domingo, 11 de noviembre de 2012

V Domingo después Epifanía (XXIV después de Pentecostés)

 


(Evangelio según San Mateo  capítulo 13 versículos del 24 al 30)

Homilía de San Agustín, Obispo.
Mientras los pastores de la Iglesia se mostraban negligentes, o cuando los Apóstoles hubieron muerto, vino el diablo, e introdujo a aquellos a que el Señor llama hijos malos. Ahora bien, esto presupuesto, se pregunta si estos son los herejes o los católicos que viven mal. Ya que los herejes pueden ser llamados hijos malos, porque nacidos de la misma semilla del Evangelio y llevando el nombre de Cristo, por sus perversas opiniones, abrazan los falsos dogmas.

Mas diciendo que están sembrados en medio del trigo, parase indicar los que forman parte de una misma comunión. Con todo por lo mismo que el Señor reconoció que este campo significaba, no la Iglesia, sino este mundo, bien pueden entenderse los herejes, los cuales, no por la sociedad de una Iglesia o de una fe, sino por la común denominación de cristianos, se hallan en este mundo mezclados con los buenos. Los que son malos dentro del ceno de la fe verdadera son comparables más bien a la paja que a la cizaña, ya que la paja tiene el mismo origen y la misma raíz que el trigo.

Por aquella red en la que son contenidos los peces malos y los buenos, no sin motivo se designan los malos católicos. Una cosa es el mar, por lo cual se indica este mundo, y otra la red, que parece significar la comunión de una fe o de una Iglesia. Esta es a la verdad la diferencia que existe entre los herejes y los malos católicos, a saber que los herejes creen doctrinas falsas, y los malos católicos, creyendo lo verdadero, no viven conforme a lo que creen.

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