domingo, 2 de junio de 2013

Mes de Junio Dedicado al Sagrado Corazón de Jesús



Cada Día 

Acto de Contrición

¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estás vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos  tenéis en vuestra presencia, pidiéndonos perdón de nuestra culpa e implorando vuestra misericordia. Nos pesa ¡oh buen Jesús! de haberos ofendido, por ser Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concedednos luz y gracia para meditar vuestras virtudes y formar según ellas nuestros pobre corazón. Amén

Día 2
EL SAGRADO CORAZÓN, MODELO DE HUMILDAD
 I
Mira, alma mía, la profundísima humildad del corazón de Jesús, siendo Jesucristo Dios, y como tal potentísimo y excelso, no le vastó hacerse Niño en las entrañas de una Mujer, y nacer luego en una cueva de animales, y trabajar más tarde en un taller, y morir, finalmente, como reo miserable en una Cruz. Aún después de su existencia mortal vive glorioso en el cielo, es verdad pero en la tierra vive humillado y abatido.
Contémplale en este sacramento. A escogido para vivir entre nosotros las apariencias más modestas. Déjase encerrar como prisionero en el fondo de nuestros pobres Tabernáculos, en nuestras Iglesias mil veces desiertas y abandonadas. ¡Ah mi buen Jesús! ¡Cómo sois Vos el mismo hoy que cuando nacías en Belén, trabajabais en Nazaret, recorríais entre injurias y desprecios en el Calvario! No habéis mudado de condición llana y sencilla; no habéis dejado vuestras humildes maneras a fin de que se acercasen a Vos sin temor los pobres y pequeñuelos, y aprendiesen en Vos sencillez y humildad los vanos y orgullosos. 
¡Ah! ¡Humildísimo Jesús! ¡Enseñadme a mí altivo y presuntuoso que soy esta santa virtud de la humildad!

Medítese uno minutos. 

II

Me avergüenzo y me espanto ¡Oh Jesús mío! cuando doy una mirada ami pobre corazón. Es todo al revés del vuestro, tan sencillo y tan humilde. está lleno de vanidad, presunción, necio orgullo, insaciable amor propio. Busca siempre el aplauso y la alabanza, sobre salir y brillar, obscurecer a los demás, hacerse superior a todos.
¡AH! No son éstas las lecciones de vuestro humildísimo Corazón. Vos me queréis humilde para con Dios, para con mis prójimos y para conmigo mismo. Para con Dios, reconociéndome siervo y discípulo suyo, acatando sin murmurar todas sus disposiciones, sujetándome sin replica a su dulce providencia, agradeciendo como cosa suya todo lo que de bueno hay en mi.
Para con mis prójimos, portándome como si fuese el menor de todos ellos, sufriéndolos con caridad, tratándolos con dulzura, perdonando sus injurias, huyendo sus aplausos y alabanzas.
Para conmigo mismo, teniéndome por lo que soy, criatura miserable, indigna del polvo que piso, del cielo que contemplo y del aire que respiro, reconociendo infeliz pecador que sólo por la divina compasión no ardo ya en los infiernos.
¡Corazón de Jesús humilde! Dadme ese espíritu de perfecta humildad, para que consiga sentarme un día en el trono que reserváis a vuestro lado a los humildes como Vos. 

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