miércoles, 31 de agosto de 2011

San Ramòn Nonato

San Ramón nació de familia noble en Portell, cerca de Barcelona, España en el año 1200. Recibió el sobrenombre de non natus (no nacido), porque su madre murió en el parto antes de que el niño viese la luz. Con el permiso de su padre, el santo ingresó en la orden de los Mercedarios, que acababa de fundarse. San Pedro Nolasco, el fundador, recibió la profesión de Ramón en Barcelona.
Progresó tan rápidamente en virtud que, dos o tres años después de profesar, sucedió a San Pedro Nolasco en el cargo de "redentor o rescatador de cautivos". Enviado al norte de Africa con una suma considerable de dinero, Ramón rescató en Argel a numerosos esclavos. Cuando se le acabó el dinero, se ofreció como rehén por la libertad de ciertos prisioneros cuya situación era desesperada y cuya fe se hallaba en grave peligro. Pero el sacrificio de San Ramón no hizo más que exasperar a los infieles, quienes le trataron con terrible crueldad. Sin embargo, el magistrado principal, temiendo que si el santo moría no se pudiese obtener la suma estipulada por la libertad de los prisioneros a los que representaba, dio orden de que se le tratase más humanamente. Con ello, el santo pudo salir a la calle, lo que aprovechó para confortar y alentar a los cristianos y hasta llegó a convertir y bautizar a algunos mahometanos. Al saberlo, el gobernador le condenó a morir empalado, pero quienes estaban interesados en cobrar la suma del rescate consiguieron que se le conmutase la pena de muerte por la de flagelación. San Ramón no perdió por ello el valor, sino que prosiguió la tarea de auxiliar a cuantos se hallaban en peligro, sin dejar escapar la menor ocasión de ayudarlos.
San Ramón encaró dos grandes dificultades. No tenía ya un solo centavo para rescatar cautivos y  predicar el cristianismo a los musulmanes equivalía a la pena de muerte. Pero nada lo detuvo ante el llamado del Señor. Conciente del martirio inminente, volvió a instruir y exhortar tanto a los cristianos como a los infieles. El gobernador, enfurecido ante tal audacia, ordenó que se azotase al santo en todas las esquinas de la ciudad y que se le perforasen los labios con un hierro candente. Mandó ponerle en la boca un candado, cuya llave guardaba él mismo y sólo la daba al carcelero a la hora de las comidas. En esa angustiosa situación pasó San Ramón ocho meses, hasta que San Pedro Nolasco pudo finalmente enviar  algunos miembros de su orden a rescatarle. San Ramón hubiese querido quedarse para asistir a los esclavos en Africa, sin embargo, obedeció la orden de su superior y pidió a Dios que aceptase sus lágrimas, ya que no le había considerado digno de derramar su sangre por las almas de sus prójimos.
A su vuelta a España, en 1239, fue nombrado cardenal por Gregorio IX, pero permaneció tan indiferente a ese honor que no había buscado, que no cambió ni sus vestidos, ni su pobre celda del convento de Barcelona, ni su manera de vivir. El Papa le llamó más tarde a Roma. San Ramón obedeció, pero emprendió el viaje como el religioso más humilde. Dios dispuso que sólo llegase hasta Cardona, a unos diez kilómetros de Barcelona, donde le sorprendió una violenta fiebre que le llevó a la tumba. El santo tenía aproximadamente treinta y seis años cuando murió  el 31 de agosto de 1240. Cardona pronto se transformó en meta de peregrinaciones. Fue sepultado en la capilla de San Nicolas de Portell.
El Papa Alejandro VII lo incluyó en el Martirologio Romano en 1657.
San Ramón Nonato es el patrono de las parturientas y las parteras debido a las circunstancias de su nacimiento.

