domingo, 12 de junio de 2011

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío

Extractos de la Encíclica del  Papa Pio XII,  sobre el Sagrado Corazón de Jesús llamada “Haurietis Aquas”, del 15 de Mayo de 1956.

Los grandes dones del Corazón de Jesús

“ Más, ¿Quién podrá describir dignamente las palpitaciones del divino Corazón, índice de su infinito amor, que de él brotaron en el momento de dar a los hombres sus máximos dones: esto es a sí mismo en el Sacramento de la Eucaristía, a su Santísima Madre, y el oficio sacerdotal comunicado con nosotros.


La Eucaristía
Además, antes de comer con sus discípulos la última cena, Cristo Señor Nuestro, conociendo que instituiría el Sacramento de su Cuerpo y Sangre, con cuya efusión debía consagrarse la Nueva Alianza, había sentido su Corazón agitado por vehementes latidos, que manifestó s los Apóstoles con estas palabras: “Con deseo deseé comer esta Pascua con vosotros antes de padecer” (Lucas 22,15). Y estos latidos fueron ciertamente más vehemente  cuando tomando “pan, dio gracias, lo partió, y dióselo diciendo: Esté es mi cuerpo, que por vosotros es entregado; haced esto en memoria de mí. Y el cáliz asimismo después de haber cenado diciendo: este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, el que por vosotros será derramado” (San Lucas 22,19-20)

El Sacerdocio
Con razón, pues, puede asegurarse que la divina Eucaristía, como sacramento y sacrificio, uno de los cuales da a los hombres, el otro personalmente él inmola desde el “Oriente hasta el Occidente” (Malaquías 1,11) y asimismo el sacerdocio, son ciertamente dones del sacratísimo Corazón de Jesús.

Su Madre
Y don por cierto preciosísimo de este sacratísimo Corazón es también, como hemos dicho, María Madre de Dios y Madre amantísima de todos nosotros. Pues la que fue Madre de nuestro Redentor según la carne, y su compañera en resucitar a los hijos de Eva a la vida de la gracia, fue saludada con razón Madre espiritual de todo el linaje humano. Y a este propósito escribe de ella San Agustín: “verdaderamente es Madre de los miembros del Salvador, que somos nosotros, porque cooperó con amor, para que los fieles naciesen en la Iglesia, que son miembros de su cabeza (Jesucristo)”

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