Hijo de María.
Feliz uno y otro recibimiento, inefables ambos, porque ambos a dos
trascienden toda humana inteligencia. ¿Más a qué fin se recita hoy en
las iglesias de Cristo aquel pasaje del Evangelio en que se significa
cómo la mujer bendita entre todas las mujeres recibió al Salvador?
Creo que a fin de que este recibimiento que hoy celebramos se pueda
conocer de algún modo por aquél, o, más bien, a fin de que, según la
inestimable gloria de aquél, se conozca también que esta gloria es inestimable. Porque ¿quién, aunque pueda hablar con las lenguas de
los hombres y de los ángeles será capaz de explicar de qué modo,
sobreviniendo el Espíritu Santo y haciendo sombra la virtud del
Altísimo, se hizo carne el Verbo de Dios, por quien fueron hechas
todas las cosas ¿Cómo el Señor de, la majestad, que no cabe en el uni.
verso de las criaturas, se, encerró a sí mismo, hecho hombre, dentro
de las entrañas virginales?
4. Pero ¿y quién será suficiente para pensar siquiera cuán gloriosa iría
hoy la reina del mundo y con cuánto afecto de devoción saldría toda
la multitud de los ejércitos celestiales a su encuentro? ¿Con qué
cánticos sería acompañada hasta el trono de la gloria, con qué
semblante tan plácido, con qué rostro tan sereno, con qué alegres
abrazos sería recibida del Hijo y ensalzada sobre toda criatura con
aquel honor que Madre tan grande merecía, con aquella gloria que
era digna de tan gran Hijo? Felices enteramente los besos que
imprimía en sus labios cuando mamaba y cuando le acariciaba la
madre en su regazo virginal. Mas, ¿por ventura, 110 los juzgaremos
más felices los que de la boca del que está sentado a la diestra del
Padre recibió hoy en la salutación dichosa, cuando subía al trono de la
gloria cantando el cántico de la Esposa y diciendo: Béseme con el beso
de su boca? Porque cuanta mayor gracia alcanzó en la tierra sobre
todos los demás, otro tanto más obtiene también en los cielos de gloria
singular. Y si el ojo no vio ni el oído oyó, ni cupo en el corazón del
hombre lo que tiene Dios preparado a los que le aman; lo que preparó
a la que le engendró y (lo que es cierto para todos) a la que amó más
que a todos, ¿quién lo hablará? Dichosa, por tanto, María, y de
muchos modos dichosa, o recibiendo al Salvador o siendo ella recibida
del Salvador. En lo uno y en lo otro es admirable la dignidad de la
Virgen Madre; en lo uno y en lo otro es amable la dignación de la
Majestad. Entró, dice, Jesús en un castillo y una mujer le recibió en su
casa. Pero más bien nos debemos ocupar en las alabanzas, pues se
debe emplear este día en elogios festivos. Y pues nos ofrecen copiosa
materia las palabras de esta lección del Evangelio, mañana también,
concurriendo, nosotros juntamente, será comunicado sin envidia lo
que se nos dé de arriba, para que en la memoria de tan grande Virgen
no sólo se excite la devoción, sino que también sean edificadas
nuestras costumbres para aprovechamiento de la conducta de nuestra
vida, en alabanza y gloria de su Hijo, Señor nuestro, que es sobre
todas las cosas Dios bendito por los siglos. Amén.

lunes, 4 de agosto de 2014

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN



   Nació en Caleruega (Burgos) en 1170, en el seno de una familia profundamente creyente y muy encumbrada. Sus padres, don Félix de Guzmán y doña Juana de Aza, parientes de reyes castellanos y de León, Aragón, Navarra y Portugal, descendían de los condes-fundadores de Castilla. Tuvo dos hermanos, Antonio y Manés.

   De los siete a los catorce años (1177-1184), bajo la preceptoría de su tío el Arcipreste don Gonzalo de Aza, recibió esmerada formación moral y cultural. En este tiempo, transcurrido en su mayor parte en Gumiel de Izán (Burgos), despertó su vocación hacia el estado eclesiástico.

   De los catorce a los veintiocho (1184-1198), vivió en Palencia: seis cursos estudiando Artes (Humanidades superiores y Filosofía); cuatro, Teología; y otros cuatro como profesor del Estudio General de Palencia.

   Al terminar la carrera de Artes en 1190, recibida la tonsura, se hizo Canónigo Regular en la Catedral de Osma. Fue en el año 1191, ya en Palencia, cuando en un rasgo de caridad heroica vende sus libros, para aliviar a los pobres del hambre que asolaba España.

   Al concluir la Teología en 1194, se ordenó sacerdote y es nombrado Regente de la Cátedra de Sagrada Escritura en el Estudio de Palencia.

   Al finalizar sus cuatro cursos de docencia y Magisterio universitario, con veintiocho años de edad, se recogió en su Cabildo, en el que enseguida, por sus relevantes cualidades intelectuales y morales, el Obispo le encomienda la presidencia de la comunidad de canónigos y del gobierno de la diócesis en calidad de Vicario General de la misma.