Santa Rosa de Lima

Nació en Lima (Perú) el año 1586; cuando vivía en su casa, se dedicó ya a una vida de piedad y de virtud, y, cuando vistió el hábito de la tercera Orden de santo Domingo, hizo grandes progresos en el camino de la penitencia y de la contemplación mística. Murió el día 24 de agosto del año 1617.
Rosa de Lima, la primera santa americana canonizada, nació de ascendencia española en la capital del Perú en 1586. Sus humildes padres son Gaspar de Flores y María de Oliva.
Aunque la niña fue bautizada con el nombre de Isabel, se la llamaba comúnmente Rosa y ése fue el único nombre que le impuso en la Confirmación el arzobispo de Lima, Santo Toribio. Rosa tomó a Santa Catalina de Siena por modelo, a pesar de la oposición y las burlas de sus padres y amigos. En cierta ocasión, su madre le coronó con una guirnalda de flores para lucirla ante algunas visitas y Rosa se clavó una de las horquillas de la guirnalda en la cabeza, con la intención de hacer penitencia por aquella vanidad, de suerte que tuvo después bastante dificultad en quitársela. Como las gentes alababan frecuentemente su belleza, Rosa solía restregarse la piel con pimienta para desfigurarse y no ser ocasión de tentaciones para nadie.

Santa Rosa de Lima
Una dama le hizo un día ciertos cumplimientos acerca de la suavidad de la piel de sus manos y de la finura de sus dedos; inmediatamente la santa se talló las manos con barro, a consecuencia de lo cual no pudo vestirse por sí misma en un mes. Estas y otras austeridades aún más sorprendentes la prepararon a la lucha contra los peligros exteriores y contra sus propios sentidos. Pero Rosa sabía muy bien que todo ello sería inútil si no desterraba de su corazón todo amor propio, cuya fuente es el orgullo, pues esa pasión es capaz de esconderse aun en la oración y el ayuno. Así pues, se dedicó a atacar el amor propio mediante la humildad, la obediencia y la abnegación de la voluntad propia.
Aunque era capaz de oponerse a sus padres por una causa justa, jamás los desobedeció ni se apartó de la más escrupulosa obediencia y paciencia en las dificultades y contradicciones.
Rosa tuvo que sufrir enormemente por parte de quienes no la comprendían.
El padre de Rosa fracasó en la explotación de una mina, y la familia se vio en circunstancias económicas difíciles. Rosa trabajaba el día entero en el huerto, cosía una parte de la noche y en esa forma ayudaba al sostenimiento de la familia. La santa estaba contenta con su suerte y jamás hubiese intentado cambiarla, si sus padres no hubiesen querido inducirla a casarse. Rosa luchó contra ellos diez años e hizo voto de virginidad para confirmar su resolución de vivir consagrada al Señor.
Al cabo de esos años, ingresó en la tercera orden de Santo Domingo, imitando así a Santa Catalina de Siena. A partir de entonces, se recluyó prácticamente en una cabaña que había construido en el huerto. Llevaba sobre la cabeza una cinta de plata, cuyo interior era lleno de puntas sirviendo así como una corona de espinas. Su amor de Dios era tan ardiente que, cuando hablaba de El, cambiaba el tono de su voz y su rostro se encendía como un reflejo del sentimiento que embargaba su alma. Ese fenómeno se manifestaba, sobre todo, cuando la santa se hallaba en presencia del Santísimo Sacramento o cuando en la comunión unía su corazón a la Fuente del Amor.
Extraordinarias pruebas y gracias.
Dios concedió a su sierva gracias extraordinarias, pero también permitió que sufriese durante quince años la persecución de sus amigos y conocidos, en tanto que su alma se veía sumida en la más profunda desolación espiritual.
El demonio la molestaba con violentas tentaciones. El único consejo que supieron darle aquellos a quienes consultó fue que comiese y durmiese más. Más tarde, una comisión de sacerdotes y médicos examinó a la santa y dictaminó que sus experiencias eran realmente sobrenaturales. 
Rosa pasó los tres últimos años de su vida en la casa de Don Gonzalo de Massa, un empleado del gobierno, cuya esposa le tenía particular cariño. Durante la penosa y larga enfermedad que precedió a su muerte, la oración de la joven era: "Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor".
Dios la llamó a Sí el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años de edad. El capítulo, el senado y otros dignatarios de la ciudad se turnaron para transportar su cuerpo al sepulcro.
El Papa Clemente X la canonizó en 1671.
Aunque no todos pueden imitar algunas de sus prácticas ascéticas, ciertamente nos reta a todos a entregarnos con mas pasión al amado, Jesucristo.  Es esa pasión de amor la que nos debe mover a vivir nuestra santidad abrazando nuestra vocación con todo el corazón, ya sea en el mundo, en el desierto o en el claustro.

