viernes, 30 de junio de 2017



MES DEL CORAZÓN DE JESÚS
1.- Oración Preparatoria. Oh Dios, que, por medio del Corazón de vuestro Hijo, herido por nuestras culpas, os dignáis en vuestra misericordia infinita darnos los tesoros de vuestro amor; os pedimos nos concedáis que, al presentaros el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

2.- Consideración del del:
Día 30. Espina es para el Corazón de Jesús ver la falta de cristianos en los templos y la sobra de ellos en los centros de mundanas diversiones. El Corazón de Jesús ama, y no es amado. ¿Qué haces tú?
3.- Invocaciones.



a) Sagrado Corazón de Jesús, circundado de espinas, haced que aceptemos los sufrimientos de esta vida como expiación por nuestros muchos pecados e ingratitudes y en reparación contra las ofensas que se os infieren, especialmente en la Santísima Eucaristía. Os lo pedimos por intercesión de vuestra Madre dolorosa.

Pater, Ave y Gloriapatri

b) Sagrado Corazón de Jesús, inflamado por las llamas de vuestra inmensa caridad, haced que nuestros corazones se abrasen en ese divino fuego y sean purgados de todo afecto desordenado como el oro en el crisol, de modo que en Vos se hagan uno como ofrenda de amor agradable a Dios. Os lo pedimos por el Corazón Inmaculado de María.

Pater, Ave y Gloriapatri

c) Sagrado Corazón de Jesús, abierto por la lanza del soldado a quien revelásteis vuestra divinidad, permitid que nos refugiemos en el seguro asilo de vuestro amor y que en él moremos como antesala del Cielo, donde esperamos gozar de la visión beatífica. Os lo pedimos por vuestra Madre la Corredentora.


4.- Oración final. Oh Señor nuestro Jesucristo, haced que vuestros santos misterios infundan en nosotros un fervor divino, de modo que, recibida la suavidad de vuestro dulcísimo Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús
Señor, misericordia.
Jesucristo, misericordia.Señor, misericordia.
Jesucristo, óyenos.Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,Ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad un solo Dios,
Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,
Corazón de Jesús, Formado por el Espíritu Santo en el Seno de María
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo,
Corazón de Jesús, de Majestad infinita
Corazón de Jesús, santo Templo de Dios
Corazón de Jesús, Tabernáculo del Altísimo
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo
Corazón de Jesús, horno de encendido amor
Corazón de Jesús, receptáculo de la justicia y amor
Corazón de Jesús, lleno de bondad y amor
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza
Corazón de Jesús, Rey y centro de toda alabanza
Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de sabiduría y ciencia
Corazón de Jesús, en quien habita la plenitud de la Divinidad
Corazón de Jesús, en quien el Padre se ha complacido
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido
Corazón de Jesús deseo de los collados eternos
Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia
Corazón de Jesús, rico para todos los que lo invocan
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad
Corazón de Jesús, propiciación de nuestros pecados
Corazón de Jesús, saturado de oprobios
Corazón de Jesús, oprimido por nuestras maldades
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo,
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en Ti
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Ten misericordia de nosotros.

V. Jesús Manso y humilde de corazón,
R. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración: Omnipotente y sempiterno Dios, mira al Corazón de tu muy amado Hijo y a las alabanzas y satisfacciones que te tributa en nombre de los pecadores; concede benigno el perdón a los que invocamos tu misericordia, en el nombre del mismo Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unión del Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. R.Amén. 
LA CONMEMORACIÓN DE SAN PABLO
 El año litúrgico - Dom Prospero Gueranguer
LA CONMEMORACIÓN DE SAN PABLO - El Año Litúrgico, Dom Prospero Gueranger
Valentín boulogne o Nicolás Tournier, San Pablo escribe
sus Epístolas 1620. Museo de Bellas Artes Houston

Como la Misa y el oficio del 29 de junio están consagrados de manera principal a San Pedro, al día siguiente se hace una conmemoración especial de San Pablo.



