miércoles, 13 de junio de 2012

Mes de Junio Dedicado al Sagrado Corazón de Jesús


Cada Día
Acto de Contrición

¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estás vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos  tenéis en vuestra presencia, pidiéndonos perdón de nuestra culpa e implorando vuestra misericordia. Nos pesa ¡oh buen Jesús! de haberos ofendido, por ser Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concedednos luz y gracia para meditar vuestras virtudes y formar según ellas nuestros pobre corazón. Amén.

Día 13

EN EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
HALLAREMOS EL MAS PRECIOSO TESORO 


I
 Se cansan los hombres y se exponen a gravísimos peligros, para adquirirse una fortuna; atraviesan mares, desafían climas, todos les parece poco, si pueden hacerse con un puñado de oro para regalar esta miserable vida. ¡Cuántos, no obstante, ven defraudadas sus esperanzas. Y aún cuando consigan verse llenos de riquezas, ¿acaso dan éstas, paz, y felicidad a su corazón? Al revés, porque el temor de perderlas a la tristeza de tener que abandonarlas con la muerte, bastan para turbar toda la alegría de su posesión.
Alma mía, no busques con loco afán estas riquezas perecederas. Sea tu mejor riqueza el Sagrado Corazón de Jesús. He aquí un tesoro que son gran esfuerzo puedes alcanzar. No has de emprender para ganarlo, largos viajes, ni costosos trabajos, ni difíciles industrias, ni luchar con los elementos, ni arriesgar la salud  o la existencia. Todo esto lo hacen los hombres por el oro y la plata de este mundo. Nada de esto exige de ti el Sagrado Corazón de Jesús. Cerca le tienes, a tu mano está; El mismo se te ofrece y convida; sólo querer ser rica, con las riquezas de este para dejarse poseer con toda seguridad.
¿Te resuelves, alma mía, a hacer esta brillante fortuna? ¿Te decides a querer ser rica con la riquezas de este Sagrado  Corazón?
Medítese unos minutos

II
¡Oh vanas riquezas del mundo, que tantas veces habéis exitado mi codicia! ¡Oh mezquinos tesoros de oro y plata, o mejor, de lodo y estiércol, en los cuales suele poner el hombre su corazón! ¿Qué sois en comparación de las riquezas eternas de ese Corazón Divino, tesoro de las bienaventurados y prenda de toda felicidad? ¡Qué necios son los hombres que se desviven por alcanzarnos, sabiendo que han de morir, y os han de dejar apenas hayan empezado a poseeros!
¡Oh Señor, riqueza inagotable! Cuán pobre es el corazón que no posee a Vos aunque posea todos los bienes de la tierra!




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