lunes, 29 de agosto de 2011

28de Agosto 2011 Domingo XI después de Pentecostés

(Evangelio según San Marcos capítulo 7 versículos del 31 al 37)
Homilía de San Gregorio, Papa.
Por qué Dios, creador de todas las cosas, queriendo curar a un sordomudo, metióle los dedos en los oídos, y tocó su lengua con saliva. ¿ Que designan los dedos del Redentor, sino los dedos del Espíritu Santo?. Por esto, en otra ocasión, al lanzar algún demonio, dijo: “Si yo lanzo demonios con el dedo de Dios, es evidente que ha llegado el reino de Dios a vosotros”. Otro Evangelista refiere, con relación a este mismo milagro, que el Salvador dijo: “Mas si yo lanzo los demonios en virtud del Espíritu de Dios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros”. Corrígese de ambos pasajes que el meter el Señor los dedos en los oídos del sordomudo, equivale abrir la inteligencia del mismo mediante los dones del Espíritu Santo, para que escuche dócilmente.
¿Y qué significa el hecho de tocar el Salvador la lengua de aquel mudo con saliva? La saliva que sale de la boca del Redentor es para nosotros la sabiduría que recibimos mediante su divina palabra. En efecto, la saliva desciende de la cabeza a la boca. Así, pues, cuando esta sabiduría, que es el mismo Jesucristo, toca nuestra lengua, al punto se hace apta para el ministerio de la predicación. “Alzando Jesús los ojos al cielo, exhaló un suspiro”. No significa esto que tuviera necesidad de suspirar, aquel que podía dar por sí lo mismo que pedía: hízolo para enseñarnos a acudir con gemidos a aquel que reina en los cielos, a fin de que se abran nuestros oídos por el don del Espíritu Santo, y nuestra lengua se haga expedita para la predicación mediante la saliva de su boca, o sea, la ciencia de la palabra divina.  