Los griegos unen hoy en una misma solemnidad el recuerdo de los ilustres santos, los doce Apóstoles, dignos de toda alabanza Roma, ocupada ayer completamente por el triunfo que el Vicario de Jesucristo alcazaba dentro de sus muros, ve hoy al sucesor de Pedro acudir con su noble corte a tributar al Doctor de las naciones, el homenaje agradecido de la Urbe y del mundo. Unámonos con el pensamiento al ñel pueblo romano que acompaña al Pontífice y hace resonar con sus cánticos de victoria la espléndida Basílica de la Vía Ostiense.
CONVERSIÓN. — El veinticinco de Enero, vimos al Niño-Jesús conducir a su pesebre, domado y abatido al lobo de Benjamín, que en la mañana de su fogosa juventud, había llenado de lágrimas y sangre a la Iglesia de Dios. Había llegado la tarde, como lo había previsto Jacob, en que Saulo el perseguidor iba a aumentar la grey y alimentar el rebaño con el alimento de su doctrina celestial, más que todos sus predecesores en Cristo.
VISITA A "PEDRO". — Por un privilegio que no ha tenido igual, el Salvador, sentado ya a la derecha del Padre en los cielos, se dignó instruir directamente a este neófito, para que un día fuese del número de sus Apóstoles; pero, como los caminos del Señor no son nunca opuestos entre sí, esta creación de un nuevo Apóstol no podía contradecir a la constitución divina dada a la Iglesia cristiana por el Hijo de Dios. Pablo, al salir de las contemplaciones sublimes, durante las cuales fué infundido en su alma el dogma cristiano, debió volver hacia el año 39 a Jerusalén para "ver a Pedro", como dijo él mismo a sus discípulos de Galacia. Según expresión de Bossuet, debió "comunicar su propio Evangelio con el del príncipe de los Apóstoles'". Admitido en seguida a predicar el Evangelio, le vemos en el libro de los Hechos, junto con Bernabé, presentarse en Antioquía después de la conversión de Cornelio y de la apertura de la Iglesia a los gentiles. Después de la prisión de Pedro en Jerusalén, un aviso del cielo manifiesta a los ministros de las cosas santas que presidían la Iglesia de Antioquía, que ha llegado el momento de imponer las manos a los dos misioneros, y de conferirles el carácter sagrado de la ordenación (año 45).
PRIMERA EXCURSIÓN APOSTÓLICA A CHIPRE.— A partir de este momento, Pablo se agranda con toda la dignidad de un Apóstol y se le juzga preparado para la misión a que había sido destinado. De pronto, en el relato de S. Lucas, Bernabé desaparece y no desempeña sino un papel secundario. El nuevo Apóstol tiene sus discípulos propios y emprende, desde ahora como jefe, una serie de peregrinaciones jalonadas por otras tantas conquistas. Su primer paso lo da en Chipre, y allí firma con la antigua Roma una alianza que es como la hermana de la que había contraído Pedro en Cesarea. En el año 45, cuando llegó Pablo a Chipre, la isla tenía por procónsul a Sergio Paulo, recomendable por sus antepasados, pero más digno de estima por la sabiduría de su gobierno. Deseó oir a Pablo y Bernabé. Un milagro de Pablo, obrado ante sus ojos, le convenció de la verdad de la enseñanza de los dos Apóstoles, y la Iglesia cristiana recibió este día en su seno, un nuevo heredero del nombre y de la gloria de las más ilustres familias romanas. Un cambio tuvo lugar en este momento: el patricio romano fué libertado del yugo de la gentilidad por el judío, y en pago, el judío, que hasta entonces se llamaba Saulo, recibió y adoptó en adelante el nombre de Paulo o Pablo, como trofeo digno del Apóstol de los gentiles.
CONCILIO DE JERUSALÉN. — De Chipre, Pablo recorrió sucesivamente Cilicia, Panfllia, Pisidia y Licaonia. Por todas partes evangeliza, y por todas partes funda comunidades de cristianos. Vuelve en seguida a Antioquia en el año 49, y encuentra revuelta la Iglesia de esta ciudad. Un partido de los judíos salidos de las filas de los fariseos, consentía en la admisión de los gentiles en la Iglesia, pero solamente con la condición de que se sujetasen a las prácticas mosaicas, es decir, a la circuncisión, a la distinción de alimentos, etc. Los cristianos salidos de la gentilidad rehusaban esta servidumbre a la que Pedro no les había obligado, y la controversia se hizo tan viva, que Pablo juzgó necesario emprender el viaje a Jerusalén, a donde Pedro acababa de llegar huyendo de Roma. Partió, pues, con Bernabé, llevando la cuestión para que la resolviesen los representantes de la ley nueva reunidos en la ciudad de David. Además de Santiago, que residía habitualmente en Jerusalén como Obispo, Pedro, como ya hemos dicho, y Juan representaron allí a todo el colegio Apostólico en esta ocasión. Se formuló un decreto por el que se anulaba todo lo que se pretendía exigir de los gentiles respecto a los ritos judaicos, y esta disposición se tomó en nombre y bajo la inspiración del Espíritu Santo. En esta reunión de Jerusalén fué cuando los tres grandes Apóstoles acogieron a Pablo como especialmente destinado a la evangelización de los gentiles. Recibió de parte de los que él llama las columnas, una confirmación de este apostolado sobreañadido al de los doce. Por este ministerio extraordinario, que surgía en favor de los que habían sido llamados los últimos, el cristianismo afirmaba definitivamente su independencia del judaismo, y la gentilidad iba a entrar en masa en la Iglesia.
SEGUNDA EXCURSIÓN APOSTÓLICA ( 4 9 - 5 4 ) . — Pablo volvió a emprender sus excursiones apostólicas por las provincias que ya había evangelizado, para afianzar las Iglesias. De allí, atravesando Frigia, pasó a Macedonia, se detuvo un momento en Atenas, desde donde partió a Corinto, y aquí permaneció año y medio. A su partida, dejaba en esta ciudad una Iglesia floreciente, no sin haber excitado contra él el furor de los judíos. De Corinto, Pablo fué a Efeso, donde permaneció más de dos años. Convirtió aqui tantos gentiles, que el culto de Diana disminuyó notablemente. Levantóse una revuelta violenta, y Pablo, juzgó que había llegado el momento de salir de Efeso. Durante su estancia en esta ciudad, reveló a sus discípulos el pensamiento que le preocupaba desde hacía tiempo: "Es necesario, les dijo, que yo visite Roma." La capital de la gentilidad reclamaba al Apóstol de los gentiles.
EPÍSTOLA A LOS ROMANOS. — El crecimiento rápido del cristianismo en la capital del Imperio, mostraba, de una manera más palpable que en otras partes, los dos elementos heterogéneos de que estaba formada la Iglesia de entonces. La unidad de fe reunía en un mismo aprisco a los antiguos judíos y a los antiguos paganos. Se encontraron algunos entre ambas razas, que, olvidando muy pronto que su vocación común habla sido gratuita, menospreciaban a sus hermanos, considerándolos menos dignos que ellos del bautismo, que los hacía a todos iguales en Cristo. Algunos judíos menospreciaban a los gentiles, recordando el politeísmo que había mancillado su vida, con todos los vicios que lleva consigo. Algunos gentiles miraban despectivamente a los judíos, como descendientes de un pueblo ingrato y ciego, que, abusando de los dones que Dios les habla prodigado, no hizo sino crucificar al Mesías.
En el año 57, Pablo, que conoció estas discusiones, se aprovechó de su segunda estancia en Corinto para escribir a los fieles de la Iglesia romana la célebre Epístola, en la que trata de probar que el don de la fe se concede gratuitamente, siendo Judíos y Gentiles indignos de la adopción divina, y no habiendo sido llamados sino por pura misericordia; Judíos y Gentiles, olvidando su pasado, debían abrazarse fraternalmente en una misma fe y testimoniar su agradecimiento a Dios, que se les había anticipado con su gracia a unos y a otros. Su reconocida cualidad de Apóstol daba a Pablo derecho a intervenir de esta manera en el seno mismo de una cristiandad que no habla fundado.
ULTIMO VIAJE A JERUSALÉN. — Mientras aguardaba el tiempo en que podría contemplar con sus ojos la Iglesia reina que Pedro había fundado, el Apóstol quiso cumplir una vez más la peregrinación a la ciudad de David. Pero la rabia de los judíos de Jerusalén llegó en esta ocasión hasta el último exceso. Su orgullo odiaba sobre todo a este antiguo discípulo de Gamaliel, a este cómplice del asesinato de Esteban, que ahora convidaba a los gentiles a unirse con los hijos de Abraham bajo la ley de Jesús de Nazaret. El tribuno Lisias le arrancó de las manos de estos furiosos que iban a hacerle pedazos. La noche siguiente, Cristo se apareció a Pablo y le dijo: "Sé firme; porque el testimonio que das en este momento de mí en Jerusalén, lo darás en Roma."
ESTANCIA EN ROMA. — Después de una cautividad en Cesarea de más de dos años, Pablo, habiendo apelado al emperador, llegó a Italia a principio del año 61. Por fin el Apóstol de los gentiles entraba en Roma. No le rodeaba el cortejo de un triunfador; era un humilde prisionero judio, a quien se conducía al lugar en que se amontonaban los que apelaban al César. Pero Pablo era el judío aquel a quien el mismo Cristo había conquistado en el camino de Damasco; se presentaba con el nombre romano de Pablo, y este nombre no era un latrocinio en aquel que, después de Pedro, sería la segunda gloria de Roma, y la segunda prenda de su inmortalidad. No llevaba consigo, como Pedro, la primacía que Cristo había confiado a uno solo; pero venía a comunicar al centro mismo de la evangelización de los gentiles la delegación divina que había recibido en favor de éstos. Pablo no tendría sucesor en su misión extraordinaria; pero el elemento que acababa de depositar en la Iglesia madre y maestra, tenia un valor tan grande, que por todos los siglos se oirá a los Pontífices romanos, herederos del poder monárquico de Pedro, evocar este recuerdo y mandar en nombre de los "bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo".
En vez de aguardar en prisión el día en que se viese su causa, Pablo tuvo la libertad de escogerse alojamiento en la ciudad, obligado solamente a estar custodiado día y noche por un soldado representante de la fuerza pública, y a quien, según era costumbre en parecidos casos, estaba atado con una cadena que le impedía huir, pero le dejaba libre en sus movimientos. El Apóstol podía continuar así predicando la palabra de Dios. Hacia el año 62, se concedió a Pablo la audiencia a la que le daba derecho la apelación que había interpuesto al César. Compareció en el pretorio, y su defensa tuvo por resultado la libertad.
ULTIMA EXCURSIÓN EVANGÉLICA. — Pablo libre, vino probablemente a España. De aquí, queriendo volver a ver Oriente, visitó de nuevo Efeso, de donde nombró Obispo a su discípulo Timoteo. Evangelizó Creta, donde dejó como pastor a Tito. Pero no abandonó para siempre esta Iglesia romana, a la que ilustró por su presencia, y acrecentó y fortificó por su predicación; habrá de volver para iluminarla con los últimos rayos de su apostolado, y teñirla de púrpura con su sangre gloriosa.
El Apóstol había terminado sus excursiones evangélicas en Oriente (66); había consolidado las Iglesias fundadas por su palabra, y las pruebas, lo mismo que las consolaciones, no faltaron en su camino. Al acercarse el invierno fué arrestado, conducido a Roma y puesto en prisión.
MARTIRIO. — Un día del año 67, quizá el 29 de Junio, Pablo, conducido a lo largo de la vía Ostiense, era seguido de un grupo de fieles incorporados a la escolta del prisionero. La sentencia dada contra él, declaraba que se le cortarla la cabeza junto a las aguas Salvias. Después de andar unas dos millas por la vía Ostiense, los soldados condujeron a Pablo por un sendero que se dirigía hacia Oriente, y en seguida llegaron al lugar indicado para el martirio del Doctor de los gentiles. Pablo se puso de rodillas y dirigió a Dios su última oración; luego aguardó el golpe. Un soldado blandió su espada y la cabeza del Apóstol, separada del cuerpo, dió tres saltos en el suelo. Tres fuentes manaron inmediatamente en los lugares tocados por ella. Esta es la tradición conservada del lugar del martirio, en el que hay tres fuentes, y sobre cada una se levanta un altar.

