miércoles, agosto 05, 2015

Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del S...


 MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

DÍA: V

Oh Corazón Inmaculado de María, lleno
de bondad, muéstranos tu amor por nosotros. Que la llama de tu corazón, oh
María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime
en nuestros corazones el amor verdadero, para que así tengamos un deseo
continuo de ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros
cuando estemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos, por
medio de tu Corazón Inmaculado, la salud espiritual. Haz que siempre podamos
contemplar la bondad de tu corazón maternal y que nos convirtamos por medio de
la llama de tu corazón. Amén.

Segunda Aparición de la Virgen: Miércoles 13 de
Junio

Llamado a ser
instrumentos para que la
Devoción
al Inmaculado Corazón se establezca

Después de rezar el rosario con otras
personas que estaban presentes (unas 50) vimos de nuevo el reflejo de la luz
que se aproximaba, y que llamábamos relámpago, y en seguida a Nuestra Señora en
la encina, todo como en mayo.
-¿Qué es lo que quiere? -pregunté
-"
Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que
viene, que recéis el rosario todos los días y que aprendáis a leer. Después
diré lo que quiero además"
-Le pedí la curación de una enferma.
Nuestra Señora respondió: 
-"Si
se convierte se curara durante el año"
 -Quisiera pedirle que nos llevase al
cielo. 
-"Si,
a Jacinta y a Francisco los llevaré en breve, pero tu te quedarás algún tiempo
mas. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar.
 Quiere establecer en el
mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien le abrazare prometo la
salvación y serán queridas sus almas por Dios como flores puestas por mi para
adornar su Trono."
-¿Me quedo aquí solita?- pregunte con
dolor. -"No hija.
 ¿Y
tu sufres mucho por eso? !No te desanimes! Nunca te dejaré. Mi Inmaculado
Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios."
En ese momento abrió las manos y nos
comunicó por segunda vez el reflejo de
 la luz inmensa que la envolvía. Jacinta y Francisco
parecían estar en la parte de la luz que se eleva hacia el cielo y yo en la que
se esparcía sobre la tierra. Delante de la palma de 
la mano derecha de
nuestra Señora estaba un corazón rodeado de espinas
 que parecían clavarse en el.
Entendimos que era el Corazón Inmaculado de María, ultrajado por los pecados de
la humanidad, y que quería
reparación.
Francisco muy impresionado con lo que
había visto, me pregunto después: -¿Por qué es que la Virgen estaba con un
corazón en la mano irradiando sobre el mundo aquella luz tan grande que es
Dios? Tu, Lucía, estabas con Ella en la luz que bajaba a la tierra y Jacinta
conmigo en la que subía al cielo. Le respondí: -Es que tu, con Jacinta, iréis
en breve al cielo. Yo me quedo con el Corazón Inmaculado de María en la tierra.

Miercoles 4 de agosto 2015


2a Rosa: Origen del Santo Rosario
10) El
Santo Rosario, compuesto fundamental y sustancialmente por la oración de
Jesucristo (el Padrenuestro), la salutación angélica (el Avemaría) y la
meditación de los misterios de Jesús y María
, constituye, sin
duda, la primera plegaria y la primera devoción de los creyentes. Desde los
tiempos de los apóstoles y discípulos ha estado en uso, siglo tras siglo, hasta
nuestros días.
11) Sin embargo,
el Santo Rosario, en la forma y método de que hoy nos servimos en su recitación,
sólo fue inspirado a la
Iglesia
, en 1214, por la Santísima Virgen
que lo dio a Santo Domingo para convertir a los herejes albigenses y a los
pecadores. Ocurrió en la forma siguiente, según lo narra el beato Alano de la Rupe en su famoso libro
titulado “Dignidad del Salterio”.
Viendo Santo
Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los
albigenses, entró a un bosque próximo a Tolosa y permaneció allí tres días
dedicado a la penitencia y a la oración continua, sin cesar de gemir, llorar y
mortificar su cuerpo con disciplina para calmar la cólera divina, hasta que
cayó medio muerto. La
Santísima Virgen
se le apareció en compañía de tres princesas
celestiales, y le dijo: «¿Sabes, querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad
para reformar el mundo?». «Señora, Tú lo sabes mejor que yo –respondió él–,
porque, después de Jesucristo, Tú fuiste el principal instrumento de nuestra
salvación». «Pues la principal pieza de combate ha sido el salterio angélico,
que es el fundamento del Nuevo Testamento. Por ello, si quieres ganar para Dios
esos corazones endurecidos, predica mi Salterio».
Se levantó el
Santo muy consolado. Inflamado de celo por la salvación de aquellas gentes,
entró en la catedral. Al momento repicaron las campanas para reunir a los
habitantes. Al comenzar él su predicación, se desencadenó una horrible
tormenta, tembló la tierra, se oscureció el sol, truenos y relámpagos