viernes, 26 de agosto de 2011

La Santa Iglesia Católica, Sociedad Sobrenatural

La faz visible y humana de la Santa Iglesia Católica presenta un aspecto pobre, degradado y triste. Pobre por la enorme cantidad de católicos que la abandonan para cambiar de religión (sólo en América Latina son 10.000 por día); degradada en la moral de sus ministros, (baste considerar los casos públicos de perversiones que no han sido pocos sinó cientos y cientos); y por último triste como consecuencia de lo anterior aunque oficialmente quieran dar una imagen exitosa porque el mundo opuesto a Dios los aplaude o los que lo gobiernan se complacen en estrechar las manos eclesiásticas. Una mano que permite el bombardeo de inocentes, o los asesinatos de los abortos o el más completo libertinaje ¿Merece el apretón sólo porque es mano de gobernante o merece la recriminación que se calla, la condena que no se escucha, la claridad que no se deja ver ni en encuentros, ni en sermones, ni en discursos? “A quien me negare delante de los hombres Yo le negaré delante de mi Padre” (S. Mt. 10, 33). Callar lo que debe decirse es una manera de negar.
                   La consideración de la faz humana de la Iglesia desde la muerte de S.S. Pío XII en 1958 a la fecha con la hecatombe del Vaticano II, de la reforma de las Consagraciones Episcopales (1968), y de la misa nueva (1969) y de todas aquellas que se siguen de las anteriores, puede considerarse de muchas maneras y obispos y sacerdotes fieles a la Tradición Católica la han explicado muy bien. Quisiéramos nosotros mirar a la Santa Iglesia en sí misma, tal como Ella fue fundada por Nuestro Señor Jesucristo, es decir, considerada como Sociedad Sobrenatural.
                   Hay cosas que son sobrenaturales de manera absoluta o de manera relativa según enseña el Dogma. Lo sobrenatural es, como lo dice la palabra, lo que supera las exigencias de la naturaleza, está por encima de ella, pero esto puede pasar de dos maneras, relativa cuando es algo que supera las exigencias de una determinada creatura (ej. que un pez salga caminando del mar es imposible al pez, no a un animal terrestre y con patas y locomoción) absoluta cuando aquello de lo que se habla supera las exigencias de toda creatura (ej. la vida de la Gracia, propia de Dios y sólo recibida como sobrenatural en Ángeles y Hombres). La Santa Iglesia entra aquí ya que, aunque tenga una faz visible compuesta por hombres, abstracción hecha de los mismos, lo demás de su Constitución es sobrenatural.
                   La Santa Iglesia, y lo aclaramos, no es Santa por la bondad accidental de sus miembros sinó por su entidad propia de Esposa de Jesucristo el cual es su Cabeza, su Rey, su Señor y su Dios. En este Orden, aún si por un absurdo todos los miembros de la Santa Iglesia estuvieran en pecado mortal a la vez, Ella no dejaría de ser Santa que es algo esencial en Ella. Esta sola afirmación basta para echar por tierra la noción del nuevo vaticano de “iglesia viviente” como si Ella fuera progresando y evolucionando con las épocas y hasta la consumación de los siglos. Todas las naturalezas son fijas e inmutables sinó dejarían de ser lo que son para ser otra cosa; así la Santa Iglesia fundada por Jesucristo no es sólo una entidad moral como si fuera un club sinó un verdadero cuerpo místico con entidad, Cabeza, Vida propia y miembros. Lo que suceda a la Iglesia durante la historia poco importa, aunque lo suframos, en su naturaleza y en su existencia Ella es intangible a la maldad de sus enemigos aunque sí puedan sufrir penas sus miembros aún vivos, por eso el Catecismo enseña aquello de la Iglesia triunfante (en el Cielo los ya salvos), la Purgante (los salvos, aún en el Purgatorio) y la Militante (en la tierra) que sufre los vaivenes de la historia.
                   La Santa Iglesia recibió de Jesucristo Nuestro Señor la forma de una Institución, única y peculiar, sagrada y de orden sobrenatural, es decir, que supera de suyo las exigencias de toda institución humana ya que ninguna de por si puede pretender tener la Vida Divina, sólo propia a Dios y concedida gratuitamente por Dios a quien El quisiera. “Si yo quiero ser bueno ¿Qué mal te hago?” (S. Mt., 20,13)
                   La Santa Iglesia, si no miramos los hombres vivos que la componen, es sobrenatural por donde la miremos:


 

                            º Por su origen = Fundación ………..  “Tu es Petrus”, (S. Mt.16,18)

                            º Por los medios de que dispone……... Misa, Sacerdocio, Eucaristía,
                                                                                             otros Sacramentos.

                            º Por los efectos que produce ……….  Gracia, remisión del pecado
                                   (todos sobrenaturales)                       original, perdón de los pecados,
                                                                                              infusión del Espíritu Santo, etc.
La Santa Iglesia                               
Sociedad              º Por el Fin al que conduce…………...  La Gloria Eterna (la visión
esencialmente                                                                       beatífica supera las exigencias
 Sobrenatural                                                                        de cualquier creatura).

                            º Por los medios que usa Dios
                                      para con Ella …………………….  La Gracia, los Dones del
                                                                                               Espíritu Santo, Dios mismo
                                                                                               dándose a los hombres, toda la
                                                                                               Corte celestial (la Santísima
                                                                                               Virgen, los Santos Ángeles,
                                                                                                los Santos)