EL APÓSTOL DE LOS GENTILES. — Ayer, oh Pablo, se consumó tu obra; habiéndolo dado todo, te diste por añadidura a ti mismo. La espada, al cortar tu cabeza, completa, como lo predijiste, el triunfo de Cristo. ¡Gloria a ti, oh Apóstol, ahora y siempre! La eternidad no podrá extinguir en nosotros, las naciones, los sentimientos de gratitud. Acaba tu obra en cada uno de nosotros por estos siglos sin fin; no permitas que por deserción de ninguno de los que el Señor llamó para completar su cuerpo místico, la Iglesia se vea privada de uno solo de los acrecentamientos que podía esperar. Sostén el ánimo de todos aquellos predicadores de la palabra divina, que, con la pluma o con un título cualquiera, continúan tu obra de luz. Danos apóstoles valientes, que arrojen sin tregua de nuestra tierra las tinieblas. Prometiste permanecer con nosotros, velar siempre por el progreso de la fe en nuestras almas: haz germinar en ellas las purísimas delicias de la unión divina Cumple tu promesa. Al ir a Jesús, no retires tu palabra empeñada de aquellos que, como nosotros, no te conocieron en esta tierra. Porque a ellos en una de tus Epístolas inmortales les prometiste "consolar sus corazones, uniéndolos con el amor, infundiendo en ellos con su plenitud y sus riquezas inmensas el conocimiento del misterio de Dios-Padre y de Jesucristo, en el que se hallan escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia".

jueves, 29 de junio de 2017


MES DEL CORAZÓN DE JESÚS
1.- Oración Preparatoria. Oh Dios, que, por medio del Corazón de vuestro Hijo, herido por nuestras culpas, os dignáis en vuestra misericordia infinita darnos los tesoros de vuestro amor; os pedimos nos concedáis que, al presentaros el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

2.- Consideración del del:
Día 29. Espina es la sobra de frialdad, causa de que muchos cristianos, por otra parte buenos, cometan muchos pecados veniales sin que traten de enmendarse de ellos.
3.- Invocaciones.



a) Sagrado Corazón de Jesús, circundado de espinas, haced que aceptemos los sufrimientos de esta vida como expiación por nuestros muchos pecados e ingratitudes y en reparación contra las ofensas que se os infieren, especialmente en la Santísima Eucaristía. Os lo pedimos por intercesión de vuestra Madre dolorosa.

Pater, Ave y Gloriapatri

b) Sagrado Corazón de Jesús, inflamado por las llamas de vuestra inmensa caridad, haced que nuestros corazones se abrasen en ese divino fuego y sean purgados de todo afecto desordenado como el oro en el crisol, de modo que en Vos se hagan uno como ofrenda de amor agradable a Dios. Os lo pedimos por el Corazón Inmaculado de María.

Pater, Ave y Gloriapatri

c) Sagrado Corazón de Jesús, abierto por la lanza del soldado a quien revelásteis vuestra divinidad, permitid que nos refugiemos en el seguro asilo de vuestro amor y que en él moremos como antesala del Cielo, donde esperamos gozar de la visión beatífica. Os lo pedimos por vuestra Madre la Corredentora.


4.- Oración final. Oh Señor nuestro Jesucristo, haced que vuestros santos misterios infundan en nosotros un fervor divino, de modo que, recibida la suavidad de vuestro dulcísimo Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús
Señor, misericordia.
Jesucristo, misericordia.Señor, misericordia.
Jesucristo, óyenos.Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,Ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad un solo Dios,
Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,
Corazón de Jesús, Formado por el Espíritu Santo en el Seno de María
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo,
Corazón de Jesús, de Majestad infinita
Corazón de Jesús, santo Templo de Dios
Corazón de Jesús, Tabernáculo del Altísimo
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo
Corazón de Jesús, horno de encendido amor
Corazón de Jesús, receptáculo de la justicia y amor
Corazón de Jesús, lleno de bondad y amor
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza
Corazón de Jesús, Rey y centro de toda alabanza
Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de sabiduría y ciencia
Corazón de Jesús, en quien habita la plenitud de la Divinidad
Corazón de Jesús, en quien el Padre se ha complacido
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido
Corazón de Jesús deseo de los collados eternos
Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia
Corazón de Jesús, rico para todos los que lo invocan
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad
Corazón de Jesús, propiciación de nuestros pecados
Corazón de Jesús, saturado de oprobios
Corazón de Jesús, oprimido por nuestras maldades
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo,
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en Ti
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Ten misericordia de nosotros.

