domingo, 26 de agosto de 2012

XIII Domingo después Pentecostés



(Evangelio según San Lucas 17, 11-19)

Un Dogma Olvidado

Doctrina bíblica acerca del Purgatorio 

1) Existe un lugar de expiación donde se purifican las almas de los justos que salen de esta vida con manchas de pecado. estas manchas son la pena temporal debida, sea de los pecados mortales ya perdonados en cuanto culpa y pena eterna, sea a los pecados veniales no expiados antes de la muerte.

Apocalípsis 21:27 (nada manchado puede entrar en el cielo)

II Macabeos 12: 43-46 (el sacrificio de Judas Macabeo manda ofrecer por los judíos difuntos, despues de una vida piadosa).

San Mateo 12:32 (si el pecado contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en esta vida, ni en la otra, hay por consiguiente pecados que se perdonan en la otra vida. Evidentemente no se perdonan en el cielo, adonde nada manchado puede entrar; ni en el infierno, donde se hallan los que se han condenado para siempre. Por tanto, hoy un lugar de expiación en la otra vida, donde se purifican las almas de los justos, que no se han purificado totalmente  en esta vida).

I Corintios 3: 11-15 (Según todo el texto, se trata aquí de los predicadores del Evangelio que edifican sobre Cristo: oro, plata, piedras preciosas-o sea, la doctrina buena, que reviste la prueba de fuego-o madera, heno, hojarasca-o sea una doctrina vana aunque no contraria al fundamento que es Cristo-, doctrina que será consumida por el fuego. Aquel cuya doctrina resiste el fuego, recibe la recompensa de su buena obra; pero él mismo se salvará (esto es, no sufrirá  condenación eterna), pero por el fuego, osea, padeciendo alguna pena. por tanto, según el texto que estamos analizando, el predicador vano, ni será condenado al Infierno, ni podrá llegar al Cielo, sin sufrir el castigo por su vana doctrina).

De aquí se deduce con pleno derecho y perfecta lógica, que cualquier cristiano puede hallarse en la hora de la muerte en estado de gracia, pero teniendo que padecer algo antes de entrar al cielo. Así el dogma católico del Purgatorio revela la justicia y santidad de Dios, que aborrece hasta la sombra del pecado. Además estimula al alma a la penitencia y consuela al pecador que se convierta a última hora, el cual de otra manera apenas podría esperar llegar del fango del vicio al cielo.

2) Las almas detenidas en el Purgatorio, pueden ser ayudadas con nuestro sufragios. Se desprende del texto arriba citado de II Macabeos 12: 43-46.
  Notas explicativas

1-Acerca del Purgatorio, lo único que sabemos por la Revelación, es que existe y que los fieles pueden ayudar a las almas allí detenidas con sus sufragios. La existencia del Purgatorio se convence ser una realidad, además por la siguiente reflexión: todo pecado, como violación que es del orden moral fundado en la ley eterna de Dios, de ordinario exige para ser perdonado además del arrepentimiento, una satisfacción proporcionada a la gravedad de la culpa. Sabemos que por el bautismo se perdonan juntamente los pecados y la pena total por ellos debida, por ser este Sacramento una muerte al pecado y una regeneración perfecta en Cristo. En cambio, por el Sacramento de la Penitencia, aunque se perdonan los pecados y la pena eterna, comúnmente no se perdona totalmente la pena temporal, de lo cual es clara señal que una de las partes integrantes del Sacramento es la satisfacción. Esta satisfacción se ha de pagar, o en esta vida o en la otra.

Aun en el Antiguo Testamento se hallan pasajes que ilustran muy bien estas doctrina: David, por ejemplo, apenas reconoció su pecado y se dolió de él con íntima contricción, mereció oir del Profeta Natán que Dios le había perdonado, pero inmediatamente añadió el profeta que, por haber dado el rey ocasión a los enemigos de Yahvé para que se escandalizaran, sentiría sobre si la mano vindicativa de Dios, viendo morir al hijo de su pecado (II Samuel 12: 13-18).

