SABADO 22 DE AGOSTO
MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
DÍA:XXII
Oh Corazón Inmaculado de María, lleno
de bondad, muéstranos tu amor por nosotros. Que la llama de tu corazón, oh
María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime
en nuestros corazones el amor verdadero, para que así tengamos un deseo
continuo de ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros
cuando estemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos, por
medio de tu Corazón Inmaculado, la salud espiritual. Haz que siempre podamos
contemplar la bondad de tu corazón maternal y que nos convirtamos por medio de
la llama de tu corazón. Amén.
MARÍA:
FIESTA DEL PURÍSIMO CORAZÓN
DE LA BIENAVENTURADA
La devoción al Corazón Inmaculado de María está dirigida a la
persona de la Madre
de Dios, teniendo en cuenta especialmente su corazón corporal, en cuanto éste
es el símbolo natural de la vida interior del alma y en cuanto éste representa
los siguientes aspectos: por una parte, Su purísimo y ardiente amor a la Santísima Trinidad , a Dios Padre, a
su Divino Hijo y al Espíritu Santo; por otra parte, el sentimiento maternal de
María para con el género humano, que Cristo le confió en la cruz con las
palabras: “Mujer, he ahí a tu hijo;…He ahí a tu Madre”(Jn 19,26 s) ;y, en
tercer lugar, su dolor por el pecado, “… y una espada atravesará tu alma”
(profecía de Simeón, Lc 2,35).
Esta forma de veneración nos recuerda que Ella, la Inmaculada , nació libre
de la mancha del pecado original y permaneció durante toda su vida sin pecados
personales.
La devoción al Corazón Inmaculado de María es querida por Dios, le
causa sumo grado y está enriquecida con grandes promesas para aquellos que la
abracen. En la aparición del 13 de junio de 1917, la Virgen de Fátima dice:
“Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A
quien la abrace le prometo la salvación, y serán queridas de Dios estas almas
como flores puestas por mí para adornar su trono”
La veneración al Inmaculado Corazón de la Madre de Dios está siempre
acompañada por la preocupación de consolar al Santísima Virgen y de desagraviar
también los pecados con los cuales se le ofende. Este carácter se ha
profundizado especialmente con las apariciones de la Virgen María en Fátima y con la
introducción de la devoción de los cinco primeros sábados en reparación de las
ofensas hacia su doloroso Corazón. En la mencionada aparición en Pontevedra, la Bienaventurada
Virgen dijo:
“Mira, hija mía, mi Corazón, cercado de espinas, que los hombres
ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos,
procura consolarme y di que a todos aquellos que durante cinco meses, el primer
sábado se confiesen, reciban la Santa
Comunión , recen la tercera parte del Rosario y me hagan
quince minutos de compañía, meditando los quince misterios de Rosario con el
fin desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de su muerte con todas la
gracias necesarias para la salvación de sus almas.”
La devoción al Corazón de Maria es mucha más antigua que Fátima.
Ya en la Edad
Media se practicaba esta forma de piedad en privado. Sin embargo,
la devoción pública comenzó en el siglo XVII con San Juan Eudes, quien fue
guiado a la doble devoción de los Corazones de Jesús y María.
El Papa Pío IX (1846-1878) concedió para
ello un formulario de Misa y un Oficio propio. Finalmente, el Papa Pío XII introdujo en el año 1942, con ocasión de la Consagración del
mundo al Corazón Inmaculado de María la fecha del 22 de agosto como fiesta en
honor del Corazón Inmaculado y la extendió a toda la Iglesia Católica.


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