lunes, 22 de mayo de 2017

LAS ROGATIVAS QUE ANTECEDEN A LA ASENCIÓN DEL SEÑOR


Las Rogativas (del latín rogare, rogar) o Letanías (del griego litaneia, súplica u oración), son oraciones solemnes instituidas por la Iglesia para ser rezadas o cantadas en ciertas procesiones públicas y para determinadas y extraordinarias necesidades. Entre estas celebraciones que tienen lugar en diversos tiempos determinados, es preciso señalar las Letanías mayores (25 de abril, fiesta de San Marcos), las Letanías menores o Rogativas (triduo que antecede a la Ascensión) y las Cuatro Témporas.

El Papa y los Obispos pueden prescribirlas a los fieles en las calamidades y necesidades públicas, pero entonces figuran como actos extralitúrgicos. Los calificativos de mayores y menores sólo sirven para distinguir unas de otras. La Iglesia en diversos tiempos del año, de acuerdo con las enseñanzas tradicionales, completa la formación de los fieles mediante ejercicios de piedad espirituales y corporales: la instrucción, la plegaria, la penitencia y las obras de misericordia (SC, 105).

Las llamadas Letanías mayores tienen su origen en un rito estrictamente local de la Iglesia romana; con la institución de esta procesión, los Papas querían sustituir, de hecho, con un rito cristiano, una antigua costumbre heredada de los cultos paganos.

Las Rogativas, instituidas en la Galia por san Mamerto, Obispo de Viena, hacia el 475, tenían su origen en las plegarias públicas elevadas a Dios, juntamente con el ayuno, para alejar las calamidades. Se convirtieron después en procesiones lustrales del tiempo de primavera, para obtener del Señor que se dignase dar y conservar los frutos de la tierra.

Las cuatro Témporas Las cuatro Témporas del año son los días en que la Iglesia oraba insistentemente a Dios dándole gracias y pidiéndole por las varias necesida­des de la humanidad, por los frutos del campo y el trabajo de los hombres. Al comienzo de las cuatro estaciones (de ahí las «cuatro Témporas» o tiempos), se dedicaban los tres días más penitenciales de la semana, miérco­les, viernes y sábado, al ayuno y a la oración, con esas intenciones. Parece una institución de origen claramente romano, tal vez ya desde el siglo V, en conexión con la vida agrícola y el ritmo de las estaciones del año. Caían en la primera semana de Cuaresma, la semana siguiente a Pentecostés, los días siguientes al catorce de septiembre (Exaltación de la cruz) y en Adviento.

Misa de rogativas:
Precede a la Misa las letanías mayores de los Santos, revestido el celebrante de capa pluvial morada y acompañado por los acólitos y la cruz procesional. Luego del canto de las letanías y de la procesión sigue una Misa especial que sella nuestra suplicas, poniendo como mediador a Jesús Cristo con quien nos ofrecemos al padre celestial.
La epístola se toma del Aposto Santiago Cap. 5 Vers. 16 al 20, en donde destaca que la oración del justo es omnipotente y que resulta una verdadera llave de oro para el corazón de Dios, quien, por ella da lluvia y fecundidad ala tierra y hace brillar la luz de la verdad en la mente del pecador extraviado.
El evangelio es tomado de San Lucas Cap. 11 Vers. 5 al 13, en este evangelio por medio de comparaciones, Jesús destaca la eficacia de la oración perseverante, y nos exhorta a pedir al Padre Celestial en estos días el Espíritu Santo y su siente dones (confrontar San Lucas Cap. 11 Vers. 13).

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