domingo, 29 de enero de 2012

IV Domingo después de Epifanía

(Evangelio según San Mateo  capítulo 8 versículos del 23  al 27)
Homilía de San Jerónimo, Presbítero.

El quinto milagro lo realizó cuando subiendo a la embarcación en Cafarnaúm mando a los vientos y al mar. El sexto, cuando en la región de los Gerasenos dio poder a los demonios para que pasaran a morar en los puertos. El séptimo, cuando al entrar en la ciudad curo al segundo paralitico en su camilla. El primer paralitico fue el criado del Centurión.

El, empero, dormía. Y se le acercaron y le despertaron, diciéndole: “Señor, sálvanos”. Una figura de este milagro la leemos en Jonás, cuando peligrando los demás, el duerme tranquilo y le despiertan y con su poder y el misterio de su Pasión libran a los que le han despertado. “Entonces levantándose mando a los vientos y al mar” esto nos demuestra que todas las criaturas reconocen al creador. Lo mismo si las increpa que si las manda, experimentan su imperio. Y esto no porque sea verdad lo que falsamente enseña ciertos herejes, cuando afirman que todo tiene alma, sino a causa de su majestad como Creador, ante lo cual se muestra sensible lo que para nosotros es imposible.

Aquellos hombres se admiraron, diciendo: “¿quién es este, a quien los viento y el mar obedecen?”, no se admiraron los discípulos,  sino los marineros y los demás que estaban en la nave. Más, si alguno pretendiera que fuéramos discípulos quienes se admiraron, a ellos respondemos que muy propiamente son aquí llamados “hombres” aquellos que aun no conocían el poder del Salvador. 

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