miércoles, 18 de noviembre de 2015

19 de Noviembre
Mes de María Inmaculada


ACORDAOS
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se
ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza,
a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benigna mente. Amén

5. María nos ama por ser fruto de la muerte de Jesús
De aquí brota otro motivo por el que somos tan amados por María, y es porque sabe que nosotros somos el precio de la muerte de su Jesús. Si una madre viera a uno de sus siervos rescatado por su hijo querido, ¡cuánto amaría a este siervo por este motivo! Bien sabe María que su Hijo ha venido a la tierra para salvarnos a los miserables, como él mismo lo declaró: “He venido a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19, 10). Y por salvarnos aceptó entregar hasta la vida: “Hecho obediente hasta la muerte” (Flp 2, 8). Por consiguiente, si María nos amase fríamente, demostraría estimar poco la sangre de su Hijo, que es el precio de nuestra salvación. Se le reveló a la monja santa Isabel que María, que estaba en el templo, no hacía más que rezar por nosotros, rogando al Padre que mandara cuanto antes a su Hijo para salvar al mundo. ¡Con cuánta ternura nos amará después que ha visto que somos tan amados de su Hijo que no se ha desdeñado de comprarnos con tanto sacrificio de su parte!
Y porque todos los hombres han sido redimidos por Jesús, por eso María los ama a todos y los colma de favores. San Juan la vio vestida de sol: “Apareció en el cielo una gran señal, una mujer vestida de sol” (Ap 12, 1). Se dice que estaba vestida de sol porque, así como en la tierra nadie se ve privado del calor del sol, “no hay quien se esconda de su calor” (Sal 28, 7), así no hay quien se vea privado del calor del amor de María, es decir, de su abrasado amor. ¿Y quién podrá comprender jamás –dice san Antonino- los cuidados que esta madre tan amante se toma por nosotros? ¡Cuántos cuidados los de esta Virgen madre por nosotros! ¡A todos ofrece y brinda su misericordia! Para todos abre los senos de su misericordia, dice el mismo santo. Es que nuestra madre ha deseado la salvación de todos y ha cooperado en esta salvación. Es indiscutible –dice san Bernardo- que ella vive solícita por todo el género humano. Por eso es utilísima la práctica de algunos devotos de María que, como refiere Cornelio a Lápide, suelen pedir al Señor les conceda las gracias que para ellos pide la santísima Virgen, diciendo: “Dame, Señor, lo que para mí pide la Virgen María”. Y con razón, dice el mismo autor, pues nuestra Madre nos desea bienes inmensamente mayores de los que nosotros mismos podemos desear. El devoto Bernardino de Bustos dice que más desea María hacernos bien y dispensarnos las gracias, de lo que nosotros deseamos recibirlas. Por eso san Alberto Magno aplica a María las palabras de la Sabiduría: “Se anticipa a los que la codician poniéndose delante ella misma” (Sb 6, 14). María sale al encuentro de los que a ella recurren para hacerse encontradiza antes de que la busquen. Es tanto el amor que nos tiene esta buena Madre –dice Ricardo de San Víctor-, que en cuanto ve nuestras necesidades acude al punto a socorrernos antes de que le pidamos su ayuda.

BENDITA SEA TU PUREZA
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza. A Ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Amén.

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