V. Jesús Manso y humilde de corazón,
R. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración: Omnipotente y sempiterno Dios, mira al Corazón de tu muy amado Hijo y a las alabanzas y satisfacciones que te tributa en nombre de los pecadores; concede benigno el perdón a los que invocamos tu misericordia, en el nombre del mismo Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unión del Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. R.Amén. 
SAN PABLO, APÓSTOL DE LOS GENTILES.
Vida de los Santos de A. Butler
San Pablo -Vidas de los Santos de Butler
(¿67? p.c.) DE ENTRE todos los santos cuyos datos nos proporcionan las Sagradas Escrituras, San Pablo es al que se conoce más íntimamente. No sólo poseemos un registro exterior de sus hechos, proporcionado por su discípulo San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, sino que contamos con sus propias revelaciones íntimas de sus cartas que, si bien tenían el propósito de beneficiar a los destinatarios, ponen al desnudo su alma.* Sin transcribir una buena parte del Nuevo Testamento, sería difícil esbozar un retrato fiel del carácter y la personalidad del Apóstol de los Gentiles; pero suponemos que el Nuevo Testamento está en manos de todos nuestros lectores. En el primer volumen de esta serie, bajo la fecha del 25 de enero, se trató la conversión de San Pablo. En esta nota, nos ha parecido conveniente dejar de lado las treinta y dos páginas que dedica Butler a los viajes misioneros de Pablo y sus escritos, para hacer un resumen de lo que dice San Lucas en los últimos quince capítulos de los Hechos.
Después de que Saulo fue derribado en el camino de Damasco, por la voz de Cristo y, de encarnizado perseguidor de los cristianos, se transformó en el más fiel de los siervos del Señor, se curó de la temporal ceguera que le aquejaba y se retiró a "Arabia", donde pasó recluido tres años. De regreso en Damasco, comenzó a predicar el Evangelio con fervor. Pero la furia de los enemigos de su doctrina creció a tal punto que, para salvar la vida, tuvo que escapar escondido en un cesto que se descolgó por la muralla de la ciudad. Se dirigió a Jerusalén, donde, lógicamente, los cristianos y los mismos Apóstoles, a quienes hacía poco perseguía, le miraban con mucha desconfianza, hasta que el generoso apoyo de Bernabé disipó sus temores. Pero no pudo quedarse en Jerusalén, puesto que el resentimiento de los judíos hacia él amenazaba con perderle y, advertido por una visión que tuvo mientras se hallaba en el templo, se refugió, durante algún tiempo en Tarso, su ciudad natal. Hasta ahí fue Bernabé para convencerle de que le acompañase a Antioquía, en Siria, donde los dos predicaron con tanto éxito, que pudieron fundar una numerosa comunidad de creyentes que, en aquella ciudad y por vez primera, se conocieron con el nombre de cristianos.
Al cabo de una estadíAl cabo de una estadía de doce meses, Saulo hizo su segunda visita a Jerusalén, en el año 44, junto con Bernabé, para llevar socorro a los hermanos que sufrían de hambre. Ya para entonces, todas las dudas respecto a la sinceridad de Pablo habían quedado disipadas. Después de regresar a Antioquía y, por inspiración del Espíritu Santo, él y Bernabé recibieron la ordenación sacerdotal y partieron hacia una jornada de misiones, primero a Chipre y después al Asia Menor. En Chipre convirtieron al procónsul Sergio Paulo y pusieron en ridículo al falso mago y profeta Elimas, por quien el romano se había dejado engañar. De ahí pasaron a Perga y atravesaron las montañas del Tauro para arribar a Antioquía de Pisidia; continuaron la marcha para predicar en Iconio y luego en Listra (donde al sanar milagrosamente a un tullido, se los tomó por dioses) : Bernabé era Júpiter y Pablo, Mercurio, porque era el que hablaba). Pero entre los judíos de Listra surgieron los enemigos que provocaron una rebelión contra los predicadores; apedrearon a Pablo (desde su visita a Chipre había cambiado su nombre de Saulo por el de Pablo) y lo dejaron por muerto. Sin embargo, no lo estaba y, con ayuda de Bernabé, escaparon para refugiarse en Derbe; a su debido tiempo, continuaron la marcha hacia el ambiente más tranquilo de Antioquía de Siria. En aquella primera expedición transcurrieron unos dos o tres años, puesto que, al parecer, en el año 49, Pablo fue por tercera vez a Jerusalén y estuvo presente en la asamblea, por la que se decidió definitivamente la actitud de la Iglesia Cristiana hacia los gentiles convertidos. Probablemente fue en el invierno entre los años 48 y 49, cuando ocurrió en Antioquía, el incidente, registrado en el segundo capítulo de la Epístola a los Calatas, de las reconvenciones hechas a San Pedro por su judaismo conservador.
El lapso entre los años 49 y 52 encontró a San Pablo ocupado en la empresa de su segundo gran viaje. Acompañado por Silas, pasó de Derbe a Listra, sin preocuparse por lo que le había ocurrido ahí la primera vez; pero en esta segunda ocasión, fue cordialmente acogido por los fieles agrupados en torno a Timoteo, cuyos familiares moraban en la ciudad; por otra parte, Pablo se mostró más precavido y no dio ocasión a que los judíos se irritasen contra él y aceptó al circunciso Timoteo, cuyo padre era griego, pero por parte de madre, era judío. Junto con Timoteo y Silas, continuó San Pablo su jornada a través de Frigia y Galacia, sin dejar de predicar y de fundar iglesias. Sin embargo, no le fue posible avanzar más por la ruta que seguía hacia el norte, a causa de una visión que tuvo, en la que se le ordenaba devolverse hacia Macedonia. En consecuencia, partió desde la Tróade; al parecer, ya para entonces, el bienamado doctor San Lucas, autor de uno de los Evangelios y de los Hechos de los Apóstoles, formaba parte del grupo de viajeros. En Filipo ocurrió el interesante episodio de la joven adivina que, al paso del grupo, comenzó a vociferar: "¡Esos hombres son los servidores de Dios Altísimo!" A pesar de que aquella proclamación parecía ayudar a la causa de San Pablo, éste se volvió irritado hacia la joven y ordenó que la abandonase su espíritu de adivinación. Con aquello, la muchacha quedó desprovista de los poderes que la habían hecho famosa y, sus amos, que obtenían de ello pingües ganancias, comenzaron a lamentarse estrepitosamente y acabaron por llevar a Pablo y a Silas ante los magistrados. Los dos misioneros fueron apaleados y arrojados en la prisión, pero muy pronto, quedaron en libertad, por un milagro. No hay necesidad de describir las incidencias en cada una de las etapas de este viaje. La comitiva atravesó Macedonia, tocó Beroea, fue a Atenas y de ahí a Corinto. Se relata que, en Atenas, San Pablo pronunció un discurso en el Aerópago y tuvo ocasión de referirse y hacer comentarios, respecto al altar que se había erigido ahí, "al dios desconocido". En Corinto sus prédicas causaron profunda impresión y se dice que permaneció ahí durante un año y seis meses. Parece que, en el año 52, San Pablo partió de Corinto para hacer su cuarta visita a Jerusalén, posiblemente para estar presente en las fiestas de Pentecostés; sin embargo, su estancia fue breve, puesto que, muy pronto, le volvemos a encontrar en Antioquía.
Su tercer viaje abarcó dos años entre el 52 y el 56. Luego de atravesar Galacia, la provincia romana de "Asia", Macedonia y Acaia, retrocedió camino hacia Macedonia donde se embarcó para hacer una quinta visita a Jerusalén. Es posible que, durante este período, pasara tres inviernos en Efeso y fue ahí donde ocurrió el tumultuoso disturbio creado por Demetrio, el platero y tallador, cuando las prédicas de Pablo arruinaron los lucrativos negocios de los mercaderes en la compra y venta de las imágenes de la diosa Diana. Asimismo, se relata la forma indignada con que le recibieron los ancianos en Jerusalén y la conmoción popular que se produjo, cuando el Apóstol hizo una visita al Templo. Ahí fue detenido, maltratado y cargado de cadenas, pero tuvo oportunidad de defenderse brillantemente ante el tribunal. La investigación oficial quedó en suspenso y el reo fue enviado a Cesárea, porque se descubrió la conspiración de cuarenta judíos que habían jurado "no comer ni beber, hasta que Pablo estuviese muerto". Su cautiverio en Cesárea duró dos años, los mismos que gobernaron el distrito los procónsules Félix y Festo, mientras que el proceso judicial aguardaba, en vista de que los gobernadores no podían encontrar prueba alguna de que el reo hubiese cometido un delito merecedor de castigo y, por otra parte, no querían hacer frente a las protestas y violencias populares, si declaraban inocente al reo odiado por los judíos. Entretanto, Pablo "apeló al César"; en otras palabras, exigió, valido en sus derechos de ciudadano romano, que su causa fuese vista por el propio emperador. Por lo tanto, el prisionero, bajo la vigilancia del centurión Julio, fue enviado a Myra y trasportado de ahí a Creta, en un barco alejandrino con un cargamento de trigo. Aquella nave, sorprendida por un huracán, naufragó frente a las costas de Malla. Tras largas demoras, San más fiel de los siervos del Señor, se curó de la temporal ceguera que le aquejaba y se retiró a "Arabia", donde pasó recluido tres años. De regreso en Damasco, comenzó a predicar el Evangelio con fervor. Pero la furia de los enemigos de su doctrina creció a tal punto que, para salvar la vida, tuvo que escapar escondido en un cesto que se descolgó por la muralla de la ciudad. Se dirigió a Jerusalén, donde, lógicamente, los cristianos y los mismos Apóstoles, a quienes hacía poco perseguía, le miraban con mucha desconfianza, hasta que el generoso apoyo de Bernabé disipó sus temores. Pero no pudo quedarse en Jerusalén, puesto que el resentimiento de los judíos hacia él amenazaba con perderle y, advertido por una visión que tuvo mientras se hallaba en el templo, se refugió, durante algún tiempo en Tarso, su ciudad natal. Hasta ahí fue Bernabé para convencerle de que le acompañase a Antioquía, en Siria, donde los dos predicaron con tanto éxito, que pudieron fundar una numerosa comunidad de creyentes que, en aquella ciudad y por vez primera, se conocieron con el nombre de cristianos.
