jueves, 27 de agosto de 2015

Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del S...


MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

DÍA:XXVII

Oh Corazón Inmaculado de María, lleno
de bondad, muéstranos tu amor por nosotros. Que la llama de tu corazón, oh
María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime
en nuestros corazones el amor verdadero, para que así tengamos un deseo
continuo de ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros
cuando estemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos, por
medio de tu Corazón Inmaculado, la salud espiritual. Haz que siempre podamos
contemplar la bondad de tu corazón maternal y que nos convirtamos por medio de
la llama de tu corazón. Amén.
DOGMA DE LA REALEZA DE MARÍA
En 1954 el Papa Pío XII, instituyó la fiesta
Litúrgica del Reinado de María al coronar a la Virgen en Santa María la Mayor, Roma. En esta ocasión
el Papa también promulgó el documento principal del Magisterio acerca de la
dignidad y realeza de Maria, la
Encíclica Ad
 coeli Reginam (Oct 11, 1954).
El pueblo cristiano siempre ha reconocido a
María Reina por ser madre del Rey de reyes y Señor de Señores. Su poder y sus
atributos los recibe del Todopoderoso: Su Hijo, Jesucristo. Es El quien la
constituye Reina y Señora de todo lo creado, de los hombres y aún de los
ángeles
RESUMEN DE LA CARTA ENCICLICA DE SU SANTIDAD
PIO XII
AD CAELI REGINAM
13. Como ya hemos
señalado más arriba, Venerables Hermanos, el argumento principal, en que se funda
la dignidad real de María, evidente ya en los textos de la tradición antigua y
en la sagrada Liturgia, es indudablemente su divina maternidad. De hecho, en
las Sagradas Escrituras se afirma del Hijo que la Virgen dará a luz: «Será
llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin»[40];
y, además, María es proclamada «Madre del Señor»[41].
Síguese de ello lógicamente que Ella misma es Reina, pues ha dado vida a un
Hijo que, ya en el instante mismo de su concepción, aun como hombre, era Rey y
Señor de todas las cosas, por la unión hipostática de la naturaleza humana con
el Verbo.
San Juan Damasceno
escribe, por lo tanto, con todo derecho: «Verdaderamente se convirtió en Señora
de toda la creación, desde que llegó a ser Madre del Creador»[42];
e igualmente puede afirmarse que fue el mismo arcángel Gabriel el primero que 14.
Mas la Beatísima Virgen
ha de ser proclamada Reina no tan sólo por su divina maternidad, sino también
en razón de la parte singular que por voluntad de Dios tuvo en la obra de
nuestra eterna salvación.
anunció con palabras celestiales la dignidad regia de María.
Ahora
bien, en el cumplimiento de la obra de la Redención, María Santísima estuvo, en verdad,
estrechamente asociada a Cristo; y por ello justamente canta la Sagrada Liturgia:
«Dolorida junto a la cruz de nuestro Señor Jesucristo estaba Santa María, Reina
del cielo y de la tierra»
[46]
Y,
aunque es cierto que en sentido estricto, propio y absoluto, tan sólo
Jesucristo —Dios y hombre— es Rey, también María, ya como Madre de Cristo Dios,
ya como asociada a la obra del Divino Redentor, así en la lucha con los
enemigos como en el triunfo logrado sobre todos ellos, participa de la dignidad
real de Aquél, siquiera en manera limitada y analógica. De hecho, de esta unión
con Cristo Rey se deriva para Ella sublimidad tan espléndida que supera a la
excelencia de todas las cosas creadas: de esta misma unión con Cristo nace
aquel regio poder con que ella puede dispensar los tesoros del Reino del Divino
Redentor; finalmente, en la misma unión con Cristo tiene su origen la
inagotable eficacia de su maternal intercesión junto al Hijo y junto al Padre.
«Con
ánimo verdaderamente maternal —así dice el mismo Predecesor Nuestro, Pío
IX, de ilustre memoria— al tener en sus manos el negocio de nuestra salvación,
Ella se preocupa de todo el género humano, pues está constituida por el Señor
Reina del cielo y de la tierra y está exaltada sobre los coros todos de los
Ángeles y sobre los grados todos de los Santos en el cielo, estando a la
diestra de su unigénito Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, con sus maternales
súplicas impetra eficacísimamente, obtiene cuanto pide, y no puede no ser
escuchada»
[56].
20. Y
ante Nuestra convicción, luego de maduras y ponderadas reflexiones, de que
seguirán grandes ventajas para la
Iglesia
 si esta verdad sólidamente demostrada resplandece más
evidente ante todos, como lucerna más brillante en lo alto de su candelabro,
con Nuestra Autoridad Apostólica decretamos e instituimos la fiesta de María Reina,
que deberá celebrarse cada año en todo el mundo el día 31 de mayo. Y mandamos
que en dicho día se renueve la consagración del género humano al Inmaculado
Corazón de la bienaventurada Virgen María. En ello, de hecho, está colocada la
gran esperanza de que pueda surgir una nueva era tranquilizada por la paz
cristiana y por el triunfo de la religión.
21. En
muchos países de la tierra hay personas injustamente perseguidas a causa de su
profesión cristiana y privadas de los derechos humanos y divinos de la libertad:
para alejar estos males de nada sirven hasta ahora las justificadas peticiones
ni las repetidas protestas. A estos hijos inocentes y afligidos vuelva sus ojos
de misericordia, que con su luz llevan la serenidad, alejando tormentas y
tempestades, la poderosa Señora de las cosas y de los tiempos, que sabe aplacar
las violencias con su planta virginal; y que también les conceda el que pronto
puedan gozar la debida libertad para la práctica de sus deberes religiosos, de
tal suerte que, sirviendo a la causa del Evangelio con trabajo concorde, con
egregias virtudes, que brillan ejemplares en medio de las asperezas,
contribuyan también a la solidez y a la prosperidad de la patria terrenal.
Dado en Roma, junto a San Pedro, en la fiesta
de la Maternidad
de la Virgen María,
el día 11 de octubre de 1954, decimosexto de Nuestro Pontificado.
 PÍO PAPA XII

