sábado, 14 de noviembre de 2015

Mes de María Inmaculada


ACORDAOS
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se
ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza,
a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benigna mente. Amén

4. María ejerce su maternal protección
“Yo soy la madre del amor hermoso” (Ecclo 24, 24), dice María; porque su amor, dice un autor, hace hermosas nuestras almas a los ojos de Dios y consigue como madre amorosa recibirnos por hijos. ¿Y qué madre ama a sus hijos y procura su bien como tú, dulcísima reina nuestra, que nos amas y nos haces progresar en todo? Más –sin comparación, dice san Buenaventura- que la madre que nos dio a luz, nos amas y procuras nuestro bien. ¡Dichosos los que viven bajo la protección de una madre tan amante y poderosa! El profeta David, aun cuando no había nacido María, ya buscaba la salvación de Dios proclamándose hijo de María, y rezaba así: “Salva al hijo de tuesclava” (Sal 85, 16). ¿De qué esclava –exclama san Agustín- sino de la que dijo: He aquí la esclava del Señor? ¿Y quién tendrá jamás la osadía –dice el cardenal Belarmino- de arrancar estos hijos del seno de María cuando en él se han refugiado para salvarse de sus enemigos? ¿Qué furias del infierno o qué pasión podrán vencerles si confían en absoluto en la protección de esta sublime madre? Cuentan de la ballena que cuando ve a sus hijos en peligro, o por la tempestad o por los pescadores, abre la boca y los guarda en su seno. Esto mismo, dice Novario,¡ hace la piadosísima madre con sus hijos. Cuando brama la tempestad de las tentaciones, con materno amor como que los recibe y abriga en sus propias entrañas, hasta que los lleva al puerto seguro del cielo. Madre mía amantísima y piadosísima, bendita seas por siempre y sea por siempre bendito el Dios que nos ha dado semejante madre como seguro refugio en todos los peligros de la vida. La Virgen reveló a santa Brígida que así como una madre si viera a su hijo entre las espadas de los enemigos haría lo imposible por salvarlo, así obro yo con mis hijos, por muy pecadores que sean, siempre que a mí recurran para que los socorra. Así es como venceremos en todas las batallas contra el infierno, y venceremos siempre con toda seguridad recurriendo a la madre de Dios y madre nuestra, diciéndole y suplicándole siempre: “Bajo tu amparo nos acogemos, santa madre de Dios”. ¡Cuántas victorias han conseguido sobre el infierno los fieles sólo con acudir a María con esta potentísima oración! La sierva de Dios sor María del Crucificado, benedictina, así vencía siempre al demonio.

BENDITA SEA TU PUREZA
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza. A Ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Amén.

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