jueves, 2 de enero de 2014

Compañía de Jesús y de María Monasterio Nuestra Señora de Guadalupe


Reverendos Padres
Queridos Fieles
        
         Quiera Dios bendecirles.
         Este es mi saludo navideño un poco tardío a causa de los inconvenientes de salud de los últimos cuarenta días. Acostumbrado a tener buena salud fue algo novedoso para mi el verme enfermo o convaleciente, aún así, se que nada escapa a las manos de Dios Quien durante todo este tiempo me cuidó y protegió como durante toda la vida.
         Debo agradecerles la exquisita caridad que mostraron para conmigo, sus oraciones y preocupación que superó en mucho lo poco que yo pude haber hecho por Ustedes.
         Un sacerdote, un obispo, un religioso no ha tomado hábito, no ha profesado compromisos solemnes ante Dios y la Santa iglesia por el propio interés. Es natural que queramos salvarnos pero lo que debe conquistar y cautivar el alma de un eclesiástico es el amor de Dios. “Dilexit me et tradidit semetipsum pro me” decía San pablo (Gal. 2, 20) “me amó y se entregó por mi”. No es más que un ejemplo sublime e inimaginable de lo que hemos de hacer. Dar a Dios Nuestro Señor lo que somos y tenemos, hacer el bien a los demás cuanto podamos. La Santa Iglesia, sus fieles azorados delante de un mundo en caída libre, ante los ejemplos desoladores de un clero mundanizado y de un sacerdocio inconsistente, ante una jerarquía más de lobos que de Pastores, necesitan ejemplos sólidos capaces de convencer. Cuando Roma y su Imperio se rindieron a la Fe Católica toda religión valía con tal que se adorase a los emperadores reinantes y que no se pusiese en tela de juicio la inmoralidad comúnmente aceptada. El paganismo se derrumbó delante del ejemplo de hombres que todo lo daban por Dios.
         Pidamos al Santo Niño Dios y a su Madre Admirable y a todos los sagrados personajes del Pesebre la gracia de un pueblo verdaderamente católico y, para ello, de sacerdotes fieles y abnegados.
         Nuevamente toda mi gratitud y afecto, Santa Navidad para todos.
                                                          Patagonia Argentina 26 de diciembre del 2013.

                                                               + Mons. Andrés Morello.

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