jueves, 11 de septiembre de 2014

Sermón de San Agustín, Obispo -Dulce Nombre de María

Hemos llegado, amadísimos hermanos, al día deseado, al día de la Santa y Venerable Virgen María. Entréguese nuestra tierra, honrada con el nacimiento de una Virgen tal ilustre, a los más alegres transportes de júbilo. Ella es la flor de los campos, de la cual ha nacido el precioso lirio de los valles, con su parto se ha cambiado la suerte de nuestros primeros padres y se ha borrado su culpa. La sentencia de maldición: “Darás a luz a los hijos con dolor”, dictada contra Eva, no se aplicó a María, la cual dio a luz llena de gozo al Señor.

Eva lloró, María se llenó de júbilo; Eva llevó en su seno un fruto de lágrimas, María un fruto de alegría, ya que un dio a luz a un pecador y la otra a un inocente. Por la madre de nuestro linaje entró el castigo en el mundo, por la de nuestro Señor, la salvación. En Eva se halla la fuente del pecado; en María, la del mérito. Eva nos perjudicó, dándonos la muerte; María nos favoreció, devolviéndonos la vida. Aquella nos hirió, éstas nos curó. La desobediencia ha sido reemplazada por la obediencia y la incredulidad por la fe.

Puelse ahora María los instrumentos músicos, y que los ágiles dedos de la Virgen Madre hagan vibrar los tímpanos con festivas modulaciones. Respóndanle gozosos nuestros coros, y que en dulce concierto nuestras voces alternen con sus melodioso cánticos. Escuchad los inspirados acento de nuestra cantar: “Glorifica mi alma al Señor, y mi espíritu está transportados de gozo en Dios, mi Salvador. Porque miró la humildad de su esclava he aquí que desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Por que hizo conmigo grandes cosas el que es todopoderoso, y cuyo nombre es santos”. Así, pues, el prodigio de una maternidad completamente nueva ha remediado una falta que nos había perdido, y el canto de María ha puesto fin a los lamentos de Eva.

Sermón de San Agustín, Obispo 

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