28 de agosto

San José Calasanz,

Fundador
de los Escolapios,
Año 1648

Que Dios nos mande siempre muchos educadores
como San José,
y que su ejemplo nos lleve a recordar
aquel famoso dicho de Jesucristo: 
"Es necesario padecer en la tierra,
para entrar en la gloria eterna".
 (Lc. 24,26).

Un cardenal que después fue Sumo Pontífice, llamó a
San José Calasanz "un segundo Job" porque tuvo que sufrir persecuciones como el santo Job de lo Biblia.
Nuestro santo fue sepultado un 26 de agosto del año 1648.
Nació en Aragón, España, en 1556, hijo del gobernador de la región.
Su padre deseaba que fuera militar, pero los religiosos que lo instruyeron en su niñez lo entusiasmaron por la vida sacerdotal, y pidió que le dejaran hacer estudios eclesiásticos. Desde muy pequeño su gran deseo era poder alejar el mal y el pecado de las almas de los
demás.

En el colegio se burlaban de él los compañeros, porque les perecía demasiado piadoso, pero poco a poco con su amabilidad los fue ganando a su favor.
Siendo universitario tuvo que huir de la ciudad donde estudiaba porque una mujer joven pretendía hacerlo pecar. Imitaba así a José el de la Biblia, que prefirió perder cualquier amistad aunque fuera de persona de alta clase social, con tal de no ofender a Dios.
Su padre deseaba que José fuera el heredero administrador de sus muchos bienes y riquezas. Pero en una gravísima enfermedad, el joven le prometió a Dios que si le concedía la curación, se dedicaría únicamente a trabajar por la salvación de las almas. El joven curó de la enfermedad, y entonces el papá le permitió cumplir su promesa, y fue ordenado sacerdote. Ya antes se había graduado de doctor en la universidad de Alcalá.
Cargos importantes. Como tenía fama de gran santidad y de mucha
sabiduría, el señor obispo le fue concediendo puestos de mucha
responsabilidad. Primero lo envío a una región montañosa donde la gente era casi salvaje y muy ignorante en religión. Allá, entre nieves y barrizales y por caminos peligrosos, se propuso visitar familia por familia para enseñarles la religión y el cambio total.

En Barcelona existía una terrible pelea entre dos familias de las principales de la ciudad, con grave peligro de matanzas. San
José fue enviado a poner la paz y logró que se casara un joven de una de las familias con una muchacha de la familia contraria y así volvió a ver paz entre los que antes eran enemigos.