                   No es el fin de este artículo que expliquemos cada renglón del simple esquema de las líneas anteriores; pero sí lo es que considerando a la Santa Iglesia en sí misma, en lo que la hace ser tal, Ella es completamente sobrenatural, no tiene origen humano sinó divino ya que fue fundada por Nuestro Señor, Dios verdadero de Dios verdadero; los medios principales que utiliza y que también le fueron dados por Jesucristo son del mismo orden sobrenatural: La Santa Misa, la Sagrada Eucaristía que allí se confecciona, los Sacramentos que dan la primera Gracia o la restauran si se perdió (Bautismo, Penitencia), los otros que la presuponen pero son capaces de aumentarla, de una manera especial la Sagrada Confirmación que infunde al mismo Espíritu Santo y el Sacerdocio que hace capaz de las acciones sagradas, particularmente, de absolver y consagrar.
                   Todos esos medios de la Santa Iglesia causan la Gracia que es un efecto sobrenatural y todos conducen a conquistar el Cielo que también es de esa condición superior, inmerecida de suyo para toda creatura.
                   Más aún, Dios mismo se vale Él, sea por medio de la Iglesia, sea por Si mismo de medios sobrenaturales para conservar, aumentar y sostener a la Santa Iglesia, comunicando la Gracia que es una participación creada de su vida íntima, haciendo al hombre capaz de recibirla, infundiendo al Espíritu Santo y sus Dones en él, más la ayuda que brinda a la Iglesia y a las almas por medio de la Santísima Virgen, los Ángeles y los Santos.
                   Las Instituciones se definen por su fin. La Santa Iglesia lo tiene doble, aunque uno dice el otro, cuanto a Dios su gloria, cuanto a nosotros la salvación. Si miramos bien esto encierra toda la vida de la creatura racional (“Laudate Eum omnes gentes” “Alabadle todas las gentes” Salmo 116, 1) y toda la eternidad de los salvados (“Nunc autem cognoscam sicut et cognitus sum” “Entonces conoceré como soy conocido” I. Corintios 13,12).
                   Hemos visto brevemente como es la Iglesia en su intimidad. Ahora bien una cosa buena debe usarse bien y si además es sagrada debe usarse santamente.
                   La Iglesia, Santa de suyo, está apoyada como en tres pilares: La Fe que enuncia toda la Doctrina que Ella cree y Dios reveló (“Nunca nadie vió a Dios: El Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, Él lo dio a conocer” San Juan I, 18); el Culto que es la expresión de la Religión y de dicha Fe (“Haced esto en conmemoración mía” San Lucas 22, 19); y la Moral o la conducta capaz de salvar y que se sigue necesariamente de lo que se cree y de lo que se reza (“¿Aquél que fijó el ojo no verá?” Salmo 93, 9).
                   Quisiéramos detenernos un poco en el primer pilar, en la Fe.
                   ¿Qué es la Fe? La reverencia de la inteligencia. En latín diríamos “aquiescere”, la aquiescencia; más simple: La reverencia sumisa de nuestra inteligencia, la aceptación reverente de nuestra inteligencia a la verdad revelada, a toda, porque es Dios quien revela que no miente ni puede mentir. ¿Por qué a toda la Fe? Simple, porque si Dios se da a conocer, si Dios nos revela su ser, su intimidad, su Verdad, breve, lo que debo creerle, justamente, no puedo no creerle y si no le creo algo entonces no creo en Él, por eso decimos en teología que la negación de una verdad de la Fe es negación de toda Ella porque en algo ya no le creeríamos a Dios, es decir, ya no estaría esa reverencia de la inteligencia a Dios que revela y no puede mentir.
