jueves, 18 de junio de 2015

Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del Santísimo Rosario: Misioneros del S...

Cada Día
Acto de Contrición

¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este
Divino Sacramento estás vivo e inflamado de amor por

nosotros! Aquí nos  tenéis en vuestra

presencia, pidiéndonos perdón de nuestra culpa e implorando vuestra

misericordia. Nos pesa ¡oh buen Jesús! de haberos ofendido, por ser
Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concedednos

luz y gracia para meditar vuestras virtudes y formar según ellas nuestros pobre

corazón. Amén
Día XVIII
CARTA ENCÍCLICA
HAURIETIS AQUAS
DE SU

SANTIDAD
PÍO XII
SOBRE
III.
CONTEMPLACIÓN DEL AMOR DEL CORAZÓN DE JESÚS
Penas actuales de la Iglesia
33. Aunque la devoción al Sagrado Corazón de Jesús,
venerables hermanos, ha producido en todas partes abundantes frutos de
renovación espiritual en la vida cristiana, sin embargo, nadie ignora que la
Iglesia militante en la tierra y, sobre todo, la sociedad civil no han
alcanzado aún el grado de perfección que corresponde a los deseos de
Jesucristo, Esposo Místico de la Iglesia y Redentor del género humano. En
verdad que no pocos hijos de la Iglesia afean con numerosas manchas y arrugas
el rostro materno, que en sí mismos reflejan; no todos los cristianos brillan
por la santidad de costumbres, a la que por vocación divina están llamados; no
todos los pecadores, que en mala hora abandonaron la casa paterna, han vuelto a
ella, para de nuevo vestirse con el
 vestido precioso [115] Lc 15, 22y recibir el anillo, símbolo de fidelidad
para con el Esposo de su alma; no todos los infieles se han incorporado aún al
Cuerpo Místico de Cristo. Hay más. Porque si bien nos llena de amargo dolor el
ver cómo languidece la fe en los buenos, y contemplar cómo, por el falaz
atractivo de los bienes terrenales, decrece en sus almas y poco a poco se apaga
el fuego de la caridad divina, mucho más nos atormentan las maquinaciones de
los impíos que, ahora más que nunca, parecen incitados por el enemigo infernal
en su odio implacable y declarado contra Dios, contra la Iglesia y, sobre todo,
contra Aquel que en la tierra representa a la persona del Divino Redentor y su
caridad para con los hombres, según la conocidísima frase del Doctor de Milán:
(Pedro) «es interrogado acerca de lo que se duda, pero no duda el Señor;
pregunta no para saber, sino para enseñar al que, antes de ascender al cielo,
nos dejaba como "vicario de su amor"»
 [116] Exposit. in Evang. sec. Lucam, 10, 175 PL 15, 1942.
34. Ciertamente, el odio contra Dios y contra los que
legítimamente hacen sus veces es el mayor delito que puede cometer el hombre,
creado a imagen y semejanza de Dios y destinado a gozar de su amistad perfecta
y eterna en el cielo; puesto que por el odio a Dios el hombre se aleja lo más
posible del Sumo Bien, y se siente impulsado a rechazar de sí y de sus prójimos
cuanto viene de Dios, une con Dios y conduce a gozar de Dios, o sea, la verdad,
la virtud, la paz y la justicia
 [117] Cf. S. Th. Sum.
theol.
 
2. 2.ae 34, 2 ed. Leon. 8
(1895) 274.
.
Pudiendo, pues, observar que, por desgracia, el número de los
que se jactan de ser enemigos del Señor eterno crece hoy en algunas partes, y
que los falsos principios del
 materialismo se difunden en las doctrinas y en la práctica; y
oyendo cómo continuamente se exalta la licencia desenfrenada de las pasiones,
¿qué tiene de extraño que en muchas almas se enfríe la caridad, que es la
suprema ley de la religión cristiana, el fundamento más firme de la verdadera y
perfecta justicia, el manantial más abundante de la paz y de las castas
delicias? Ya lo advirtió nuestro Salvador: «Por la inundación de los vicios, se
resfriará la caridad de muchos»
 [118]
Mt 24, 12.

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