Al cabo de una estadía de doce meses, Saulo hizo su segunda visita a Jerusalén, en el año 44, junto con Bernabé, para llevar socorro a los hermanos que sufrían de hambre. Ya para entonces, todas las dudas respecto a la sinceridad de Pablo habían quedado disipadas. Después de regresar a Antioquía y, por inspiración del Espíritu Santo, él y Bernabé recibieron la ordenación sacerdotal y partieron hacia una jornada de misiones, primero a Chipre y después al Asia Menor. En Chipre convirtieron al procónsul Sergio Paulo y pusieron en ridículo al falso mago y profeta Elimas, por quien el romano se había dejado engañar. De ahí pasaron a Perga y atravesaron las montañas del Tauro para arribar a Antioquía de Pisidia; continuaron la marcha para predicar en Iconio y luego en Listra (donde al sanar milagrosamente a un tullido, se los tomó por dioses) : Bernabé era Júpiter y Pablo, Mercurio, porque era el que hablaba). Pero entre los judíos de Listra surgieron los enemigos que provocaron una rebelión contra los predicadores; apedrearon a Pablo (desde su visita a Chipre había cambiado su nombre de Saulo por el de Pablo) y lo dejaron por muerto. Sin embargo, no lo estaba y, con ayuda de Bernabé, escaparon para refugiarse en Derbe; a su debido tiempo, continuaron la marcha hacia el ambiente más tranquilo de Antioquía de Siria. En aquella primera expedición transcurrieron unos dos o tres años, puesto que, al parecer, en el año 49, Pablo fue por tercera vez a Jerusalén y estuvo presente en la asamblea, por la que se decidió definitivamente la actitud de la Iglesia Cristiana hacia los gentiles convertidos. Probablemente fue en el invierno entre los años 48 y 49, cuando ocurrió en Antioquía, el incidente, registrado en el segundo capítulo de la Epístola a los Calatas, de las reconvenciones hechas a San Pedro por su judaismo conservador.
El lapso entre los años 49 y 52 encontró a San Pablo ocupado en la empresa de su segundo gran viaje. Acompañado por Silas, pasó de Derbe a Listra, sin preocuparse por lo que le había ocurrido ahí la primera vez; pero en esta segunda ocasión, fue cordialmente acogido por los fieles agrupados en torno a Timoteo, cuyos familiares moraban en la ciudad; por otra parte, Pablo se mostró más precavido y no dio ocasión a que los judíos se irritasen contra él y aceptó al circunciso Timoteo, cuyo padre era griego, pero por parte de madre, era judío. Junto con Timoteo y Silas, continuó San Pablo su jornada a través de Frigia y Galacia, sin dejar de predicar y de fundar iglesias. Sin embargo, no le fue posible avanzar más por la ruta que seguía hacia el norte, a causa de una visión que tuvo, en la que se le ordenaba devolverse hacia Macedonia. En consecuencia, partió desde la Tróade; al parecer, ya para entonces, el bienamado doctor San Lucas, autor de uno de los Evangelios y de los Hechos de los Apóstoles, formaba parte del grupo de viajeros. En Filipo ocurrió el interesante episodio de la joven adivina que, al paso del grupo, comenzó a vociferar: "¡Esos hombres son los servidores de Dios Altísimo!" A pesar de que aquella proclamación parecía ayudar a la causa de San Pablo, éste se volvió irritado hacia la joven y ordenó que la abandonase su espíritu de adivinación. Con aquello, la muchacha quedó desprovista de los poderes que la habían hecho famosa y, sus amos, que obtenían de ello pingües ganancias, comenzaron a lamentarse estrepitosamente y acabaron por llevar a Pablo y a Silas ante los magistrados. Los dos misioneros fueron apaleados y arrojados en la prisión, pero muy pronto, quedaron en libertad, por un milagro. No hay necesidad de describir las incidencias en cada una de las etapas de este viaje. La comitiva atravesó Macedonia, tocó Beroea, fue a Atenas y de ahí a Corinto. Se relata que, en Atenas, San Pablo pronunció un discurso en el Aerópago y tuvo ocasión de referirse y hacer comentarios, respecto al altar que se había erigido ahí, "al dios desconocido". En Corinto sus prédicas causaron profunda impresión y se dice que permaneció ahí durante un año y seis meses. Parece que, en el año 52, San Pablo partió de Corinto para hacer su cuarta visita a Jerusalén, posiblemente para estar presente en las fiestas de Pentecostés; sin embargo, su estancia fue breve, puesto que, muy pronto, le volvemos a encontrar en Antioquía.
Su tercer viaje abarcó dos años entre el 52 y el 56. Luego de atravesar Galacia, la provincia romana de "Asia", Macedonia y Acaia, retrocedió camino hacia Macedonia donde se embarcó para hacer una quinta visita a Jerusalén. Es posible que, durante este período, pasara tres inviernos en Efeso y fue ahí donde ocurrió el tumultuoso disturbio creado por Demetrio, el platero y tallador, cuando las prédicas de Pablo arruinaron los lucrativos negocios de los mercaderes en la compra y venta de las imágenes de la diosa Diana. Asimismo, se relata la forma indignada con que le recibieron los ancianos en Jerusalén y la conmoción popular que se produjo, cuando el Apóstol hizo una visita al Templo. Ahí fue detenido, maltratado y cargado de cadenas, pero tuvo oportunidad de defenderse brillantemente ante el tribunal. La investigación oficial quedó en suspenso y el reo fue enviado a Cesárea, porque se descubrió la conspiración de cuarenta judíos que habían jurado "no comer ni beber, hasta que Pablo estuviese muerto". Su cautiverio en Cesárea duró dos años, los mismos que gobernaron el distrito los procónsules Félix y Festo, mientras que el proceso judicial aguardaba, en vista de que los gobernadores no podían encontrar prueba alguna de que el reo hubiese cometido un delito merecedor de castigo y, por otra parte, no querían hacer frente a las protestas y violencias populares, si declaraban inocente al reo odiado por los judíos. Entretanto, Pablo "apeló al César"; en otras palabras, exigió, valido en sus derechos de ciudadano romano, que su causa fuese vista por el propio emperador. Por lo tanto, el prisionero, bajo la vigilancia del centurión Julio, fue enviado a Myra y trasportado de ahí a Creta, en un barco alejandrino con un cargamento de trigo. Aquella nave, sorprendida por un huracán, naufragó frente a las costas de Malla. Tras largas demoras, San Pablo fue embarcado en otra nave que lo condujo al puerto de Puteoli y, de ahí, se trasladó por tierra a Roma. El libro de los Hechos lo abandona en este punto, en espera de su proceso ante Nerón.
Desde entonces, los movimientos y la historia del gran apóstol son muy inciertos. Parece probable que fue procesado en Roma, tras un largo encarcelamiento y, declarado inocente, quedase en libertad. Hay pruebas de que todavía realizó un cuarto viaje. Algunos sostienen que visitó España, pero nosotros podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que fue una vez más a Macedonia, donde es posible que haya pasado el invierno entre el año 65 y el 66, en la ciudad de Nisópolis. Al regresar a Roma, fue de nuevo detenido y encarcelado. No se sabe con certeza si fue condenado junto con San Pedro, pero sí puede asegurarse que, en su calidad de ciudadano romano, la forma de la ejecución tenía que ser distinta. La tradición firmemente arraigada y, al parecer, digna de confianza, dice que le cortaron la cabeza, en un punto de la Vía Ostiense llamado Aquae Salviae (la actual Tre Fontane), cerca del sitio donde hoy se levanta la basílica de San Pablo Extramuros y donde se venera la tumba del Apóstol. Es creencia común que San Pablo fue ejecutado el mismo día y el mismo año que San Pedro, pero no hay pruebas ciertas sobre ello. Poco antes de su martirio, logró hacer llegar a su fiel Timoteo una emotiva carta que contenía estas famosas palabras: "Aún ahora estoy pronto al sacrificio. Sé que el día de mi tránsito está cerca. Mi sangre va a ser derramada como el vino de una copa. ¡Qué importa! He combatido la buena batalla; he consumado mi carrera. Sólo me resta recibir la corona que me dará, en el último día, el Señor, justo juez; y no sólo a mí, sino a todos los que esperan con amor su venida".
