martes, 7 de julio de 2015

Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del S...

San Cirilo, monje (827-869), y San Metodio, obispo (c. a.
825-885).


Dos hermanos del siglo
IX, apóstoles de los eslavos, inventores del alfabeto cirílico –glagolítico–,
padres de la literatura paleoeslava.
Nacieron en Tesalónica
(Grecia), hijos del magistrado León. Cirilo se llamaba Constantino y nació en
el año 827; Metodio se llamaba Miguel, era un poco mayor. Murió el padre cuando
Miguel tenía 14 años. Se hace cargo de la educación el logoteta imperial Teoctisto.
Llevó a Cirilo a Constantinopla para educarlo con el futuro emperador Miguel
III. Tuvo por maestros a León el Matemático y a Focio, el futuro patriarca
cismático. Allí estudia gramática, retórica, matemáticas, astronomía, física,
música y filosofía.
Cirilo no quiso
casarse. Esperándole un estupendo porvenir en la estructura imperial, se hizo
diácono y bibliotecario patriarcal. Ocultamente se retiró a un monasterio del
Bósforo. Pero accedió a los ruegos insistentes que le hicieron para enseñar en
Constantinopla y ocupó la cátedra de Filosofía y Teología, llegando a recibir
el segundo nombre de «el Filósofo» por el que lo reconocían.
Por este tiempo debió intervenir en la disputa contra el Patriarca Juan VII,
llamado «el Gramático», cuando estalló la controversia
iconoclasta.
Metodio quiso
mantenerse en el terreno de la política; es el gobernador o administrador
(arconte) probablemente de Macedonia de la provincia habitada por eslavos.
Luego se hizo monje y en el 840 se le ve en Bitina, en el monte Olimpo, en el
monasterio de Polychron.
Las revueltas
políticas del 855 hicieron que Cirilo abandonara su cátedra y se fuera a vivir
con su hermano Metodio, al monasterio, para dedicarse a la oración y al
estudio. En el 860, los dos hermanos formaron parte de una misión enviada en el
año 860 por el emperador bizantino Miguel III, llamado «el
Beodo»
, a los jázaros, un pueblo tártaro que toleraba todas la
creencias y cuyos gobernantes practicaban el judaísmo; van a una misión
político-religiosa al Quersoneso, bien pertrechados intelectualmente para poder
discutir con judíos y sarracenos. Dicen que fue la oportunidad para encontrar
milagrosamente las reliquias del papa Clemente I, desterrado al Quersoneso y
martirizado arrojándolo al mar con un ancla atada al cuello. La misión tuvo
éxito con la conversión del pueblo después de las disertaciones públicas con
los judíos y mahometanos.
El príncipe Ratislao
de Moravia –en la actualidad la zona oriental de la República Checa
quiere contrarrestar la molesta y pertinaz influencia germánica; pidió al
emperador Miguel le enviase misioneros que hablasen eslavo y allá van los
hermanos Cirilo y Metodio en el 863. Fue en esta ocasión cuando inventaron el
alfabeto cirílico que está basado en caracteres griegos y con algunas
modificaciones configura los actuales alfabetos del ruso, del ucranio, del
bielorruso, del serbio y del búlgaro, poniéndose de inmediato a la traducción
de la Sagrada
Escritura.
Está relacionado con el alfabeto glagolítico, que
emplearon hasta el siglo XVII los eslavos católicos de obediencia romana y que
pervive hoy únicamente en la liturgia de algunas comunidades católicas de la
península de los Balcanes. Los hermanos eslavoparlantes atravesaron Panonia;
los recibió el príncipe Kocel con toda la cordialidad posible y les facilitó
abrir escuela para dar formación a los muchachos. Más éxito entre los eslavos.
Pero los clérigos
germanos soliviantaron por envidia a sus obispos, que se enfurecieron contra
los dos misioneros, con el agravante de que estalló el cisma de Focio en
Oriente y el heresiarca había sido maestro de Cirilo; la envidia hizo que
fueran acusados de herejía y de pasarse las reglas empleando la lengua eslava
en la celebración de los misterios en la liturgia. Tuvo que intervenir el papa
Nicolás I, llamándolos a Roma; los recibió el papa que le sucedió, Adriano II.
Fue la ocasión de entregarle las reliquias de san Clemente; se les reconoció su
ortodoxia y quedaron autorizados para utilizar el eslavo como lengua propia
litúrgica. Más aún, el papa ordenó sacerdote a Metodio.
Aquí fue cuando Cirilo
enfermó gravemente y murió en Roma el 14 de febrero del 869, a los cuarenta y dos
años de edad. Lo enterraron en la iglesia de San Clemente.
Este hecho provocó un
cambio de planes desde Roma de cara a la evangelización de los pueblos eslavos.
Consagraron obispo a Metodio, lo hicieron arzobispo de Moravia y legado papal
para todos los asuntos eslavos.
A su vuelta,
resucitaron todas las rencillas y envidias germanas, hasta el punto de ser
condenado en el concilio de Ratisbona a la cárcel o al exilio; menos mal que la
firme intervención del papa Juan VIII, en 873, le devolvió toda la autoridad y
prestigio. Pero la clerecía germana no se contentó ni dejó de poner
dificultades con descalificaciones por heterodoxia. No hubo más remedio que
desde Roma mandaran leer, en primer lugar, los textos en latín y, a
continuación, repetirlos en eslavo.
Metodio murió
probablemente el 6 de abril del 885, en la ciudad de Vellherad, después de
haber completado la obra de verter al eslavo toda la Sagrada Escritura,
los Santos Padres y los textos litúrgicos que comenzara con su hermano; se
enterró en su propia catedral.
Siempre se
caracterizaron por el gran esfuerzo misionero y evangelizador, por la
permanente unión con la suprema autoridad en la Iglesia, sin miedos a las
interpretaciones que los demás hacían de su estilo que era el que le iba a los
eslavos.
Cirilo y Metodio fueron canonizados en 1881 por el papa León XIII.

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