lunes, 19 de mayo de 2014

IV Domingo después de Pascua

 Evangelio de San Juan 16. 5-14

Los últimos domingos después de Pascua continúan cantando la gloria  de Cristo y las alegrías de su resurrección. En la misa de hoy llaman la atención el introito y el júbilo exultante del ofertorio, una de las melodías más bellas del canto gregoriano.

 Al acercarse la Ascensión y Pentecostés nos advierten los evangelios que Jesús está preparando a sus discípulos para su partida definitiva, con el anuncio del envió del Espíritu Santo, Él será para ellos, luz, fuerza y apoyo.

Esta enseñanza sobre la misión del Espíritu Santo vale tanto para nosotros como para los apóstoles. A él se ha confiado la dirección de la Iglesia, de la que es inspirador y guía, así como es también para todo fiel «bautizado en el agua y en el Espíritu» la fuente misma de la vida cristiana.

Por su papel permanente en la Iglesia, prolonga el Espíritu Santo la obra Cristo y da testimonio de él. A un mismo tiempo convence al mundo de error y de pecado por no haber aceptado al Salvador.


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