También en el caso de San Pablo hay abundante literatura que sería imposible considerar en detalle. Como guía particularmente valiosa sobre los innumerables problemas que surgen de la obra y los escritos del Apóstol, se recomienda, sobre todo, el breve volumen de Fr. F. Prat, Saint Paul. Se publicó en la serie Les Saints. El Saint Paul de Fouard, es también muy conocido y da amplios detalles sobre la historia del personaje. Habrán de servir de gran ayuda, los comentarios sobre las Epístolas, hechos por el obispo anglicano, Lightfoot, así como los libros de su amigo el explorador arqueológico Sir. W. M. Ramsey, sobre todo, su Saint Paul, the Traveller (1908) y The Church in the Román Empire (1893). Necesariamente, todos los comentarios sobre los Hechos de los Apóstoles tratan la historia de San Pablo; ver, por ejemplo, a E. Jacquier, Les Actes des Apotres (1926) y a Camerlynck y Van der Heeren, Commentarius in Actus Apostólorum (1923). Otros libros útiles son: K. Pieper, Paulus, siene Missionarische Personlichkeit (1926); P. Delatre, Les Epitres de S. Paul (1924-1926); Tricot, S. Paul (1928). La indispensable Teología de San Pablo de Fr. Prat. Otras publicaciones recientes traducidas al inglés, son Paul of Tarsus de Mons. J. Holzner (1944) y Sí. Paul, Apostle and Martyr, de Giordani (1946); hay una extensa biografía en italiano, por D. A. Penna, San Paulo (1946); E. B. Alio, S. Paul, Apotre de Jésus-Christ (1946) y el estudio de R. Sencourt, St. Paul: Envoy of Grace (1948). Hay muchos escritos apócrifos en los cuales San Pablo figura, incluso cartas que se le atribuyen. Las Actas de San Pablo fueron editadas por W. Schubart, quien las tomó de un papiro manuscrito de Hamburgo. Las Actas de Pablo y Tecla han sido impresas más de una vez; véase en este libro, el 23 de septiembre, a Santa Tecla, lo mismo que a O. von Gebhardt, en Texte und Untersuchungen, vol. vil, parte II (1902) ; consúltese a L. Vouaux, en Les Actes de Paul el ses Lettres apocryphes (1913). Sobre la tumba del Apóstol en el conjessio de la iglesia de San Pablo Extramuros, ver a Grisar, en Analecta Romana, p. 259 y ss. Tal vez nadie haya escrito sobre San Pablo con mayor intuición que el cardenal Newman, quien era especialmente apto para apreciar el secreto del atractivo del Apóstol.
SAN PEDRO, PRÍNCIPE DE LOS APÓSTOLES
Vida de los Santos de A. Butler
Guido Reni, Cristo entrega las llaves a San Pedro
Guido Reni, Cristo entrega las llaves a San Pedro
(¿64? P.C.) - La historia de San Pedro, tal como la cuentan los Evangelios, es muy conocida y no hay necesidad de relatarla aquí en detalle. Sabemos que era Galileo, que tenía su casa en Betsaida, que estaba casado, que era pescador y que era hermano del Apóstol San Andrés. Portaba el nombre de Simón, pero el Señor, en el primer encuentro que tuvo con él, le dijo que se llamaría Cefas, el equivalente, en arameo, de la palabra griega que significa "piedra" y que, en su forma española, derivó hasta convertirse en el apelativo Pedro. Nadie que haya leído, aunque sea superficialmente, el Nuevo Testamento, habrá dejado de advertir el sitio predominante que se le otorga siempre entre los primeros seguidores de Jesús. Fue él quien actuó como portavoz de losdemás, al proclamar una sublime profesión de fe: "¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo!" A él personalmente le dirigió el Salvador estas palabras, con una solemnidad que no tiene paralelo en los Evangelios: "¡Bendito seas, Simón, hijo de Jonás, porque no han sido la carne ni la sangre las que te revelaron estas cosas, sino mi Padre que está en los Cielos! Y Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella; a ti te daré las llaves del Reino de los Cielos: y todo lo que tú atares en la tierra, atado quedará en el cielo; y lo que desatares en la tierra, quedará desatado en el cielo".
No menos familiar es la historia de la triple negativa de Pedro hacia su Maestro, no obstante la advertencia que El mismo le había hecho sobre el particular. El caso fue relatado por los cuatro evangelistas con una abundancia de detalles que parece exagerada ante la pequenez del suceso, si se le compara con los otros incidentes en la Pasión de Nuestro Señor y, esta misma singularización aparece como un tributo a la elevada posición que San Pedro ocupaba entre sus compañeros. Por otra parte, si bien las advertencias de Jesús no fueron tomadas en cuenta por el Apóstol, tengamos presente que estuvieron precedidas por otras palabras, asombrosas y desconcertantes por su extraño cambio del plural al singular en la misma frase: "Simón, Simón, mira que Satanás va tras de vosotros para zarandearos como el trigo en la criba; mas yo he rogado por ti, a fin de que tu fe no parezca; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos". Igualmente impresionante es la triple reparación que el Señor, con acentos de ternura, pero con una insistencia rayana en la crueldad, le pidió a su avergonzado discípulo junto al Lago de Galilea: "Cuando hubieron comido, Jesús le dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas tú más que éstos? El respondió: Sí, Señor, Tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. Después volvió a decir: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Simón le respondió: ¡Sí, Señor; Tú sabes que te amo! Y El le dijo: Apacienta mis ovejas. Y por tercera vez le repitió: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Y él repuso: ¡Señor! ¡Tú, que sabes todas las cosas, bien sabes que te amo! Jesús volvió a decir: Apacienta mis ovejas". Todavía más maravillosa es la profecía que Jesús hizo a continuación: "En verdad, en verdad, yo te digo: cuando tú eras joven te ceñías a ti misino e ibas donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás las manos para que otro te ciña y te conduzca a donde tú no quieras". "Y esto", agrega el evangelista, "lo dijo para significar por cuál muerte habría de glorificar a Dios".
Después de la Ascensión, nos encontramos con que San Pedro se halla aún en primer plano. A él se le nombra primero en el grupo de los Apóstoles y se indica que moraba con los demás en "una habitación alta", donde "todos animados de un mismo espíritu, perseveraban juntos en oración con las mujeres y con María, la Madre de Jesús y, sus parientes", hasta la venida del Espíritu Santo, el día de Pentecostés. También fue Pedro quien tomó la iniciativa al elegir un nuevo Apóstol en el lugar de Judas y el que primero habló a la muchedumbre para darle testimonio de "Jesús" de Nazaret, un hombre autorizado por Dios a vuestros ojos, con los milagros, maravillas y prodigios que, por medio de El, ha hecho entre vosotros, a quien Dios ha resucitado, de los que todos nosotros somos testigos". Y se agrega más adelante: "Oído este discurso se compungieron sus corazones y dijeron a Pedro y los demás: Hermanos, ¿qué es lo que debemos hacer? A lo que Pedro respondió: Haced penitencia y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesucisto". Entonces, "los que habían recibido su palabra, fueron bautizados" y se agrega que aquel día se añadieron a la Iglesia, "cerca de tres mil personas". También se ha registrado a Pedro como al primero que realizó un milagro de curación en la Iglesia cristiana. Un hombre cojo de nacimiento, se hallaba al borde del camino por donde Pedro y Juan subían hacia el Templo a orar y les rogó que le diesen limosna. "Pedro entonces, fijando con Juan la vista en aquel pobre, le dijo: Mira hacia nosotros. El los miraba de hito en hito, en espera de que le diesen algo. Mas Pedro le dijo: Plata y oro yo no tengo, pero te doy lo que tengo. En el nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y camina. Y tomándole de la mano derecha lo levantó, y al instante se le consolidaron las piernas y los pies. Y dando un salto, se puso en pie y echó a andar, y entró con ellos en el templo por sus propios pies, saltando y loando a Dios".
Al iniciarse la persecución que culminó con el martirio de San Esteban en presencia de Saulo, el futuro Apóstol de los Gentiles, la mayoría de los nuevos convertidos a las enseñanzas de Cristo, se dispersaron, pero los Apóstoles permanecieron agrupados en Jerusalén, hasta que llegaron noticias sobre la acogida favorable que habían recibido en Samaria las predicaciones de San Felipe el Diácono. Entonces, San Pedro y San Juan se trasladaron a aquellas comarcas e impusieron las manos (¿confirmaron?) sobre los que San Felipe había bautizado. Entre éstos se hallaba un hombre al que conocemos con el nombre de Simón el Mago, quien presumía de poseer ocultos poderes y había adquirido mucha fama por sus hechicerías. Al ver el Mago lo que sucedía con los recién confirmados, se acercó a los Apóstoles para decirles: "Dadme a mí también esa potestad, para que cualquiera a quien imponga yo las manos, reciba el Espíritu Santo". Pero, aun cuando ofreció dinero, no obtuvo más que una rotunda negativa. Pedro le dijo: "Perezca tu dinero contigo; pues has juzgado que se alcanzaba por dinero el don de Dios."
En la literatura apócrifa conocida como las "Clementinas", se representa a Simón el Mago, en una época posterior, al encontrarse con San Pedro y entablar una larga discusión con él y con San Clemente, mientras viajan de una a otra de las ciudades marítimas de Siria, en su travesía a Roma. Todavía antes que las Clementinas, San Justino Mártir (que escribió por el año de 152), declara que Simón el Mago fue a Roma, donde se le honró como a una deidad; pero debe admitirse que las evidencias citadas por Justino sobre este particular, son muy poco satisfactorias. También en las apócrifas "Actas de San Pedro" hay una dramática historia sobre los intentos del Mago para ganarse la voluntad de Nerón por medio de demostraciones de sus poderes ocultos, de los que pensaba valerse para volar por los aires. De acuerdo con aquella leyenda, San Pedro y San Pablo estaban presentes y, por medio de sus oraciones, anularon los poderes mágicos de Simón que, al emprender el vuelo, cayó a tierra y, poco después, murió a consecuencia de las heridas. Muchos otros relatos contradictorios son relatados por Hipólito (en su Phüosophumena) y varios escritores antiguos, siempre en torno a una discusión, a un conflicto entre Simón el Mago y los dos grandes Apóstoles, con Roma por escenario. A pesar de la debilidad de las evidencias, hubo una inclinación general entre los escritores cristianos primitivos, como por ejemplo San Ireneo, para considerar a Simón el Mago como "padre de los herejes" y, en eso debe haber algo de simbólico, porque los antagonistas del Mago eran siempre San Pedro y San Pablo, los representantes de la verdad cristiana en la capital del mundo de entonces.