Ni sólo se comprende que existe el Purgatorio, para que se acabe de pagar la pena temporal cuya satisfacción completa exige la divina justicia; sino además, porque dejando muchas veces los pecados en el alma cierta afición habitual al mismo pecado y, por tanto, cierta actitud de desafecto a la voluntad santísima de Dios, se explica la necesidad de que dicha afición desordenada se extinga por completo, como resultado del ansia impetuosa que los mismos castigos expiatorios excitan en el alma, de unirse con su Dios y de abrazarse a aquella Santidad Infinita mediante actos intensos de caridad. 

2- ¿Cuánto tiempo habrá de permanecer en el Purgatorio cada una de las almas que allí padecen? Nada en concreto se puede afirmar. Una cosa, sí,  es dable conjeturar con legítimo discurso: que aquellas personas, cuya vida haya transcurrido entre innúmeros pecados, sin haberse negado ningún deleite ni comodidad del mundo, habrán de sobrellevar un Purgatorio muy largo, aun en el supuesto de que por una conversión sincera hayan muerto en gracia de Dios. Algunos cristianos, cuya vida es una perpetua muerte a sí mismo y una ininterrumpida fidelidad a la voluntad y gusto de Dios, podrán sentir un primer movimiento de desagrado al ver que esos pecadores a que acabamos de aludir, se han salvado con tanta facilidad, mientras ellos, después de una existencia tan sacrificada, los habrán de ver junto a sí, compañeros de la misma gloria. Piensen, con todo, que esta aparente falta de equitativa justicia, de hecho no se da. La explicación de ello, la tienen en este mismo dogma del Purgatorio. ¿Quien nos dice que estas almas arrepentidas en los últimos días de una vida de pecado, irán muy pronto a gozar de Dios juntamente con las almas más santas? Algunas como la del Buen Ladrón, por ejemplo arrepentida en circunstancia excepcionales y con una contrición extraordinaria, puede ser que sí. Mas lo lógico es- y aquiétense con estos algunos cristianos incomprensivos- que aquellas almas en su vida tan pecadoras, tengan que padecer castigos muy duros durante largo tiempo. ¿cuanto tiempo? el Dios de las justicias, que escudriña rigurosamente las conciencias, sabrá proporcionar ese tiempo a la vida por tantos años inicua de los que, por su infinita misericordia, consiguieron salvarse.

Lo que tampoco se puede negar es que el Purgatorio será también más doloroso y largo para aquellas personas que, habiendo recibido de Dios muchas gracias, tanto para sí mismas como para provecho de los demás por sus cargos de responsabilidad, no respondieron con una fidelidad proporcionada a la profusión de los beneficios divinos. Temerosos es el pasaje del Evangelista San Lucas en que estos se insinúa (San Lucas 12:48). 

 3- El no pensar casi nunca en este dogma Católico del Purgatorio, es tal vez una de las causas principales de esa desenfrenada afición a una vida de comodidades, diversiones y gustos cada día crecientes, que es una de las características de estos tiempos. ¡Cuántos mejor lo entienden todas aquellas almas no pocas en numero, por cierto, que se dan por amor a Dios y al prójimo, a una vida de abnegación y penitencia del todo opuesta al libertinaje contemporáneo! Como saben muy con su frecuente meditación de las verdades eternas, que la pena debida por los pecados que se ha de pagar en esta vida o en la otra, se apresuran a abrazarse voluntariamente con ese tenor de vida tan penosa, para ahorrarse en el otro mundo tiempo tal vez largo de purgatorio. Al revés, los mundanos que corren locamente tras los placeres ¡ Qué sorpresa recibirán tan impensada, después de su muerte, ante las perspectiva de una purgatorio horriblemente prolongado, aun teniendo la suerte de morir bien!

Tomado del Manual de Estudios Bíblicos Católicos, 2° Edición, María B. Daiber-Librería Salesiana. 

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