   En 1205, por encargo del Rey Alfonso VIII de Castilla, acompaña al Obispo de Osma, Diego, como embajador extraordinario para concertar en la corte danesa las bodas del príncipe Fernando. Con este motivo, tuvo que hacer nuevos viajes, siempre acompañando al obispo Diego a Dinamarca y a Roma, decidiéndose durante ellos su destino y clarificándose definitivamente su ya antigua vocación misionera. En sus idas y venidas a través de Francia, conoció los estragos que en las almas producía la herejía albigense. De acuerdo con el Papa Inocencio III, en 1206, al terminar las embajadas, se estableció en el Langüedoc como predicador de la verdad entre los cátaros. Rehúsa a los obispados de Conserans, Béziers y Comminges, para los que había sido elegido canónicamente.

   En 1208, Nuestra Señora se le aparece y le enseña a rezar el Santo Rosario, compuesto por 150 Avemarías, número similar a los Salmos de las Sagradas Escrituras; la Virgen aseguró a Santo Domingo que el Rosario es la mejor arma contra los enemigos de la Fe.

   Para remediar los males que la ignorancia religiosa producía en la sociedad, en 1215 establece en Tolosa la primera casa de su Orden de Predicadores, cedida a Domingo por Pedro Sella, quien con Tomás de Tolosa se asocia a su obra.


   En septiembre del mismo año, llega de nuevo a Roma en segundo viaje, acompañando del Obispo de Tolosa, Fulco, para asistir al Concilio de Letrán y solicitar del Papa la aprobación de su Orden, como organización religiosa de Canónigos regulares. De regreso de Roma elige con sus compañeros la Regla de San Agustín para su Orden y en septiembre de 1216, vuelve en tercer viaje a Roma, llevando consigo la Regla de San Agustín y un primer proyecto de Constituciones para su Orden. El 22 de Diciembre de 1216 recibe del Papa Honorio III la Bula “Religiosam Vitam” por la que confirma la Orden de Frailes Predicadores.

   Al año siguiente retorna a Francia y en el mes de Agosto dispersa a sus frailes, enviando cuatro a España y tres a París, decidiendo marchar él a Roma. Allí se manifiesta su poder taumatúrgico con numerosos milagros y se acrecienta de modo extraordinario el número de sus frailes. Meses después enviará los primeros Frailes a Bolonia.

   Habrá que esperar hasta finales de 1218 para ver de nuevo a Domingo en España donde visitará Segovia, Madrid y Guadalajara.

   Por mandato del Papa Honorio III, en un quinto viaje a Roma, reúne en el convento de San Sixto a las monjas dispersas por los distintos monasterios de Roma, para obtener para los Frailes el convento y la Iglesia de Santa Sabina.

   En la Fiesta de Pentecostés de 1220 asiste al primer Capítulo General de la Orden, celebrado en Bolonia. En él se redactan la segunda parte de las Constituciones. Un año después, en el siguiente Capítulo celebrado también en Bolonia, acordará la creación de ocho Provincias.

   Con su Orden perfectamente estructurada y más de sesenta comunidades en funcionamiento, agotado físicamente, tras breve enfermedad, murió el 6 de agosto de 1221, a los cincuenta y un años de edad, en el convento de Bolonia, donde sus restos permanecen sepultados. En 1234, su gran amigo y admirador, el Papa Gregorio IX, lo canonizó.



LAS QUINCE PROMESAS
DE LA VIRGEN MARÍA
A QUIENES RECEN EL ROSARIO

1.- El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

2.- Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.

3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.

4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!.

5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.

6.- El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.

7.- Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.

8.- Quiero que todos los devotos de mi Rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.

9.- Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.

10.- Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.

11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.

14.- Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15.- La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.


La tradición atribuye al beato Alan de la Roche (1428 aprox. - 1475) de la orden de los dominicos el origen de estas promesas hechas por la virgen María. Es mérito suyo el haber restablecido la devoción al santo rosario enseñada por Santo Domingo apenas un siglo antes y olvidada tras su muerte. 
Tomado del sitio: http://sicutoves.blogspot.com.ar/2012/08/santo-domingo-de-guzman.html

viernes, 1 de agosto de 2014

San Pedro ad Víncula

la Iglesia venera hoy en la Basílica de San Pedro ad Víncula, asentada en el Esquilino, las cadenas que aprisionaron al Príncipe de los Apóstoles, en Jerusalén primero y finalmente en Roma.

Las cadenas de San Pedro se componen de dos trozos, uno de los cuales cuenta 11 eslabones alargados para atar las manos y el otro 23, teniendo al fin de ellos dos semicírculos para meter el cuello.

Los Papas solían enviar, a manera de rico presente limaduras de estas cadenas en una llave de oro, porque simbolizaban el poder de las llaves, por el cual Pedro absuelve de los pecados. también se la engastaba en anillos y cruces para preservar de los peligros.

"En donde esta Pedro, allí está la Iglesia; en donde la Iglesia, allí Cristo". Que tus cadenas, cadenas dulces y gloriosas, nos aten, oh bendito Apóstol, a la Roca inconmovible, nos aten fuertemente a Cristo, de manera que ningún poder de la tierra ni del infierno sea capaz de hacernos bamboliar en la fe ni en el amor de Dios y del prójimo.




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