Casi todo lo que sabemos de cierto sobre la existencia posterior de San Pedro, procede de los Hechos de los Apóstoles y de algunas alusiones en sus propias Epístolas y en las de San Pablo. Tiene particular importancia el relato sobre la conversión del centurión Cornelio, puesto que, a raíz de aquel acontecimiento, surgió el debate sobre la continuación de la práctica del rito de la circuncisión y el mantenimiento de la prescripción de la ley judía para no mezclarse con los gentiles ni comer algunos de sus alimentos. Con las instrucciones que recibió en el curso de una visión, San Pedro, tras algunos titubeos, llegó a admitir que la antigua costumbre había terminado y que la Iglesia fundada por Cristo, iba a ser para los gentiles lo mismo que para los judíos. San Pablo le dirigió algunos reproches, como sabemos por la Epístola a los Gálatas (cap. II), al calificarle de oportunista y falto de corazón por aceptar estrictamente aquellos principios. El incidente parece haber estado en relación con el congreso de algunos Apóstoles y ancianos en el Concilio de Jerusalén, pero no se sabe a ciencia cierta si esta reunión fue anterior o posterior a las réplicas que San Pablo dirigió a San Pedro en Antioquía. De todas maneras, fue la palabra de Pedro la que inspiró las conclusiones que adoptó la asamblea de Jerusalén. Aquella resolución decía que los gentiles convertidos al cristianismo, no necesitaban ser circuncidados ni observar la ley de Moisés. Por otra parte, a fin de no herir la susceptibilidad de los judíos, estos podrían abstenerse de la sangre y de comer carne de seres estrangulados, así como se abstenían de la fornicación y de los sacrificios a los ídolos. Estas decisiones fueron comunicadas a los cristianos de Antioquía y sirvieron para calmar las inquietudes de los numerosos fieles en la gran ciudad.
Es posible, aunque no contemos con datos concretos, que antes del Concilio de Jerusalén (¿49? P.c), San Pedro hubiese sido, durante dos años o más, el obispo de Antioquía y que también había ido hasta Roma y había tomado posesión de la que habría de ser su sede permanente. Los Hechos registran un incidente trágico al relatar la súbita y violenta persecución de Herodes Agripa I, posiblemente en el año 43. Se afirma que Herodes "mató a Santiago, el hermano de Juan, con la espada" —éste, por supuesto, era Santiago el Mayor, Apóstol, cuya fiesta se celebra el 25 de julio— y que, después, procedió a detener también a Pedro. Pero mientras tanto "la Iglesia, incesantemente, hacía oración a Dios por él" y Pedro, "no obstante que estaba dormido entre dos guardias, atado a ellos con dos cadenas; y los centinelas a las puertas de la prisión, haciendo guardia, "fue puesto en libertad por un ángel" y partió en busca de un refugio seguro", tal vez en Antioquía o quizá en Roma. Desde aquel momento, los Hechos de los Apóstoles no vuelven a mencionar a Pedro.
La "pasión" de San Pedro tuvo lugar en Roma, durante el reinado de Nerón (54-68 P.c), pero no existe ningún relato escrito sobre el suceso. De acuerdo con una antigua tradición, no comprobada, se encerró a San Pedro en la cárcel Mamertina, donde ahora se encuentra la iglesia de San Pietro in Carcere. Tertuliano, quien murió cerca del año 225, dice que el Apóstol fue crucificado; por su parte, Eusebio agrega que (un dato que tomó del autorizado Orígenes, muerto en 253), por expreso deseo del anciano Pedro, la cruz fue colocada cabeza abajo. El sitio debe haber sido el acostumbrado: los jardines de Nerón, escenario de tantos dramas terribles y gloriosos por aquel entonces. La tradición que otrora se aceptaba por lo común, de que el pontificado de San Pedro duró < '.oelius, ofrecí un refrigerio en honor de Pedro y Pablo".
"DALMATIUM BOTUM IS PR0MIS1T REFRIGERIUM". "Por jurainnito, Dalmacio prometió ofrecer un refrigerio para ellos".
Algunos de los escritos son simples invocaciones: "PAULE ET PETRE PETITE PRO VICTORE". "Pablo y Pedro, pedid por Victor".
"PETRUS ET PAULUS IN MENTE ABEATIS ANTONIUS BASSUM". "Pedro y Pablo, tened presente a Antonio Basso".
Las inscripciones candidas, espontáneas y escritas, muchas veces, con graves faltas de ortografía, indican que existía un culto muy acendrado por los santos Pedro y Pablo en aquel lugar. La mayoría están escritas en latín y algunas en griego, pero hay muchas frases en latín, escritas con caracteres griegos. Ya dijimos que las placas de yeso estaban rotas y sus inscripciones eran fragmentarias y algunas, ilegibles, pero en ochenta del número total, aparecen los nombres de los santos Apóstoles, a veces el de Pedro primero o viceversa. No hay duda, por lo tanto, de que en la segunda mitad del siglo tercero, de acuerdo, en consecuencia, con una indicación del calendario Filocaliano (del año 324) que conmemora una traslación o una fiesta de los dos Apóstoles, en el 258, y en las catacumbas, de que existía por aquel entonces y en aquel lugar, una gran devoción por los dos Patronos de Roma.
Ya a principios del siglo tercero afirmaba Cayo, según cita de Eusebio, que el lugar del triunfo de San Pedro se encontraba en la colina del Vaticano; el sitio del martirio de San Pablo se veneraba en la Vía Ostiense. El padre Dolehaye y algunos otros hagiógrafos distinguidos sostienen que los cuerpos de los dos Apóstoles fueron sepultados ahí desde un principio, y nadie los ha tocado; otros sugieren que fueron temporalmente sepultados en la Vía Apia, inmediatamente después del martirio, hasta que se construyeron sepulcros o santuarios en los mismos lugares de su muerte. En cualquier caso, la inscripción hecha por el Papa San Dámaso I (muerto en 384), en un sitio próximo a San Sebastián, no significa que ahí hubiesen estado sepultados los dos Apóstoles, sino que era la conmemoración de alguna fiesta instituida en 258, que por iilguna razón se celebraba en las catacumbas.
En fecha posterior a la época en que se escribió lo anterior, se practicaron excusaciones bajo la basílica de San Pedro. Los resultados de aquellos trabajos, ini( indos en 1938, se publicaron profusamente. El sitio y los restos fragmentario. H ile la tumba del Apóstol San Pedro, habían sido identificados sin lugar a dudn , pero entonces, ahora y tal vez para siempre, está en el terreno de las posil'ilidades la suposición de que los restos humanos hallados en las proximü dad< •-> de la tumba, sean los de San Pedro. Los descubrimientos en el Vaticano aviviron el interés en los del sitio de San Sebastián; pero, por diversas razones, la t' <nía de que los restos de San Pedro fueron llevados en el año de 258 a las cat¡»' mnbas y se quedaron ahí para siempre, es inadmisible.
Al parecer, la fiesta doble de San Pedro y San Pablo ha sido conmemorada sien'i'ie, en Roma, el 29 de junio; Duchesne considera que esta práctica se renv-ula, por lo menos, a los tiempos de Constantino; pero en el oriente, esa conmemoración se asignaba, al principio, al 28 de diciembre. Lo mismo sucedía en (' - v rliynchus, en Egipto, como atestiguan antiguos papiros, hasta el año de 536; pero en Constantinopla y en otras partes del Imperio Romano oriental, la ft lia del 29 de junio se aceptó poco a poco. En Siria, a principios del siglo quinto, como lo sabemos por una nota del "Breviario" sirio que dice así: "28 de diciembre, en la ciudad de Roma, Pablo, el Apóstol y Simón Cefas (Pedro), el jefe de los Apóstoles del Señor", la fecha era la que se observaba en el oriente.
Hay, por supuesto, abundantísima literatura relacionada con San Pedro, con su vida y sus actos, desde cualquier punto de vista. Los comentaristas de los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles suministran la enorme mayoría de los datos con que se practicaron las posteriores investigaciones. El librillo Sí Pierre (en la serie Les Saints), por L.C. Fillion, es una excelente introducción para el estudio del asunto, puesto que incluye todos los datos registrados sobre el Apóstol; el St. Pierre de C. Fouard es más extenso y detallado, pero sólo se ocupa de los primeros años de la Iglesia y deja de lado lo que dicen de San Pedro los Evangelios. Ver a R. Aigrain, en St. Pierre (1938) y una obrilla popular del estadounidense W. T. Walsh, St. Peter, the Apostle (1950). Sobre la primacía, deberá consultarse la obra del obispo Besson: St. Pierre et les origines de la Primauté Romaine (1929). Entre los investigadores no católicos, ver Apostolic Fathers (1877), del obispo Lightfoot; a W. Ramsey, en The Church and the Román Empire (1893); O. Culmann, en Peter, disciple, apostle, martyr (1954); y H. Lietzmann, Petras und Paulus in Rom (1927) y Petras Romischer Martyrer (1936). La discusión sobre el problema de las catacumbas podrá estudiarse en el artículo de F. Toletti de Rivista di archeologia cristiana 1947-1948; Mons. A. S. Barns, en The Martyrdom of St. Peter and St. Paul (1933), incluido en Analecta Bollandiana, vol. ui (1934), pp. 69-72; y P. Stieger, Die rómischen Katacumben (1933). Ver el Liber Pontificalis (ed. Duchesne), vol. i y Delehaye, en Origines du cuite des Martyrs (1933), pp. 263-269. Los informes sobre las excavaciones entre 1938 y 1950, fueron publicados en dos volúmenes de texto y uno de ilustraciones; ver un artículo del P. Romanelli, en el Osservatore Romano 19 de diciembre de 1951. Aparecieron numerosos artículos en varios idiomas, para hablar sobre el resultado de las excavaciones: ver el de J. B. Ward Perkins, en The Listener, 25 de Sept. 1952 y en el Journal of Román Studies, vol. XLTI (1952).

