jueves, 24 de diciembre de 2015

NAVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
No fueron los cristianos quienes asumieron una fiesta pagana, sino al revés. Recuperamos un artículo muy útil en estas fechas.
Muchos cristianos creen que el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre porque los padres de la Iglesia se apropiaron de la fecha de un festival pagano. Casi nadie da importancia a este hecho, excepto algunos grupos marginales de evangélicos americanos, que parecen interpretar que ello convierte a la Navidad en un festival pagano.
Sin embargo, resulta interesante saber que la opción del 25 de diciembre es el resultado de los intentos realizados por los primeros cristianos para averiguar la fecha de nacimiento de Jesús, basándose en cálculos de calendario que nada tenían que ver con los festivales paganos.
Fue más bien al contrario, ya que el festival pagano del "Nacimiento del Sol Invicto", instituido por el emperador romano Aurelio el 25 de diciembre de 274, fue casi con toda certeza un intento de crear la alternativa pagana a una fecha que ya gozaba de cierta importancia para los cristianos romanos. Así pues, "los orígenes paganos de la Navidad" son un mito sin fundamento histórico.
Un error  La idea de que la fecha fue sacada de los paganos se remonta a dos estudiosos de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Paul Ernst Jablonski, un protestante alemán, pretendía demostrar que la celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre era una de las muchas "paganizaciones" del cristianismo que la Iglesia del siglo IV había adoptado, como una de las muchas "degeneraciones" que habían transformado el cristianismo apostólico puro en catolicismo.
Dom Jean Hardouin, un monje benedictino, intentó demostrar que la Iglesia católica había adoptado festivales paganos para fines cristianos sin paganizar el Evangelio. En el calendario juliano, creado en el año 45 a.C. bajo Julio César, el solsticio de invierno caía en 25 de diciembre y, por tanto, a Jablonski y a Hardouin les pareció evidente que esa fecha debía haber contenido obligatoriamente un significado pagano antes de haber sido cristiano.
Pero, en realidad, la fecha no había tenido ningún sentido religioso en el calendario festivo pagano en tiempos anteriores a Aurelio, y el culto al sol tampoco desempeñaba un papel importante en Roma antes de su llegada.
Había dos templos del sol en Roma. Uno de ellos (mantenido por el clan en el que nació o fue adoptado Aurelio) celebraba su festival de consagración el 9 de agosto, y el otro el 28 de agosto. Sin embargo, ambos cultos cayeron en desuso en el siglo II, en que los cultos solares orientales, como el mitraísmo, empezaron a ganar adeptos en Roma. Y en cualquier caso, ninguno de estos cultos, antiguos o nuevos, tenían festivales relacionados con solsticios o equinoccios.
Lo que ocurrió realmente fue que Aurelio, que gobernó desde el año 270 hasta su asesinato en 275, era hostil hacia el cristianismo, y está documentado que promocionó el establecimiento del festival del "Nacimiento del Sol Invicto" como método para unificar los diversos cultos paganos del Imperio Romano alrededor de una conmemoración del "renacimiento" anual del sol. Lideró un imperio que avanzaba hacia el colapso, ante las agitaciones internas, las rebeliones en las provincias, el declive económico y los repetidos ataques por parte de tribus germanas por el norte y del Imperio Persa por el este.
Es cierto que la primera prueba de una celebración cristiana en 25 de diciembre como fecha de la Natividad del Señor se encuentra en Roma, algunos años después de Aurelio, en el año 336 d.C., pero sí hay pruebas del Este griego y del oeste latino donde los cristianos intentaban averiguar la fecha del nacimiento de Cristo mucho antes de que lo empezaran a celebrar de una forma litúrgica, incluso en los siglos II y III. De hecho, las pruebas indican que la atribución a la fecha de 25 de diciembre fue una consecuencia de los intentos por determinar cuándo se debía celebrar su muerte y resurrección.
Por cierto, los estudiosos modernos se muestran de acuerdo con que la muerte de Cristo podría haber tenido lugar en el año 30 o en el 33 d.C., ya que éstos son los únicos años de esa época en los que la Vigilia de Pascua podían haber caído en viernes. Las posibilidades son, por tanto, el 7 de abril del 30 o el 3 de abril del 33.
Sin embargo, dado que la Iglesia primitiva fue forzosamente separada del judaísmo, entró en un mundo de calendarios distintos y tuvo que instaurar sus propios momentos para celebrar la Pasión del Señor, en parte también para independizarse de los cálculos rabínicos de la fecha de Pascua. Por otra parte, como el calendario judío era un calendario lunar que constaba de 12 meses de 30 días cada uno, cada pocos años debía añadirse un mes decimotercero por un decreto del Sanedrín, para mantener el calendario sincronizado con los equinoccios y los solsticios, así como para evitar que las estaciones se fueran "desviando" hacia meses inapropiados.
EL 25 de Marzo, conmemorado casi universalmente entre cristianos como la Fiesta de la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel llevó la Buena Nueva de un salvador a la Virgen María, con cuyo consentimiento la Palabra de Dios ("Luz de Luz, Dios verdadero del Dios verdadero, nacido del Padre antes de todos los tiempos") se encarnó en su vientre. ¿Cuánto dura un embarazo? Nueve meses. Si contamos nueve meses a partir del 25 de marzo, es 25 de diciembre; si es a partir del 6 de abril, tenemos el 6 de enero. El 25 de diciembre es Navidad y, el 6 de enero, es la Epifanía.
La Navidad (el 25 de diciembre) es una fiesta de origen cristiano occidental. Parece que en Constantinopla fue introducida en el año 379 ó 380. De un sermón de San Juan Crisóstomo, que en su época fue un renombrado asceta y predicador en su nativa Antioquía, parece que ahí la fiesta se celebró por primera vez el 25 de diciembre del 386. Desde esos centros, se esparció por todo el Oriente cristiano y se adoptó en Alejandría alrededor del 432, mientras que en Jerusalén se asumió un siglo o un poco más después. Los armenios, solos entre las Iglesias cristianas antiguas, nunca la adoptaron, y hasta hoy llevan celebrando el nacimiento de Cristo, la adoración de los Reyes y el bautismo el 6 de enero.
Por su parte, las Iglesias occidentales fueron adoptando gradualmente la celebración de la Epifanía del este el 6 de enero, y Roma lo hizo entre el 366 y el 394. Pero en Occidente, esta festividad se presentaba normalmente como la conmemoración de la visita de los Reyes Magos al niño Jesús y, como tal, era una fiesta importante, pero no una de las más determinantes. Ello provocaba un fuerte contraste con la posición de la Iglesia oriental, donde sigue siendo la segunda fiesta más importante de la Iglesia después de la Pascua.
En Oriente, la Epifanía es mucho más importante que la Navidad. La razón es que la festividad también celebra el bautismo de Cristo en el Jordán y el momento en que la Voz del Padre y el Descenso del Espíritu Santo manifestaron por primera vez a los mortales la divinidad del Cristo Encarnado y la Trinidad de las 3 Personas en un solo Dios.

