martes, 24 de abril de 2012

2° Domingo después de Pascua, "Del Buen Pastor"


Evangelio según San Juan 10, 11-16.

Homilía de San Gregorio Papa.

Habéis oído, amados hermanos, en la lección evangélica una enseñanza que os va dirigida, habéis visto también a qué pruebas están sometidos vuestros pastores. Aquel que es bueno, no por una gracia accidental sino esencialmente dice: “Yo soy el buen Pastor”. Y luego, dándonos el modelo de bondad que debemos imitar, añade estas palabras: “El buen Pastor da su vida por las ovejas”. El hizo lo que enseñó, práctico lo que había mandado. El buen Pastor dio su vida por sus ovejas, para convertir, en el Sacramento de la Eucarística, su cuerpo y su sangre en alimento, saciando las ovejas que había redimido con su propia sangre.  

Nos ha mostrado el camino que debemos seguir, despreciando la muerte; nos ha mostrado el ejemplar según el cual debemos modelarnos. Lo primero que nos exige es que demos misericordiosamente nuestros bienes externos por sus ovejas; y lo segundo que, si es necesario, demos también nuestras vidas. Mediante lo primero, que es más fácil, se llega a lo segundo, que es más difícil. Ahora bien, siendo incomparablemente mayor el alma, por la cual vivimos, que la sustancia terrena que poseemos exteriormente, el que no da sus bienes por sus ovejas, ¿cómo dará por ellas su vida?.

Son muchos los que, amando más los bienes de la tierra que sus ovejas, pierden merecidamente el nombre de pastor. De ello está escrito: “el mercenario, y el que no es pastor, de quien no son propias las ovejas, viendo venir el lobo desampara las ovejas y huye”. Se llama mercenario y no pastor el que no por un amor sincero, sino por la recompensa temporal apacienta las ovejas del Señor. Es, por consiguiente, mercenario todo aquel que, si bien tiene lugar de pastor, con todo no busca el bien de las almas, sino que anhela las terrenas comodidades, se goza en el honor de la prelatura, nutriéndose con las ganancias temporales, y alegrándose con la reverencia que le tributan los hombres.

Al finalizar la Santa Misa, se expuso el Santísimo Sacramento, y se rezaron preces por las vocaciones sacerdotes seguidamente se dio la Bendición con Nuestro Señor Jesucristo Sacramentado. 








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