                   Así entonces la Fe supone aceptación (la Verdad misma se revela) y reverencia como disposición básica, necesaria y elemental delante de Dios. San Benito en su Regla, aplicando esto a la vida monacal y entendiendo que en ella se obedece a Jesucristo tanto en las órdenes cotidianas como en los horarios y disposiciones, dice “monachus non suffert mora in obedientia” (“el monje no sufre demora en la obediencia), no puede dejar esperando a Dios.
                   Nosotros profesamos la Fe de la Iglesia Católica, es Ella quien confiesa cree y transmite una Fe sobrenatural, para eso fue fundada por Nuestro Señor. Si la Fe era esa reverencia a lo que aludíamos, ésta no puede faltarle a la Santa Iglesia. Si es esencialmente una institución sobrenatural y sagrada para creer y transmitir la Fe y así salvar a los hombres, entonces dicha reverencia no puede faltarle, es algo exigido por su misma esencia lo que en teología diríamos “un Poprio”= algo que surge necesariamente de la esencia completa.
                   Entonces, y aquí queríamos llegar, la Iglesia Católica siempre tiene, debe tener, no puede no tener esa reverencia a la Verdad revelada y que por eso es enunciada con tanta seriedad, claridad, precisión y delicadeza en sus dogmas. Si no encontráramos esa reverencia no estaría allí la Santa Iglesia, si no hubiera obediencia soberana a la Verdad tendríamos  delante cualquier engendro humano, nó a la Esposa de Jesucristo.
                   ¿Cómo diríamos esto de otra manera? Diríamos y decimos que la Iglesia Católica en razón de esa necesaria obediencia a la Verdad revelada goza de la infalibilidad habitual, sea ella ordinaria o extraordinaria es tal su predisposición constitutiva ante la verdad de Dios que Ella no puede errar ni inducir a error (“El Soberano Pontífice no puede comprometer a la Iglesia en el error…” Benedicto XIV, Card. Prospero Lambertini, año 1734, ref. Dicc. Apolog. de la Fe, D’ Alés col. 1130 y ss.), lo cual es evidente porque de Ella depende toda nuestra Fe y, lógicamente, nuestra salvación. “En la Iglesia no puede haber error condenable” (Santo Tomás de Aquino, Quodlibet IX, q. 7).
                   Esa infalibilidad se muestra extraordinariamente en las definiciónes ex cátedra que suelen ser pocas y poco frecuentes y de manera ordinaria en la enseñanaza habitual del Soberano Pontífice y de los Obispos de todo el mundo cuando repiten y enseñan la Doctrina bastando con que quieran que lo que dicen sea entendido por los fieles como algo de nuestra Fe y que debe creerse así. (J. Salaberry S.J., Tractatus de Ecclesia Christi, III, nº 647 et s.s., BAC Sacrae Theologiae Summa, T I pág. 701, ed. 1962). Se ha de mostrar también en las prescripciones del culto si consideramos el principio teológico de la Santa Iglesia “lex orandi lex credendi”, “ la ley del orar estatuye la ley del creer”, es lógico, lo que rezamos es lo que profesamos: Entonces ¿Dónde queda el ecumenismo actual, la libertad religiosa, el indiferentismo religioso, las nuevas oraciones, el culto cambiado, la misa nueva?
                   No puede inducir a error. Si induce no es Ella.
                   Vimos la imagen triste de la Iglesia visible actual, acabamos de ver la entidad sobrenatural, Santa y veraz de la Santa Iglesia en sí misma. Delante de una y de otra ¿Cuál es nuestro combate?
                   ¿Qué debemos defender? Lo que la Iglesia es, lo que enuncia nuestra Fe y nuestra vida cristiana: La Doctrina, el Culto, la Gracia.
                   ¿Ante quien? Delante del mundo enemigo de Dios, delante del diablo y todo el infierno, delante de la iglesia conciliar que no es hechura divina.