William J. Tighe, corresponsal de TOUCHSTONE y profesor adjunto de la Universidad de Muhlenberg. Para los interesados, recomienda la lectura de Los Orígenes del Año Litúrgico de Thomas J. Talley.

viernes, 18 de diciembre de 2015

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Al PADRE
Dios Padre de infinita caridad, que tanto amaste a los
hombres, que les entregaste a vuestro Hijo amado, para que hecho hombre en las
entrañas de la Virgen,
naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio, os damos gracias por tan
soberano beneficio. Agradecido, os ofrezco todas las virtudes de vuestro Hijo,
suplicándoos por los divinos méritos de su nacimiento, por su pobreza, humildad
y por las lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones
como tu humilde morada para siempre. Que allí te recibamos limpios de pecados,
con humildad profunda, con amor encendido y con despego de todo lo terreno.
Amén (Se reza tres veces el Gloria)

LA SANTÍSIMA VIRGEN
Soberana María que por vuestras grandes virtudes, y
especialmente por vuestra humildad, Dios quiso escogerte para ser Su que seas
su madre; os suplico que vos misma prepareis y dispongais mi alma y la de
todos, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado Hijo.

¡Oh dulcísima Madre! Comunicadme algo del profundo
recogimiento y tierno amor con que le recibisteis vos, para que nos hagáis
menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. - Rezar:
Avemaría.