El señor obispo de Urgel lo nombró su vicario general, el más alto puesto en la diócesis después del prelado.
Renuncia a todo. Pero él sentía una voz en su interior que le decía:"¡Váyase a Roma! ¡Váyase a Roma!" Y en sueños veía multitudes de niños desamparados que le suplicaban se dedicara
a educarlos. Así que renunciado a sus altos puestos, y repartiendo entre los pobres las grandes riquezas que había heredado de sus padres, se dirigió a pie a la Ciudad Eterna.

Educador de los pobres. En Roma se hizo socio de una cofradía que se dedicaba a enseñar catecismo a los niños y se dio cuenta de que la ignorancia religiosa era total y que no bastaba con enseñar religión los domingos, sino que era necesario fundar escuelas para que los jovencitos tuvieran educación e instrucción durante la semana. En ese tiempo los gobiernos no tenían ni escuelas ni colegios, y la juventud crecía sin instrucción. Se reunió con unos sacerdotes amigos y fundó entonces su primera escuela en Roma. Su fin era instruir en la religión y formar buenos ciudadanos. Pronto tuvieron ya cien alumnos. Tenían que conseguir profesores y edificio, porque los, gobiernos no costeaban nada de eso. Pronto fueron llegando nuevos colaboradores y los alumnos fueron ya setecientos. Más tarde eran ya mil los jóvenes que estudiaban en las escuelas dirigidas por José y su amigos. En sus ratos libres se dedicaban a socorrer enfermos y necesitados, especialmente cuando llegaban la peste o las inundaciones. Con su amigo San Camilo eran incansables en ayudar.
Los escolapios. A sus institutos educativos les puso por nombre"Escuelas Pías" y los padres que
acompañaban al padre Calasanz se llamaron Escolapios. Después de un par de años ya había "Escuelas Pías" en muchos sitios
de Italia y en muchos países. Ahora los padres Escolapios tienen 205 casas en el mundo, dedicadas a la educación, con 1630 religiosos. Son estimadísimos como educadores.

Visitas repentinas e inesperadas. Los envidiosos empezaron a hacer llegar quejas contra las Escuelas Pías, y el Sumo Pontífice Clemente VIII envió a los sabios Cardenales Baronio y Antoniani a que hicieran una visita sorpresa a las tales escuelas. Los dos cardenales se presentaron repentinamente sin previo aviso y encontraron que todo funcionaba tan sumamente bien, que el Papa al escuchar su excelente informe se propuso ayudarlas mucho más en adelante.
Algo parecido hizo más tarde el Papa Paulo V y al darse cuenta de los bien que funcionaban las escuelas del padre Calasanz, le concedió toda su ayuda. Y en verdad que la necesitaba porque las dificultades que se les presentaban eran muy grandes.

Empiezas los dolores. El padre Calasanz tenía una gran fuerza y un día se echó sobre sus espaldas una pesadísima campana y se subió por una escalera para llevarla a la torre. Pero la escalera se partió y él cayó con la campana y se rompió una pierna. Duró varios meses en cama entre la vida y la muerte y desde entonces su falta de salud lo hizo sufrir mucho. Pero los mayores sufrimientos le iban a llegar de otra manera totalmente inesperada.
La persecución. Recibió el padre Calasanz como colaborador a un
hombre ambicioso y lleno de envidia, el cual se propuso hacerle la guerra y quitarle el cargo de Superior General. Por las calumnias de este hombre y de varios más, nuestro santo fue llevado a los tribunales y solamente la intervención de un cardenal obtuvo que no lo echaran a la cárcel. Él repetía: "Me acusan de cosas que no he hecho, pero yo dejo a Dios mi defensa". El envidioso logró a base de calumnias que a San José Calasanz le quitaran el cargo de Superior General, y
después las acusaciones mentirosas llegaron a tal punto que la Santa Sede determinó acabar con la congregación que el santo había fundado. San José al escuchar tan triste noticia, repitió las palabras del Santo Job: "Dios me lo dio, Dios me lo quitó, bendito sea Dios".

Afortunadamente, después se supo la verdad y al Fundador le fueron restituidos sus cargos y la Comunidad volvió a ser aprobada y ahora está extendida por todo el mundo.
Dicen que San Alfonso de Ligorio cuando estaba fundando la Congregación de Padres Redentoristas, y encontraba fuertes dificultades y oposiciones, leía la vida de San José de Calasanz para animarse y seguir luchando hasta conseguir la definitiva aprobación.
El 25 de agosto del año 1648, a la edad de 92 años pasó este gran apóstol a la eternidad, a recibir el premio de sus grandes obraapostólicas y de sus muchísimos sufrimientos.

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