miércoles, 28 de junio de 2017


MES DEL CORAZÓN DE JESÚS
1.- Oración Preparatoria. Oh Dios, que, por medio del Corazón de vuestro Hijo, herido por nuestras culpas, os dignáis en vuestra misericordia infinita darnos los tesoros de vuestro amor; os pedimos nos concedáis que, al presentaros el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

2.- Consideración del del:
Día 28. Espina es la sobra de negligencia con que se hacen las cosas de Dios. Mientras algunos son todo actividad y energía para las cosas puramente temporales.
3.- Invocaciones.



a) Sagrado Corazón de Jesús, circundado de espinas, haced que aceptemos los sufrimientos de esta vida como expiación por nuestros muchos pecados e ingratitudes y en reparación contra las ofensas que se os infieren, especialmente en la Santísima Eucaristía. Os lo pedimos por intercesión de vuestra Madre dolorosa.

Pater, Ave y Gloriapatri

b) Sagrado Corazón de Jesús, inflamado por las llamas de vuestra inmensa caridad, haced que nuestros corazones se abrasen en ese divino fuego y sean purgados de todo afecto desordenado como el oro en el crisol, de modo que en Vos se hagan uno como ofrenda de amor agradable a Dios. Os lo pedimos por el Corazón Inmaculado de María.

Pater, Ave y Gloriapatri

c) Sagrado Corazón de Jesús, abierto por la lanza del soldado a quien revelásteis vuestra divinidad, permitid que nos refugiemos en el seguro asilo de vuestro amor y que en él moremos como antesala del Cielo, donde esperamos gozar de la visión beatífica. Os lo pedimos por vuestra Madre la Corredentora.


4.- Oración final. Oh Señor nuestro Jesucristo, haced que vuestros santos misterios infundan en nosotros un fervor divino, de modo que, recibida la suavidad de vuestro dulcísimo Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús
Señor, misericordia.
Jesucristo, misericordia.Señor, misericordia.
Jesucristo, óyenos.Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,Ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad un solo Dios,
Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,
Corazón de Jesús, Formado por el Espíritu Santo en el Seno de María
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo,
Corazón de Jesús, de Majestad infinita
Corazón de Jesús, santo Templo de Dios
Corazón de Jesús, Tabernáculo del Altísimo
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo
Corazón de Jesús, horno de encendido amor
Corazón de Jesús, receptáculo de la justicia y amor
Corazón de Jesús, lleno de bondad y amor
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza
Corazón de Jesús, Rey y centro de toda alabanza
Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de sabiduría y ciencia
Corazón de Jesús, en quien habita la plenitud de la Divinidad
Corazón de Jesús, en quien el Padre se ha complacido
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido
Corazón de Jesús deseo de los collados eternos
Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia
Corazón de Jesús, rico para todos los que lo invocan
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad
Corazón de Jesús, propiciación de nuestros pecados
Corazón de Jesús, saturado de oprobios
Corazón de Jesús, oprimido por nuestras maldades
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo,
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en Ti
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Ten misericordia de nosotros.

V. Jesús Manso y humilde de corazón,
R. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración: Omnipotente y sempiterno Dios, mira al Corazón de tu muy amado Hijo y a las alabanzas y satisfacciones que te tributa en nombre de los pecadores; concede benigno el perdón a los que invocamos tu misericordia, en el nombre del mismo Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unión del Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. R.Amén. 

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