A SAN JOSÉ
¡Oh Santísimo José!, esposo de la Virgen María y padre
putativo de Jesús. Gracias a Dios que te escogió y a ti por responder con tanta
virtud. Dios te dotó con todos los dones proporcionados a tan excelente
grandeza; os ruego por el amor que tuviste al Divino Niño, me ayudes a tener el
mismo fervor para recibirle en la Eucaristía. Amén. -Rezar: Padre Nuestro,
Avemaría, Gloria.

ORACIÓN AL NIÑO JESÚS
Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste a la Venerable Margarita
del Santísimo Sacramento: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los meritos de
mi infancia y nada te será negado”. Llenos de confianza en Vos, ¡Oh Jesús, que
sois la misma verdad, venimos reconociendo que somos pecadores. Ayúdanos a
llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Nos
entregamos a Vos, ¡oh Niño omnipotente! Seguros de que no quedará frustrada
nuestra esperanza y de que en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis
nuestra súplica. Amen.

CONSIDERACIÓN PARA CADA DÍA
(ver abajo)

GOZOS
Dulce Jesús Mió
Mi niño adorado.
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Oh Sapiensa suma
Del Dios soberano,
Que al nivel de un niño
Te hallas rebajado!
¡Oh Divino infante
Ven para enseñarnos
La prudencia que hace
Verdaderos sabios!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Oh raíz sagrada
De José, que en lo alto
Presentas al orbe
Tu fragante nardo!
¡Dulcísimo Niño
Que has sido llamado
“Lirio de los Valles,
Bella flor del campo!”
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Oh lumbre de Oriente
Sol de eternos rayos
Que entre las tinieblas
Tu esplendor veamos!
¡Niño tan precioso
Dicha del cristiano,
Luzca la sonrisa
De tus labios!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

Rey de las naciones
Emmanuel preclaro.
De Israel anhelo
Pastor de rebano!
¡Niño que apacientas
Con hueco suave
Ya la oveja arisca
Ya el cordero manso!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

Ábranse los cielos
Y llueva de lo alto
Bienhechor roció
Como riego santo!
¡Ven hermoso Niño!
¡Ven Dios humanado!
Luce, hermosa estrella,
Brota flor del campo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

Ven que ya Maria
Previene sus brazos
De su Niño vean
En tiempo cercano!
¡Ven que ya José
con anhelo sacro
se dispone a hacerse
de tu amor sagrario!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Del débil auxilio.
Del doliente amparo,
Consuelo del triste,
Luz del desterrado!
¡Vida de mi vida,
mi sueno adorado,
Mi constante amigo,
Mi divino hermano!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Ve ante mis ojos
De ti enamorados
Bese ya tus plantas!
Bese ya tus manos!
Prosternado en tierra
Te tiendo los brazos
Y aun más que mis frases
Te dice mi llanto!
Ven Salvador nuestro,
Por quien suspiramos,
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

Diciembre 16

La vida del Verbo Eterno en el seno de su Padre era una vida maravillosa; y sin embargo, ¡misterio sublime! Busca otra morada. Una mansión creada. No era porque en su mansión eterna faltase algo a su infinita felicidad, sino porque su misericordia infinita anhelaba la redención y la salvación del género humano, que sin El no podría realizarse. El pecado de Adán había ofendido a Dios, y esa ofensa no podía ser perdonada sino por los méritos del mismo Dios. 
La raza de Adán había desobedecido y merecido un castigo eterno; era, pues, necesario para salvarla y satisfacer su culpa que Dios se encarnara y obediente a los designios de su Padre, expiase aquella desobediencia, ingratitud y rebeldía. Por eso el Verbo Eterno, ardiendo en deseos de salvar al hombre, resolvió hacerse hombre y así redimir al culpable.

Diciembre 17

El verbo eterno se halla a punto de tomar su naturaleza creada en la santa casa de Nazaret. Maria estaba sola y embebida en oración. Pasaba las silenciosas horas de la noche en la unión mas estrecha con Dios. El arcángel Gabriel la visita con el mensaje divino, pide su consentimiento. El creador no quiso efectuar este gran misterio sin la aquiescencia (Consentimiento) de su criatura. Ella da su FIAT (Hágase). Entonces, el Verbo Eterno se encarnó en ella convirtiéndola en su Madre.

