lunes, 17 de agosto de 2015

Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del S...


MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

DÍA:XVII

Oh Corazón Inmaculado de María, lleno
de bondad, muéstranos tu amor por nosotros. Que la llama de tu corazón, oh
María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime
en nuestros corazones el amor verdadero, para que así tengamos un deseo
continuo de ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros
cuando estemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos, por
medio de tu Corazón Inmaculado, la salud espiritual. Haz que siempre podamos
contemplar la bondad de tu corazón maternal y que nos convirtamos por medio de
la llama de tu corazón. Amén.

FRANCISCO (11-6-1908 a 4-4-1919)

Las
palabras del Ángel en su tercera aparición: “Consolad a vuestro Dios”, hicieron
profunda impresión en el alma del pequeño pastorcito. “En cuanto a Jacinta,
parecía preocupada con el único pensamiento de convertir pecadores y preservar
las almas del infierno. Él trataba solamente de pensar en consolar a Nuestro
Señor y a la Virgen,
que le había parecido estar tan tristes.” (Lucía).
Dominado por el
sentimiento de la presencia de Dios, recibió en la luz que María comunicó a los
videntes en las apariciones, discurría: “Estábamos ardiendo en aquella luz que
es Dios y no nos quemábamos. ¿Cómo es Dios? Esto no lo podemos decir. Pero qué
pena que Él está tan triste; ¡si yo pudiera consolarle!”
En la enfermedad,
confió a su prima: “¿Nuestro Señor aún estará triste? Tengo tanta pena de que
Él esté así. Le ofrezco cuantos sacrificios puedo.
La víspera de
morir se confesó y comulgó, con los más santos sentimientos. Después de cinco
meses de casi continuo sufrimiento, el 4 de abril de 1919, primer viernes, a
las diez de la mañana, murió santamente el consolador de Jesús.

JACINTA (10-3-1910 a 20-2-1920)

Vivía
apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de arrebatarlos del
suplicio del infierno, cuya pavorosa visión tanto la impresionó.
Alguna vez
preguntaba: “¿Por qué es que Nuestra Señora no muestra el infierno a los
pecadores? Si lo viesen, ya no pecarían, para no ir allá. Has de decir a
aquella Señora que muestre el infierno a toda aquella gente. Verás cómo se
convierten. ¡Qué pena tengo de los pecadores! ¡Si yo pudiera mostrarles el
infierno!”
Antes de morir,
Nuestra Señora se dignó aparecérsele varias veces. He aquí lo que ha dictado a
su madrina Madre Godinho.

Sobre los pecados

Los pecados que
llevan más almas al infierno son los de la carne.
Han de venir unas
modas que han de ofender mucho a Nuestro Señor.
Las personas que
sirven a Dios no deben andar con la moda.
Los pecados del
mundo son muy grandes.
Si los hombres
supiesen lo que es la eternidad harían todo para cambiar de vida. Los hombres
se pierden porque no piensan en la muerte de Nuestro Señor ni hacen penitencia.
Muchos matrimonios
no son buenos, no agradan a Nuestro Señor ni son de Dios.

Sobre las guerras

Nuestro Señor dijo
que en el mundo habrá muchas guerras y discordias.
Las guerras no son
sino castigos por los pecados del mundo.
Nuestra Señora ya
no puede retener el brazo castigador de su Hijo sobre el mundo.
Es preciso hacer
penitencia. Si la gente se enmienda, Nuestro Señor todavía salvará al mundo;
mas si no se enmienda, vendrá el castigo.

Sobre los sacerdotes

Pida mucho por los
Padres, pida mucho por los Religiosos.
Los Padres sólo
deben ocuparse de las cosas de la
Iglesia.
Los Padres deben
ser puros, muy puros.
La desobediencia
de los Padres y de los Religiosos a sus Superiores y al Santo Padre, ofende
mucho a Nuestro Señor.
Pida mucho por los
Gobiernos.
¡Ay, de los que
persiguen la religión de Nuestro Señor!
Si el Gobierno
deja en paz a la Iglesia
y da libertad a la religión será bendecido por Dios.