                   De acuerdo, pero ¿Cómo ha de ser nuestro combate? Una pelea se establece de dos maneras, mirando la naturaleza de la causa y la condición de los sujetos. En nuestro caso la causa es causa de la Santa Iglesia y por eso es causa nuestra, entonces es un combate sobrenatural pero no basta con eso, es combate según nuestra propia condición de hombres ya que no somos sólo espíritus. La Iglesia se debe defender como lo hicieron los Santos, por algo nos fueron propuestos como arquetipos del cristianismo.
                   Entonces: La oración y la penitencia, básicas y necesarias, pero no es todo ni suficiente. Falta la predicación, las misiones, (ej. S. Vicente de Paul); las obras de misericordia (S. Benito Cottolengo, en su Piccola Casa de Turín llegó a haber 3000 monjitas ocupadas en los enfermos); las escuelas (S. Juan Bosco); la importancia dada por los Soberanos Pontífices a la Realeza Social efectiva de Nuestro Señor (San Pío X, Pío XI, Pío XII); las Cruzadas y aquella lucha extraordinaria de Lepanto, procurada, predicada, impulsada por S. Pío V que salvó a Europa de ser musulmana como en España la Reconquista contra el moro; la restauración de las Órdenes Religiosas considerada que la vida religiosa es de la naturaleza de la Iglesia.
                   Debemos ser claros, no basta con rezar, ni con rezar y reflexionar para identificar el peligro. La advertencia no alcanza para ganar un combate. Desde “Juan XXIII” en adelante los “Pontífices” dejaron de mirar a Dios para volverse hacia el mundo, así, abandonaron al mundo a si mismo y por eso deriva convulsionado, confuso y sin paz ni gracia. Debemos volver el mundo a Dios. Volver a hacer lo que hicieron los Santos y como ellos lo hicieron. Hacerlo con la confianza que Dios merece “Ero vobiscum usque ad consummationem saeculi” “Estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos” (S. Mateo 28, 20); hacerlo mientras Dios nos de vida. En ningún lugar de la Sagrada Escritura dice que debamos dejar de predicar porque el enemigo es grande y poderoso, eso sabe más a herejía o a miedo. Contrariamente antes de subir a los Cielos Nuestro Señor dijo a los Apóstoles “Id y enseñad a todas las gentes bautizándolas…” (S. Mateo 28, 19). El combate no es porque nos guste, es justicia respecto a Dios y a su Santa Iglesia, no podemos permitir que traten de destruirla y perder a las almas. Entonces, si es por Dios y por las almas, que sea con caridad en la intención porque ambos, Dios y las almas, cada cual a su manera, merecen nuestra caridad; que sea con caridad en los modos ya que quien quiere respeta aunque hiera si dice la verdad y con caridad en los medios ya que no peleamos con las argucias del mundo, con la mentira y el susurro sinó con los modos de Jesucristo y de los Santos.
                   Si bien miramos es siempre lo mismo. Si yo reverencio a mi madre no permito nada que la dañe, la ofenda o la hiera. Si reverencio a Dios Nuestro Señor y a su Santa Iglesia, Una, Santa y Católica, la Fe me exige todo por ellos.
                   Valga un ejemplo tomado de la historia eclesiástica de Francia en tiempos de la Revolución del siglo XVIII. La venerable María Luisa de Francia, en el mundo hija de Luis XV y tía de Luis XVI, en Religión Madre Teresa de San Agustín, Carmelita, Priora del Carmelo de Compeigne, martirizada con quince compañeras más en Agosto de 1789 y beatificada con ellas por su Santidad Pio IX, escribía lo que sigue a la superiora del Carmelo de Bruselas (Bruxelles): “Je ne consens pas aux changements qu’on veut faire, je veux vivre et mourir… (Carmelite)… Comme je l’ai promis a Dieu par voeux… Je ne puis… Je n’en veux!” “Yo no consiento a los cambios que se quiere hacer, yo quiero vivir y morir (Carmelita) como lo prometí a Dios por votos…¡Yo no puedo… Yo no quiero!” (Petits Boullandistes, Tomo XV, 23 de diciembre, edición de 1878).