Diciembre 18
Jesús fue una Criatura que, y sin de dejar de ser Dios estuvo en el vientre de su Madre.Consideremos su pequeñez, su total dependencia, como niño, en su madre. Adorémosle porque esa Criatura que se encuadra en el seno de la Virgen es Dios. Consideremos que el niño es el Señor de toda la creación a quién obedecen los ángeles. Es mas poderoso que todos los ejércitos que jamás existieron o existirán. Viene, sin embargo humilde y débil para enseñarnos a amar.

Diciembre 19
Desde el seno de su Madre comenzó el Niño Jesús a poner en práctica su eterna sumisión a Dios Padre, que continuó sin la menor interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, le amaba, se sometía a su voluntad, aceptaba su humanidad con todas sus limitaciones para enseñarnos a nosotros a vivir como hombres y expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados. ¿Quienes de nosotros quisiera retroceder a un estado semejante en el pleno goce de la razón y la reflexión?

Diciembre 20
Ya hemos visto la vida que llevaba el Niño Jesús en el seno de su purísima Madre Santísima; veamos hoy la vida que llevaba también María Virgen durante el mismo tiempo. María, llena de esperanza, deseaba contemplar la faz de Dios encarnado. Estaba a punto de ver aquella faz humana que debía iluminar el cielo durante toda la eternidad. Iba a verle en la ignorancia aparente de la infancia, en los encantos particulares de la juventud y en su revelación pública de la edad madura.

Diciembre 21
Jesús había sido concebido en Nazaret, domicilio de Jesús y Maria, y allí era de creer que iba a nacer, según todas las posibilidades. Más Dios lo tenía dispuesto de otra manera y los profetas habían anunciado que el Mesías nacería en Belén de Judá, ciudad de David. Para que se cumpliese esta predicción, Dios se sirvió de un medio que no parecía tener ninguna relación con este objeto a saber: la orden dada por el emperador Augusto de que todos los súbditos del imperio romano se empadronasen en el lugar de donde eran originarios. María Inmaculada y San José, como eran descendientes de David, estaban obligados a ir a Belén.

Diciembre 22
Meditemos en el viaje de Sta. María y San José hacia Belén; llevando consigo, aun no nacido, al creador del universo, hecho hombre. Contemplemos la humildad y obediencia de ese divino Niño que aunque de raza judía y habiendo amado a su pueblo con una predilección inexplicable, obedece así a un príncipe extranjero que forma el censo de la población de su provincia. Vive esa circunstancia y sus padres también la han de sufrir. Ellos no entendían todo pero aceptaron por fe. Nosotros también vivimos en un mundo donde los fuertes se imponen, pero si confiamos en Dios veremos maravillas.


Diciembre 23
Llegan a Belén San José y María Siempre Virgen, buscando hospedaje, pero no lo encuentran. Todo está lleno por causa del censo. Ellos eran pobres y no podían pagar por privilegios. Pero nada puede turbar la paz interior de los que están fijos en Dios. Si José experimenta tristeza cuando era rechazado de casa en casa, porque pensaba en María y en el Niño Divino, sonreía también con santa tranquilidad cuando fijaba la mirada en su Castísima Esposa que le animaba. El Niño (Dios) aun no nacido aceptaba aquellas negativas que eran el preludio de las humillaciones venideras. Esas humillaciones no lo alejan. El vino a buscar a los pecadores.

Diciembre 24
Ha llegado la media noche, y de repente vemos en el pesebre, poco antes vació, al Divino Niño esperando, vaticinado durante cuatro mil años con tan inefables anhelos. Allí su Santísima Madre en los transportes de una adoración de la cual nada puede dar idea. San José, también se acerca y le rinde homenaje, ejerciendo su misterioso e imponderable oficio de padre adoptivo del redentor de los hombres. La multitud de Ángeles que desciende del cielo a contemplar esa maravilla sin par hace vibrar en los aires las armonías de ese Gloria in Excelsis (Gloria en los Cielos), que es el eco de la adoración en torno del trono del Altísimo hecho perceptible a los oídos de los pobres en la tierra. Convocados por ellos, vienen en tropel los pastores de la comarca a adorar al recién nacido y presentarle sus humildes ofrendas.
¡Oh adorable Niño! Nosotros también, los que hemos hecho esta novena para prepararnos al día de vuestra Navidad, queremos ofreceros nuestra pobre adoración; no la rechacéis! Venid a nuestras almas; venid a nuestros corazones llenos de amor. Encended en ellos la devoción que realmente practicada y celosamente propagada, nos conduzca a la vida eterna, librándonos del pecado y sembrando en nosotros todas la virtudes cristianas.