Sobre las virtudes cristianas

No ande rodeada de
lujo; huya de las riquezas.
Sea amiga de la
santa pobreza y del silencio.
No hable mal de
nadie y huya de quien hable mal.
Tenga mucha
paciencia, porque la paciencia nos lleva al cielo.
La mortificación y
los sacrificios agradan mucho a Nuestro Señor.
Durante la
enfermedad (pleuritis purulenta), confió a su prima: “Sufro mucho; pero ofrezco
todo por la conversión de los pecadores y para desagraviar al Corazón
Inmaculado de María.”
Al despedirse de
Lucía le hace estas recomendaciones:
“Ya falta poco
para irme al cielo. Tú quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el
mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Cuando vayas a decirlo, no te
escondas. Di a toda la gente que Dios concede las gracias por medio del
Inmaculado Corazón de María. Que las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús
quiere que a su lado se venere el Corazón Inmaculado de María, que pidan la paz
al Inmaculado Corazón de María, que Dios la confió a Ella. Si yo pudiese meter
en el corazón de toda la gente la luz que tengo aquí dentro del pecho, que me
está abrasando y me hace gustar tanto del Corazón de Jesús y del Corazón de
María.”
Murió santamente el
20 de febrero de 1920. Su cuerpo reposa, como el de Francisco, en el crucero de
la Basílica,
en Fátima.

LUCÍA

La Providencia Divina
todavía no había terminado la obra encargada a los pastorcitos. La Virgen dijo a Lucía que
“con el fin de prevenir la guerra, vendré para pedir la consagración de Rusia a
mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora en los primeros Sábados de mes”.
Lo pidió a Lucía en 1925, 1926 y 1929. Estando en Pontevedra, el 10 de
diciembre de 1925 se le apareció la
Virgen
a Lucía con el Niño Jesús a su lado, subida en una
nube de luz. La Virgen
puso su mano en el hombro de Lucía, mientras en la otra sostenía su Corazón
rodeado de espinas. Al mismo tiempo, el Niño Jesús dijo: “Ten compasión del
Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres
ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie que haga un acto de
reparación para sacárselas.”
Después dijo
Nuestra Señora a Lucía:
“Mira, hija mía,
mi corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con
blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos
los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión,
recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los
misterios del rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la
hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación.”
El 15 de febrero
de 1926, el Niño Jesús se apareció de nuevo a Lucía, preguntándole si había
difundido la devoción a su Santísima Madre. Lucía le contó de las dificultades
que partían de su confesor y de su superiora. El Señor respondió:
“Es verdad que tu
Superiora sola no puede hacer nada; pero con mi gracia lo puede todo.”
Lucía le habló de
la confesión para los primeros sábados y preguntó si valía hacerla en los ocho
días. Jesús contestó: “Sí; todavía con más tiempo, con tal que me reciban en
estado de gracia y tengan intención de desagraviar al Inmaculado Corazón de
María.”
En junio de 1929 la Virgen pidió en una
aparición la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón, prometiendo que de
este modo se prevenía la difusión de sus errores y se adelantaba su conversión.
Pero sólo el 20 de diciembre de 1940 Lucía recibió permiso para escribir al
Santo Padre Pío XII pidiéndole esta consagración.
Lucía describe
esta aparición de la siguiente manera:
“De repente toda la Capilla (en las Doroteas
de Tuy) se alumbró de una luz sobrenatural, y una Cruz de luz apareció sobre el
altar, llegando hasta el techo. En la claridad de la parte superior se podía
ver la cara de un hombre y su cuerpo hasta la cintura. En el pecho había una
paloma de luz, y clavado en la
Cruz
había un cuerpo de otro hombre. Por encima de la
cintura, suspendidos en el aire, podía ver un cáliz y una gran Hostia, en la
cual caían gotas de sangre del rostro de Jesús crucificado y de la llaga de su
costado. Estas gotas, escurriendo en la Hostia, caían en el cáliz. Debajo del brazo
derecho de la Cruz
estaba Nuestra Señora de Fátima, con su Corazón Inmaculado en su mano izquierda,
sin espada ni rosas, pero con una corona de espinas y llamas. Debajo del brazo
izquierdo de la Cruz,
grandes letras, como si fuesen de agua cristalina, que corrían sobre el Altar
formando estas palabras: “Gracia y misericordia”.
Entendí que era el
misterio de la
Santísima Trinidad
que se me enseñó, y yo recibí luces acerca
de este misterio, que no se me permite revelar.
La Virgen me dijo:
“Ha venido el
momento en que Dios pide al Santo Padre que en unión con todos los Obispos del
mundo haga la consagración de Rusia a mi Corazón, prometiendo salvarla por este
medio.”
Pío XII cumplió en
parte este deseo de la Virgen
consagrando el mundo con mención especial de Rusia, el 31 de octubre de 1942,
al Inmaculado Corazón de María y haciendo la consagración especial sólo de
Rusia el 7 de julio de 1952, con estas palabras:
“Como hace algunos
años consagramos todo el género humano al Corazón Inmaculado de la Virgen, Madre de Dios, así
ahora, de un modo especialísimo, dedicamos y consagramos todos los pueblos de Rusia
al mismo Inmaculado Corazón.”

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