viernes, 21 de agosto de 2015

Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del S...



MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

DÍA:XXI

Oh Corazón Inmaculado de María, lleno
de bondad, muéstranos tu amor por nosotros. Que la llama de tu corazón, oh
María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime
en nuestros corazones el amor verdadero, para que así tengamos un deseo
continuo de ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros
cuando estemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos, por
medio de tu Corazón Inmaculado, la salud espiritual. Haz que siempre podamos
contemplar la bondad de tu corazón maternal y que nos convirtamos por medio de
la llama de tu corazón. Amén.

La
Maternidad Divina
de
María


El dogma de la Maternidad Divina se refiere a que la Virgen María es
verdadera Madre de Dios Y
El Papa Pío XI, en 1931, al conmemorarse el
XV Centenario del Concilio de Éfeso instituyó en su honor la fiesta de María,
Madre de Dios y determinó que su celebración sea el 11 de octubre. 
 Fue solemnemente
definido por el Concilio de Efeso (año 431). Tiempo después, fue proclamado por
otros Concilios universales, el de Calcedonia y los de Constantinopla.
El Concilio de Efeso, del año 431,
siendo Papa San Clementino I (422-432) definió:
"Si alguno no confesare que el
Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen
es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea
anatema."
El Concilio Vaticano II hace referencia
del dogma así:
"Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen
es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con
sus súplicas en todos sus peligros y necesidades" (Constitución
Dogmática Lumen Gentium, 66
).

Santa Juana de Chantal

Fundadora

Año 1641


Que Santa Juana nos
consiga de Dios la gracia

de dedicar totalmente nuestra vida y nuestras fuerzas

 y capacidades a propagar el Reino de Dios y

a conseguir la salvación de muchas almas.
Nadie tiene mayor amor
que quien sacrifica

 su vida por los demás (Jesucristo Jn. 15, 13).

Esta santa fue la más activa colaboradora de San
Francisco de Sales en la fundación de la comunidad de las Hermanas de la Visitación.

Nació en Dijon, Francia, en 1572. Era hija del
Presidente del Parlamento de esa región, el Sr. Fremiot, hombre muy distinguido y apreciado. Su santa madre murió cuando la niñá tenía apenas 18 
meses, y toda la educación de la futura santa en sus primeros años corrió por cuenta de su padre, el cual supo encaminarla hacia la consecución de una gran personalidad.
Cuando la niña tenía aproximadamente unos ocho
años, llegó a su casa un protestante, el cual decía que no era posible que
Dios convirtiera una hostia en el cuerpo de Cristo. La jovencita le preguntó:
"¿Sabe Ud. el Credo?". - Claro que sí, respondió el otro-
"¡Pués dígalo!" Y el protestante empezó a decir: Creo en Dios Padre
Todopoderoso... En ese momento Juana lo interrumpió exclamando: -¡Uy, no diga
Ud. eso de que Dios es Todopoderoso!- ¿Por qué? - ¡Porque si Dios no puede
hacer que una hostia se convierta en el cuerpo de Jesucristo, ya Dios no es
Todopoderoso!- El otro no fue capaz de responderle.

En 1592, al cumplir Juana sus 20 años, se casó con
el Barón de Chantal, un aguerrido militar que poseía un castillo cerca al de la familia de la joven. En adelante ella se llamará la Señora Fermiot de Chantal. Su matrimonio transcurrió felizmente por nueve años, y tuvierón un hijo y tres hijas. Pero en 1601 el esposo salió de cacería y a uno de sus compañeros se le disparó el arma y lo hirió mortalmente. Ya moribundo el Sr. Chantal hizo jurar a Juana que no tomaría ninguna venganza contra el que lo
había herido, y murió santamente. Ella quedaba viuda de sólo 29 años y con cuatro hijos pequeños. Fue después madrina de los hijos del que había matado a su marido, y para demostrar que sí perdonaba totalemente, ayudó siempre a esa familia.