sábado, 12 de diciembre de 2015

8 de Diciembre

CON TODA LA IGLESIA CATÓLICA Y LA CORTE CELESTIAL CELEBRAMOS LA SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA,
EN HONOR: DE SU INMACULADA CONCEPCIÓN, POR LO CUAL SE LLEVO ACABO UNA MISA
SOLEMNE EN LA QUE SE NOS RECORDÓ LA IMPORTANCIA DE
ESTE DOGMA, DEFINIDO POR PAPA PÍO 9 EN EL AÑO 1954 Y RATIFICADO POR LA VIRGEN MARÍA EN LOURDES DE FRANCIA EN EL Año 1858.

LUEGO DE LA SANTA MISA SE REALIZO LA TRADICIONAL PROCESIÓN EN LA QUE TODOS DEVOTAMENTE REZAMOS EL SANTO ROSARIO.

“TODA HERMOSA ERES O MARÍA, Y MANCHA ORIGINAL NO HAY EN TI, ALELUYA” 
Fotos del evento:













El día 15 de noviembre en la
Capilla Virgen de Lourdes:
 Se llevo acabo la Unión Matrimonial, entre el señor Ruben
Ariel Guevara
y la señorita Mariel Butisita Zegarra.

Oficio la ceremonia religiosa, el reverendo Padre Ariel Jesús Damin, el cual le recordó en la Santa Misa el fin del matrimonio y la indisolubilidad del mismo.
Al finalizar la ceremonia compartimos todos juntos un almuerzo en honor de los recién casados 

Fotos del evento:




EL SÁBADO 5 DE
DICIEMBRE DEL 2015: RENACIÓ 
POR LAS AGUAS DEL BAUTISMO LA PEQUEÑA ORNELLIA OJEDA
FALIDO.

EL SACRAMENTO FUE ADMINISTRADO POR: EL REVERENDO PADRE ARIEL JESÚS DAMIN, EL CUAL PREPARO A LOS PADRES Y PADRINOS PARA QUE TOMARAN CONCIENCIA DE LA RESPONSABILIDAD QUE IBAN A ADQUIRIR DELANTE DE DIOS COMPROMETIÉNDOSE A EDUCAR CRISTIANAMENTE A
ORNELLIA

Fotos del evento:






7 de Diciembre

Mes de María Inmaculada


ACORDAOS
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se
ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza,
a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benigna mente. Amén