repetidos
hicieron palidecer y temblar a los oyentes. El terror de éstos aumentó cuando
vieron que una imagen de
la
Santísima Virgen
expuesta en lugar prominente, levantaba los
brazos al cielo tres veces para pedir a Dios venganza contra ellos, si no se
convertían y recurrían a la protección de
la Santa Madre de Dios.
Quería el cielo
con estos prodigios promover esta nueva devoción del Santo Rosario y hacer que
se la conociera más.
Gracias a la oración de Santo Domingo, se calmó
finalmente la tormenta. Prosiguió él su predicación, explicando con tanto
fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que casi todos los
habitantes de Tolosa lo aceptaron, renunciando a sus errores. En poco tiempo se
experimentó un gran cambio de vida y costumbres en la ciudad.
FUENTE: Del libro: El Secreto Admirable del Santo Rosario de San Luis María Grignion de
Montfort


HISTORIA DE: 
Santo Domingo de GuzmánFundador
Año 1221.
San Dominico de GuzmánDomingo significa: "Consagrado al Señor".
El fundador de los Padres Dominicos, que son ahora 6,800 en 680 casas en el mundo, nació en Caleruega, España, en 1171. Su madre, Juana de Aza, era una mujer admirable en virtudes y ha sido declarada Beata. Lo educó en la más estricta formación religiosa.
A los 14 años se fue a vivir con un tío sacerdote en Palencia en cuya casa trabajaba y estudiaba. La gente decía que en edad era un jovencito pero que en seriedad parecía un anciano. Su goce especial era leer libros religiosos, y hacer caridad a los pobres.
Por aquel tiempo vino por la región una gran hambre y las gentes suplicaban alguna ayuda para sobrevivir. Domingo repartió en su casa todo lo que tenía y hasta el mobiliario. Luego, cuando ya no le quedaba nada más con qué ayudar a los hambrientos, vendió lo que más amaba y apreciaba, sus libros (que en ese tiempo eran copiados a mano y costosísimos y muy difíciles de conseguir) y con el precio de la venta ayudó a los menesterosos. A quienes lo criticaban por este desprendimiento, les decía: "No puede ser que Cristo sufra hambre en los pobres, mientras yo guarde en mi casa algo con lo cual podía socorrerlos".
En un viaje que hizo, acompañando a su obispo por el sur de Francia, se dio cuenta de que los herejes habían invadido regiones enteras y estaban haciendo un gran mal a las almas. Y el método que los misioneros católicos estaban empleando era totalmente inadecuado. Los predicadores llegaban en carruajes elegantes, con ayudantes y secretarios, y se hospedaban en los mejores hoteles, y su vida no era ciertamente un modelo de la mejor santidad. Y así de esa manera las conversiones de herejes que conseguían, eran mínimas. Domingo se propuso un modo de misionar totalmente diferente.
Vio que a las gentes les impresionaba que el misionero fuera pobre como el pueblo. Que viviera una vida de verdadero buen ejemplo en todo. Y que se dedicara con todas sus energías a enseñarles la verdadera religión. Se consiguió un grupo de compañeros y con una vida de total pobreza, y con una santidad de conducta impresionante, empezaron a evangelizar con grandes éxitos apostólicos.
Sus armas para convertir eran la oración, la paciencia, la penitencia, y muchas horas dedicadas a instruir a los ignorantes en religión. Cuando algunos católicos trataron de acabar con los herejes por medio de las armas, o de atemorizarlos para que se convirtieran, les dijo: "Es inútil tratar de convertir a la gente con la violencia. La oración hace más efecto que todas las armas guerreras. No crean que los oyentes se van a conmover y a volver mejores por que nos ven muy elegantemente vestidos. En cambio con la humildad sí se ganan los corazones".
Domingo llevaba ya diez años predicando al sur de Francia y convirtiendo herejes y enfervorizando católicos, y a su alrededor había reunido un grupo de predicadores que él mismo había ido organizando e instruyendo de la mejor manera posible. Entonces pensó en formar con ellos una comunidad de religiosos, y acompañado de su obispo consultó al Sumo Pontífice Inocencio III.
Al principio el Pontífice estaba dudoso de si conceder o no el permiso para fundar la nueva comunidad religiosa. Pero dicen que en un sueño vio que el edificio de la Iglesia estaba ladeándose y con peligro de venirse abajo y que llegaban dos hombres, Santo Domingo y San Francisco, y le ponían el hombro y lo volvían a levantar. Después de esa visión ya el Papa no tuvo dudas en que sí debía aprobar las ideas de nuestro santo.