Por dos años le pidió a Nuestro Señor la gracia de
encontrar un director espiritual que la encaminara hacia la santidad. Y una
vez en sueños vio a un sacerdote alto y venerable, y oyó una voz que le
decía: "Ese es". - Ella no lo había visto nunca antes. Y en el año
1604 San Francisco de Sales fue a la ciudad de Dijon a predicar la Cuaresma, y Juana
asistió a sus sermones, y tan pronto lo vio la primera vez, se dio cuenta de
que este era el sacerdote que le había sido indicado en el sueño. Por su
parte San Francisco fijó su atención en una señora de riguroso luto que le
atendía muy esmeradamente su sermón y al terminar la predicación le preguntó
al Sr. Arzobispo quién era la tal señora.- "Es mi hermana - le dijo el
prelado - y mañana se la presento". Al día siguiente llevó a su hermanaa
Juana a visitar a Monseñor de Sales.

Desde el primer día en que se encontraron, San
Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal, se dieron cuenta de que estaban
destinados a ayudarse fuertemente en lo espiritual el uno al otro. La santa
hizo con él una confesión general de toda su vida, y le pidió que fuera su
director espiritual. Esta amistad santa la hará progresar mucho en la
perfección. El personal de servicio que había en el Castillo de Dijon, donde
Juana vivía (al lado de su suegro duro gruñón, que la hizo sufrir muchísimo,
pero del cual ella nunca se quejó), comentaba: "Esta señora ha cambiado
como la noche al día, desde que recibe consejos del santo obispo de Sales.
Ahora es mucho más amable y bondadosa".

La viuda Juana se dedicó a educar a sus hijos, y a
administrar muy bien los bienes que le había dejado su marido, y a repartir
cuantiosas limosnas a los pobres. Había hambre y escasez en el país y cada
día una gran fila de mendicantes llegaba al castillo a recibir abundante
comida y buenas atenciones médicas. Ella misma visitaba en sus ranchos a los
que estaban postrados y asistía a los enfermos más repugnantes y abandonados.
Todo el numeroso personal de trabajadores de sus fincas rezaba las oraciones
por la mañana y por la noche, asistía a misa cada domingo y recibía
instrucciones religiosas cada semana. La amaban como a madre cariñosa.

Su inmenso deseo era el de hacerse religiosa, pero
San Francisco se oponía a ello, porque primero tenía que educar bien a sus
hijos. Finalmente cuando estos ya estuvieron bien formados y preparados para
triunfar en la vida, el santo aceptó que se fuera de religiosa. Pero entonces
su padre y sus hijos se opusieron totalmente. El papa se le arrodilló
llorando, a suplicarle que no se alejara de los suyos, pero ella seguía
inconmovible en su determinación de seguir su vocación. Su hijo se acostó en
la puerta diciendo que tendría que pasar sobre él si quería irse de
religiosa. La valiente mujer, pasó sobre el cuerpo de su muy amado hijo, y
casi desmayada por su inmenso pesar se alejó llorando y partió velozmente
hacia el sitio en donde iba a empezar su labor de religiosa. Todos sus
parientes se alegrarán después y se felicitarán por tener de familiar a una
religiosa de tanto prestigio y de tan grande santidad.

San Francisco de Sales había preparado con muchos
años de oración y de meditación la fundación de una nueva comunidad de
religiosas. Las llamó Hermanas de la Visitación de la Sma. Virgen. El
santo obispo encontró en Juana Francisca la mujer ideal para que le dirigiera
su comunidad de mujeres. Así que en 1610, los dos santos emprendieron la
fundación de esta nueva Congregación que tantos triunfos religiosos le iba a
proporcionar a la
Iglesia Católica.
Esta comunidad tenía la especialidad de
que recibía personas aun con graves defectos, y muy pobres, con tal de que
tuvieran un fuerte deseo de llegar a la santidad. San Francisco repetía que
cada casa religiosa es un hospital de almas a donde acuden quienes tienen el
alma enferma, pero desean conseguir su curación espiritual.


Pronto se hizo popular en el mundo el Reglamento
tan bondadoso y humano que el santo de Sales redactó para sus religiosas de la Visitación. Se
propuso que no fuera "ni demasiado duro para las débiles, ni demasiado
suave para las fuertes". El santo quería que la bondad, la mansedumbre y
la humildad fueran las características o distintivos de sus religiosas, y
santa Juana y sus compañeras se propusieron llevar a la práctica lo mejor
posible estos ideales del santo fundador.