III
María conduce a sus siervos al paraíso

1. María es garantía de salvación para sus devotos
¡Que preciosa señal de predestinación tienen los siervos de María! La Iglesia aplica a esta divina Madre, para consuelo de sus devotos, las palabras de la Sagrada Escritura: “En la ciudad amada me ha hecho reposar y moraré en la heredad del Señor” (Ecclo 24, 11). Comenta el cardenal Hugo: “Bienaventurado aquel en quien descansa la Bienaventurada Virgen. María, por el amor que a todos profesa, busca que todos le tengan devoción. Muchos o no la reciben o no la conservan: Bienaventurado el que la recibe y la conserva. “Y moraré en la heredad del Señor”. Es decir, añade el docto Paciuchelli, en los que son heredad del Señor. La devoción a la Santísima Virgen se da en los que son la heredad del Señor, o sea, en los que estarán en el cielo alabándola eternamente. Y sigue hablando María en el mismo libro: “El que me creó, descansó en mi tabernáculo; y me dijo: habita en Jacob, y hereda en Israel, y pon tus raíces entre mis elegidos”. Mi Creador se ha dignado venir a reposar en mi seno. Él ha querido que yo habitase en el corazón de los elegidos, de quien fue figura Jacob, y que son la heredad de la Virgen y ha dispuesto que en todos los predestinados estuviera enraizada la verdadera devoción hacia mí”.
¡Cuántos que ahora son bienaventurados, no estarían en el cielo si la Virgen no los hubiera llevado allí! “Yo hice brillar en el cielo una luz indeficiente”. Comenta el cardenal Hugo atribuyendo estas palabras a María: “Yo hice resplandecer en el cielo tantas luminarias eternas cuantos son mis devotos”. Y añade el mismo autor: “Muchos santos están en el cielo por su intercesión, que nunca allí hubieran llegado si no es por ella”. Dice san Buenaventura que a todos los que confían en la protección de María, se les abrirán las puertas del cielo para recibirlos. Por lo que san Efrén llama a la devoción a María la entrada del paraíso. Y el devoto Blosio, hablando con la Virgen, le dice: “Señora, a ti te han entregado las llaves y los tesoros del reino bienaventurado”. Por eso debemos rezarle continuamente con las palabras de san Ambrosio: “Ábrenos, María, la puerta del paraíso, ya que tú conservas la llave, más aún, ya que tú eres la puerta como te llama la Iglesia: “Puerta del cielo”.
Por eso, además, la excelsa Madre es llamada por la Iglesia estrella de la mar: “¡Salve, estrella de los mares!” Porque así como los navegantes, dice santo Tomás, el Angélico, se orientan para llegar a puerto por medio de la estrella polar, así los cristianos se orientan para ir al paraíso por medio de María. También, de modo semejante, la llama san Pedro Damiano “escala del cielo”, porque, dice el santo, por medio de María, Dios ha descendido a la tierra para que por medio de ella los hombres merecieran subir de la tierra hacia el cielo. Y a tal fin, Señora, le dice san Atanasio, has sido colmada de gracia, para que fueras el camino real de nuestra salvación y la salida hacia la patria celestial. San Bernardo llama a la Virgen vehículo que nos conduce al cielo. Y san Juan Geómetra la saluda así: “¡Salve, nobilísima carroza!”, en la cual sus devotos son conducidos al paraíso. De ahí que exclame san Buenaventura: “¡Bienaventurados los que te conocen, Madre de Dios! Porque conocerte es el camino de la vida inmortal, y hablar de tus virtudes es la forma de llegar a la vida eterna”.

2. María es camino del cielo
Narran las crónicas franciscanas que fray León vio una escala roja, en lo alto de la cual estaba Jesucristo, y otra blanca al término de la cual estaba la Santa Madre. Y vio que algunos intentaban subir por la escala roja, subían algunos peldaños y rodaban abajo; volvían a intentarlo y volvían a caer. Se les exhortó a que intentaran subir por la escala blanca y, en efecto lo intentaron y subieron felizmente y con facilidad, porque la Virgen les ayudaba alargándoles la mano, y así llegaron seguros al paraíso. Pregunta san Dionisio Cartujano: “¿Quién se salvará? ¿Quién llegará a reinar en el cielo? Se salvan y reinan ciertamente en el cielo, responde él mismo, aquellos por los que esta Reina misericordiosa interponga sus plegarias”. Esto lo afirma la misma Virgen María donde dice: “Por mi intercesión las almas reinan primero durante su vida en la tierra dominando sus pasiones, y después vienen a reinar eternamente en el cielo”. Allí, dice san Agustín, todos son reyes: “Tantos reyes cuantos ciudadanos”. María, en suma, dice Ricardo de San Lorenzo, es la soberana del paraíso, porque allí manda como quiere y allí introduce al que quiere. Por lo que, aplicándole las palabras sagradas: “En Jerusalén se halla mi poder” (Ecclo 24, 11), añade: “Es decir, mandando lo que quiero e introduciendo en el cielo a los que quiero”. Y siendo ella la Madre del Señor del paraíso, con razón dice Ruperto, es natural que ella sea la Señora del paraíso. Esta divina Madre, con sus poderosas plegarias y ayudas, con toda facilidad nos conseguirá el paraíso, si no le ponemos obstáculo. Por lo cual, aquel que sirve a María y por el que intercede María, está tan seguro del paraíso como si ya estuviera en él. Servir a María, es ser de su corte, añade san Juan Damasceno, y es el honor más grande que podemos disfrutar; porque servir a María es ya reinar en el cielo, y vivir a sus órdenes en más que reinar. Por el contrario, los que no sirven a María no se salvarán; los que están privados de la ayuda de esta excelsa Madre, están abandonados del socorro de su Hijo y del de toda la corte celestial. Sea por siempre alabada la bondad infinita de nuestro Dios, que ha dispuesto colocar en el cielo como nuestra abogada a María, para que ella, como madre del juez y madre de misericordia, con su intercesión absolutamente eficaz, trate el negocio de nuestra eterna salvación. El pensamiento es de san Bernardo: “Nuestra abogada nos precedió en la peregrinación, la cual, como madre del juez y madre de misericordia, tratará con súplicas eficaces el negocio de nuestra salvación”. Y el monje Jacob, doctor entre los Padres Griegos, dice que Dios ha puesto a María como puente de salvación para que, permitiéndonos pasar sobre las olas del mundo, podamos llegar a la ribera feliz del paraíso. Por eso exclama san Buenaventura: “¡Oíd todos vosotros los que deseáis el paraíso: Servid y honrad a María y alcanzaréis con toda certeza, la vida eterna!”

