jueves, 2 de julio de 2015

Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del S...

FIESTA DE LA: VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA A SU PRIMA SANTA ISABEL
DIA: II DE JULIO
Evangelio según san Lucas 1, 39-45



En aquellos días, se levantó
María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró
en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el
saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de
Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres
y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga
a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el
niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le
fueron dichas de parte del Señor! 




Reflexión



El evangelio de San Lucas nos narra el Anuncio del
ángel a María como "de puntillas", con gran respeto, venerando a los
protagonistas de este diálogo único. Hoy, sin embargo, asistimos a aquella
"segunda anunciación". La que el Espíritu Santo revela a santa Isabel
en el momento de reconocer en María a la Madre de su Señor. Estas dos mujeres viven y
comparten el mayor secreto que pueda Dios comunicar a los hombres, y lo hacen
con una naturalidad sorprendente. Por su parte, María, la llena de gracia, no
sólo no se queda ociosa en su casa. Ser Madre de Dios no desdice un ápice de su
condición de mujer humilde, de modo que va en ayuda de su prima. Isabel, por su
parte, anuncia, inspirada por el Espíritu, una gran verdad: la felicidad está
en el creer al Señor.




Cuando alguien se profesa cristiano, su fe y su
vida; lo que cree y cómo lo vive, son dos esferas que están íntimamente unidas.
Quien piense que "creer" es sólo profesar, y no practicar la religión
tiene  una pobre visión del término.
Porque cuando se cree de verdad se empieza a gustar las delicias con que Dios
regala a las almas que le buscan con sinceridad. La pedagogía de Dios es tan
sabia que sabe impulsarnos, dándonos a saborear su felicidad, -que es inmensa e
incomparable-, cuando somos fieles. Es un gozo que, sin casi quererlo, nos
lleva a más, nos invita a entregarnos con más generosidad a la realización de
un plan que va más allá de nuestra visión humana. Isabel reconoce en su prima
esa felicidad porque ha creído, pero además porque en consecuencia, su vida ya
no respondía a un plan trazado por ella, sino por su Señor. Ella estaba también
encinta ¿por qué era necesario un viaje en las condiciones de aquel tiempo...?




Preguntémonos, si hoy queremos ser felices, ¿cómo
va mi fe en la presencia de Dios en mi vida? Si lucho por aceptarla y vivirla
ya tengo el primer requisito para mi felicidad. Aunque tenga que trabajar y
sufrir, sabré en todo momento que Dios está a mi lado, como lo estuvo de María
y de Isabel.




Propósito



Vivir hoy con la resolución de servir, por amor a
DIOS, a las personas con las que convivo.

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