Para ellas y para las demás mujeres que desearan
llegar a la santidad por medios fáciles y sencillos, compuso San Francisco
tres libros formidables que han hecho inmenso bien en todo el mundo "La Práctica del amor de
Dios" (el preferido por Santa Juana), que la llevó a ella a un altísimo
grado de amor hacia nuestro Señor. "Las conversaciones
Espirituales" (que son las charlas que el santo les hacía a las
religiosas cuando iba a visitarlas y que la Madre Chantal y
sus compañeras fueron copiando cuidadosamente) y El arte de aprovachar
nuestras faltas que no fue redactado como libro por el santo, sino que ha
sido extractado de los centenares de cartas que el escribió a las personas a
las cuales proporcionaba dirección espiritual por correspondencia. Estos
escritos sumados a su libro más famoso "La introducción a la Vida Devota" (o
Filotea) llevaron a la
Madre Chantal
y a sus compañeras a un altísimo grado de
espiritualidad.

Su padre, el Presidente Fremiot, había formado a
Juana con una rigidez especial, como preparándola para terribilísimos
problemas que se le pudieran presentar en la vida, y esta formación le llegó
muy oportuna, porque el sartal de dificultades que le fueron llegando,
parecía interminable.

Primero fue la muerte inesperada de su esposo en
tan absurdo accidente y el aguantar pacientemente por años a su suegro, viejo
gruñón y cansón. Luego su hijo Celso, al cual había preparado con tanto
esmero, entró de militar, y al salir a defender la patria contra los
invasores extranjeros y contra los herejes hugonotes, cayó muerto en la
batalla, dejando una viuda muy joven y una niña recién nacida (de cuya
formación tuvo que encargarse la madre Chantal). Una de sus hijas se casó con
un alto empleado de la corte, el cual murió inesperadamente en una epidemia,
y la joven esposa en medio de grandes angustias murió al dar a luz a su
primer hijo.

En 1622 murió San Francisco de Sales, dejándola
sola al frente de una numerosa Comunidad, recién fundada, y luego llegó la
peste que acabó con buena parte de las religosas de su comunidad. Además de
todo esto, la alta sociedad no dejaba de criticarla y burlarse de ella por
haber entrado de religiosa (San Francisco le escribía una vez: "Si Ud.
se hubiera casado nuevamente con un señor riquísimo, la gente no la
criticaría, pero como se dedicó a servir al Creador del cielo y de la tierra,
ahora sí que la critican sin compasión. Ánimo: trabajar y hacer el bien
incansablemente, y dejar que murmuren hasta que se revienten").

Cuando San Francisco de Sales murió, se encargó de
la dirección espiritual de Juana y de sus religiosas, San Vicente de Paul, y
este santo dejó de ella el siguiente retrato espiritual: "Era una mujer
de gran fe y sin embargo tuvo tentaciones contra la fe toda su vida.
Aparentemente había alcanzado la paz y la tranquilidad del espíritu, pero en
su interior sufría terribles pruebas, tentaciones abominables y una sequedad
espiritual que la hacía sufrir mucho. La vista de su propia alma la
atormentaba. Pero en medio de tan grandes sufrimientos jamás perdió la
serenidad y el buen genio, y todo lo hacía por amor a Dios y por la salvación
de las almas. Por eso la considero como una de las almas más santas que haya
habido sobre la tierra". Magnífico elogio hecho por un gran santo,
acerca de una santa admirable.

En 1641 había visitado ya uno por uno los 65
conventos que su comunidad tenía en varios países. Tenía 69 años. Le había dicho
a Nuestro Señor: "Puedes destruir y cortar y quemar todo lo que en mí y
en mi vida te parezca que es necesario sacrificar para cooperar a la
extensión de tu reino". Y Dios le había aceptado su generoso
ofrecimiento. Extenuada y falta de fuerzas a causa de tanto trabajar y
sacrificarse por la salvación de las almas, expiró santamente el 13 de
diciembre de ese mismo año, 1641. El Papa la declaró santa en 1767.

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