                   Lo mismo decimos:
                                                 Porque nosotros no podemos,
                                                 porque Dios lo merece y lo prometimos,
                                                 por eso no queremos.


                   Quiera Dios bendecirles y enardecer sus almas en el servicio de Dios.

                                                 25 de agosto del 2011, San Luis Rey de los Francos.

                                                                  + Mons. Andrés Morello.


martes, 23 de agosto de 2011

22 de Agosto “Corazón Inmaculado de María”





Ya San Juan Eudes, en el siglo XVII, había difundido esta devoción.
En 1942, en plena II Guerra Mundial, el Papa Pío XII consagró el mundo al Corazón Inmaculado de María.
La fiesta del Corazón Inmaculado de María fue oficialmente establecida en toda la Iglesia por el papa Pío XII, el 4 de mayo de 1944, para obtener por medio de la intercesión de María "la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes".
Del texto de la consagración de Pío XII:
"Ante tu trono nos postramos suplicantes, seguros de alcanzar misericordia, de recibir gracias y el auxilio oportuno... Obtén paz y libertad completa a la Iglesia santa de Dios; detén el diluvio del neopaganismo; fomenta en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana y del celo apostólico, para que los que sirven a Dios aumenten en mérito y número"

Fundamento:
Después de su entrada a los cielos, el Corazón de María sigue ejerciendo a favor nuestro su amorosa intercesión. El amor de su corazón se dirige primero a Dios y a su Hijo Jesús, pero se extiende también con solicitud maternal sobre todo el género humano que Jesús le confió al morir; y así la veneramos por la santidad de su Inmaculado Corazón y le solicitamos su ayuda maternal en nuestro

El Inmaculado Corazón de María, nuestra madre, es el camino mas rápido y seguro para llegar a Jesús.
Veneramos el corazón que guarda todas las cosas de Dios en su Corazón y que nos ayuda a sanar y consagrar a Dios nuestro propio corazón.
Devoción de los Cinco Primeros Sábados: Es una devoción al Corazón de María. En diciembre de 1925, la Virgen se le apareció a Lucía Martos, una de las tres pastorcitas vidente de Fátima, y le dijo: "Yo prometo asistir a la hora de la muerte, con las gracias necesarias para la salvación, a todos aquellos que en los primeros sábados de cinco meses consecutivos, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen la tercera parte del Rosario, con intención de darme reparación".  Junto con la devoción a los nueve Primeros Viernes de Mes, ésta es una de las devociones más conocidas.
 Entreguémonos al Corazón de María diciéndole: "¡Llévanos a Jesús de tu mano! ¡Llévanos, Reina y Madre, hasta las profundidades de su Corazón adorable! ¡Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros!




Domingo X después de Pentecostés

(Evangelio según San Lucas capítulo 18 versículos del 9 al 14)
Homilía de San Agustín, Obispo.
Podía el fariseo haberse contentado con decir: “Yo no soy como muchos hombres”. Mas con estas palabras: “ Como los demás hombres”, ¿ no se refiere a todos, excepto a sí mismo?. Pero he ahí un publicano, ¡buena ocasión, semejante vecindad, para engreírse todavía más y más! Y efectivamente, el fariseo añade: “No soy tampoco como este publicano”. Como si dijera: yo soy un hombre aparte; éste es un hombre como los demás. Yo me distingo de este hombre en virtud de mis propios meritos, gracias a los cuales no soy malvado.

“Ayuno dos veces  a la semana: pago los diezmos de cuento poseo”. En estas palabras buscaríamos en vano lo que pide a Dios. Habiendo subido al templo a orar, en vez de pedir algo a Dios hace su propia apología. Y como si no fuera bastante alabarse a sí mismo en vez de rogar a Dios, insulta además al que esta rogando. “El, publicano, por el contrario, se mantenía apartado”, y, no obstante, estaba cerca de Dios.  El conocimiento de su conciencia le repelía, mas su piedad le aproximaba.  

Porque siendo el Señor altísimo, pone los ojos en las criaturas humildes. En cuento a los que se elevan, como lo hacía aquel fariseo, conócelos de lejos. Dios mira de lejos a los soberbios, mas no los perdona. Considera de nuevo humilde del publicano; no le basta permanecer apartado; sino que ni siquiera sus ojos osaba levantar al cielo; para atraerse las miradas del Señor, no se atrevía a mirarle, su conciencia lo amilanaba, peor la esperanza lo alentaba. Escucha todavía,: “Se daba golpes en el pecho”, él mismo se castigaba; por eso el Señor perdonó a aquel hombre que confesaba su miseria. “Golpeaba su pecho, diciendo: Dios mío, ten misericordia de mí que soy un pecador”. He ahí un hombre que ora. ¿por qué asombrarte de que Dios le perdone, cuando él mismo se confiesa pecador?

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