Y cuentan las antiguas tradiciones que Santo Domingo vio en sueños que la ira de Dios iba a enviar castigos sobre el mundo, pero que la Virgen Santísima señalaba a dos hombres que con sus obras iban a interceder ante Dios y lo calmaban. El uno era Domingo y el otro era un desconocido, vestido casi como un pordiosero. Y al día siguiente estando orando en el templo vio llegar al que vestía como un mendigo, y era nada menos que San Francisco de Asís. Nuestro santo lo abrazó y le dijo: "Los dos tenemos que trabajar muy unidos, para conseguir el Reino de Dios". Y desde hace siglos ha existido la bella costumbre de que cada año, el día de la fiesta de San Francisco, los Padres dominicos van a los conventos de los franciscanos y celebran con ellos muy fraternalmente la fiesta, y el día de la fiesta de Santo Domingo, los padres franciscanos van a los conventos de los dominicos y hacen juntos una alegre celebración de buenos hermanos.
Icono de San Dominico de GuzmánEn agosto de 1216 fundó Santo Domingo su Comunidad de predicadores, con 16 compañeros que lo querían y le obedecían como al mejor de los padres. Ocho eran franceses, siete españoles y uno inglés. Los preparó de la mejor manera que le fue posible y los envió a predicar, y la nueva comunidad tuvo una bendición de Dios tan grande que a los pocos años ya los conventos de los dominicos eran más de setenta, y se hicieron famosos en las grandes universidades, especialmente en la de París y en la de Bolonia.
El gran fundador le dio a sus religiosos unas normas que les han hecho un bien inmenso por muchos siglos. Por ejemplo estas:
  • Primero contemplar, y después enseñar. O sea: antes dedicar mucho tiempo y muchos esfuerzos a estudiar y meditar las enseñanzas de Jesucristo y de su Iglesia, y después sí dedicarse a predicar con todo el entusiasmo posible.
  • Predicar siempre y en todas partes. Santo Domingo quiere que el oficio principalísimo de sus religiosos sea predicar, catequizar, tratar de propagar las enseñanzas católicas por todos los medios posibles. Y él mismo daba el ejemplo: donde quiera que llegaba empleaba la mayor parte de su tiempo en predicar y enseñar catecismo.
La experiencia le había demostrado que las almas se ganan con la caridad. Por eso todos los días pedía a Nuestro Señor la gracia de crecer en el amor hacia Dios y en la caridad hacia los demás y tener un gran deseo de salvar almas. Esto mismo recomendaba a sus discípulos que pidieran a Dios constantemente.
Los santos han dominado su cuerpo con unas mortificaciones que en muchos casos son más para admirar que para imitar. Recordemos algunas de las que hacía este hombre de Dios.
Cada año hacía varias cuaresmas, o sea, pasaba varias temporadas de a 40 días ayunando a pan y agua.
Siempre dormía sobre duras tablas. Caminaba descalzo por caminos irisados de piedras y por senderos cubiertos de nieve. No se colocaba nada en la cabeza ni para defenderse del sol, ni para guarecerse contra los aguaceros. Soportaba los más terribles insultos sin responder ni una sola palabra. Cuando llegaban de un viaje empapados por los terribles aguaceros mientras los demás se iban junto al fuego a calentarse un poco, el santo se iba al templo a rezar. Un día en que por venganza los enemigos los hicieron caminar descalzos por un camino con demasiadas piedrecitas afiladas, el santo exclamaba: "la próxima predicación tendrá grandes frutos, porque los hemos ganado con estos sufrimientos". Y así sucedió en verdad. Sufría de muchas enfermedades, pero sin embargo seguía predicando y enseñando catecismo sin cansarse ni demostrar desánimo.
Era el hombre de la alegría, y del buen humor. La gente lo veía siempre con rostro alegre, gozoso y amable. Sus compañeros decían: "De día nadie más comunicativo y alegre. De noche, nadie más dedicado a la oración y a la meditación". Pasaba noches enteras en oración.
Era de pocas palabras cuando se hablaba de temas mundanos, pero cuando había que hablar de Nuestro Señor y de temas religiosos entonces sí que charlaba con verdadero entusiasmo.
Sus libros favoritos eran el Evangelio de San Mateo y las Cartas de San Pablo. Siempre los llevaba consigo para leerlos día por día y prácticamente se los sabía de memoria. A sus discípulos les recomendaba que no pasaran ningún día sin leer alguna página del Nuevo Testamento o del Antiguo.
Los que trataron con él afirmaban que estaban seguros de que este santo conservó siempre la inocencia bautismal y que no cometió jamás un pecado grave.
Totalmente desgastado de tanto trabajar y sacrificarse por el Reino de Dios a principios de agosto del año 1221 se sintió falto de fuerzas, estando en Bolonia, la ciudad donde había vivido sus últimos años. Tuvieron que prestarle un colchón porque no tenía. Y el 6 de agosto de 1221, mientras le rezaban las oraciones por los agonizantes cuando le decían: "Que todos los ángeles y santos salgan a recibirte", dijo: "¡Qué hermoso, qué hermoso!" y expiró.
A los 13 años de haber muerto, el Sumo Pontífice lo declaró santo y exclamó al proclamar el decreto de su canonización: "De la santidad de este hombre estoy tan seguro, como de la santidad de San Pedro y San Pablo".

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