domingo, 24 de febrero de 2013

II Domingo de Cuaresma


Santo Evangelio según San Mateo 17, 1-9
Se toma la Homilía del Libro de San Agustín, Obispo Contra la mentira.
Comentando el texto bíblico del Génesis 27, 1-10

Aquello que hizo Jacob movido por su madre, para engañar, al parecer, a su padre, si se considera debida y diligentemente, no fue una mentira sino un misterio. Y a la verdad, si aquello llamamos mentira, por el mismo motivo también todas las parábolas y figuras de que nos servimos para significar alguna cosa, las cuales no se han de tomar en sentido propio sino en sentido figurado, se deberían tener por mentiras, lo que ciertamente es muy falso. Ya que el que esto piense, podría dar el mismo nombre a los tropos y a muchas maneras de hablar, de tal suerte que la misma metáfora, esto es, la aplicación de una expresión propia a una significación no propia, podría por el mismo motivo llamarse también mentira.

Las palabras expresan lo que dan a entender; pueden a veces tomarse por mentiras por que no entendiéndolas en su verdadero significado se cree que anuncian cosas falsas. Para que esto se entienda mejor por medio de ejemplos, examinemos la acción misma de Jacob. No hay duda de que cubrió sus miembros con pieles de cabrito. Si inquirimos la causa próxima, tendremos esto por mentira, pues hizo esto aparecer lo que no era. Mas si lo referimos a aquello para cuya significación fue verdaderamente hecho, hallaremos que por las pieles de cabritos son significados los pecados, y por aquel que se cubrió con ellas, se designa no el que llevó los propios pecados, sino los ajenos.

Tomada, pues, esta acción en su verdadero significado, de ningún modo se puede llamar mentira. Y lo que decimos de la acción podemos decirlo de las palabras. En efecto, cuando Isaac pregunto a Jacob: ¿Quién eres tú, hijo? El respondió: Yo soy Esaú tu primogénito. Si esto se aplica a aquellos dos hermanos gemelos, parecerá mentira; más si se aplica a aquellos para cuya significación estas cosas fueron dichas y realizadas, debemos reconocer aquí, presente en su cuerpo, que es la Iglesia, a aquel que dijo, aludiendo a esta historia: “Cuando vieres a Abrahán e Isaac y Jacob y a todos los Profetas en el reino de Dios, y que a vosotros se os arroja fuera, vendrán de Oriente y Occidente, del Aquillón y del Austro, y se sentarán en el reino de Dios”. Y : “He aquí que son los últimos los que eran los primeros, y son primeros los que eran últimos”. Obrando de esta manera, el hermano menor quitó en cierta manera la primogenitura al mayor, y se apropió los derechos de su hermano.

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