lunes, 23 de enero de 2012

III Domingo después de Epifanía

(Evangelio según San Mateo  capítulo 8 versículos del  1 al 13)
Homilía de San Jerónimo, Presbítero.

Las multitudes salieron al encuentro del Señor al descender éste del monte ya que no podía subir a las alturas el primero que se le acerco fue un leproso. Afectado por la lepra, no habia podido escuchar aquel sermón tan admirable del Salvador. Y advertimos que él fue el primero que especialmente fue curado; el siervo del centurión fue el segundo; en tercer lugar fue curada Cafarnaúm la suegra de Pedro, atacada de fiebre; y en cuarto lugar los endemoniados, cuyos malos espíritus eran arrojados por la palabra de Jesucristo cuando curaba a todos los enfermos.

Y aquí el leproso acercándosele le  adoraba diciendo, muy oportunamente predicación y la enseñanza se ofrece la oportunidad, de obrar un milagro a fin de que por su virtud se confirmara la verdad de lo predicada. “Señor, si quieres puedes limpiarme”. El que se dirige a la voluntad, no duda del poder. “ Y Jesús, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero; se limpio”, al extender el Señor la mano, al instante, huye la lepra. Considera al propio tiempo, cuan humilde y sin jactancia fue la respuesta. El leproso habia dicho: “si quieres”. El Señor responde: “Quiero”. Aquel habia dicho antes: “puedes limpiarme”. El Señor añade y dice: “Se limpio”. Por lo mismo no se debe leer juntamente como dicen la mayor parte de los latinos: “quiero limpiarte”; si no separadamente, de suerte que primero diga: “Quiero”; después “se limpio”.

Y le dijo Jesús: “mira no le digas a nadie”. Y a la verdad ¿Qué necesidad habia de publicar con palabras, lo que demostraba con su cuerpo? “pero, anda, muéstrate al sacerdote”. Por varios motivos le envía al sacerdote: primeramente para que ejercite la humildad, honrando a los sacerdotes. Pues estaba ordenado en la Ley, que cuantos habían sido curados de la lepra ofreciesen presentes a los sacerdotes. Finalmente, para que viendo curado al leproso o creyeran al Salvador o no creyeran. Si creían, se salvarían; y si no querían creer, serían inexcusable. Lo hizo también, a fin de que no pareciera que infringía la Ley de lo cual lo acusaban muchas veces. 

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