3. María es esperanza cierta de salvación aun para el pecador
Y no deben desconfiar de obtener el reino bienaventurado los que han merecido el infierno, si se dedican a servir con fidelidad a esta Reina. Cuántos pecadores, dice san Germán, han procurado encontrar a Dios por tu medio, oh María, y se han salvado. Reflexiona Ricardo de San Lorenzo, que dice san Juan que María está coronada de doce estrellas (Ap 12, 1), mientras que en el Cantar de los Cantares se dice que la Virgen se halla entre los leones y leopardos: “Ven del Líbano, novia mía, ven desde el Líbano, vente. Otea... desde las guaridas de leones, desde los montes de leopardos” (Ct 4, 8). Esto ¿cómo se entiende? Responde Ricardo que estas fieras son los pecadores que, con la ayuda e intercesión de María se transforman en estrellas del paraíso, que van mejor como una corona de esta Reina de misericordia, que todas las estrellas del firmamento. La sierva del Señor sor Serafina de Capri, mientras rezaba a la Santísima Virgen un día de la novena de la Asunción, le pidió la conversión de mil pecadores; mas temiendo que su petición fuera excesiva, se le apareció la Virgen y le quitó ese vano temor diciéndole: “¿Por qué temes? ¿Es que no soy tan poderosa como para obtener de mi Hijo la salvación de mil pecadores? Mira como ya te lo he conseguido”. Y la llevó en espíritu al paraíso, donde le mostró innumerables almas de pecadores que habían merecido el infierno, pero que por su intercesión se habían salvado y gozaban de la felicidad eterna. Es verdad que mientras se vive en la tierra, nadie puede estar absolutamente seguro de su eterna salvación. A la pregunta de David a Dios: “Señor ¿quién habitará en tu santo monte?” (Sal 14, 1), responde san Buenaventura: “Sigamos, pecadores, las huellas de María, y postrémonos a sus sagradas plantas. Y abracémonos a ella hasta lograr merecer que nos bendiga”. Y es que su bendición nos asegura el paraíso. “Basta, Señora, dice san Anselmo, que quieras salvarnos y nos salvaremos”. Afirma san Antonio que las almas protegidas por María, se salvan necesariamente. Con razón predijo la Santísima Virgen, dice san Ildefonso, que todas las generaciones la llamarían bienaventurada (Lc 1, 48), pues todos los elegidos obtienen la beatitud eterna por medio de María. Tú, oh Madre sublime, eres el principio, el medio y el fin de nuestra felicidad, dice san Metodio: Principio, porque María nos obtiene el perdón de los pecados; medio, porque nos obtiene la perseverancia en la gracia de Dios; y fin, porque ella finalmente, nos obtiene el paraíso. Por ti, sigue diciendo san Bernardo, se han abierto los cielos y se han vaciado los infiernos; por ti se ha restaurado el paraíso; por ti, en fin, se les ha dado la vida eterna a tantos que habían merecido la
muerte eterna. 

4. María mantiene sus promesas en favor de sus devotos
Debe animarnos a esperar con toda seguridad el paraíso, la hermosa promesa que hace la misma Virgen María a los que la honran y de modo especial a los que con la palabra y el ejemplo procuran darla a conocer y hacerla honrar de los demás. “Quien me obedece a mí, no queda avergonzado” (Ecclo 24, 22). ¡Felices, dice san Buenaventura, los que conquistan el favor de María! Estos serán ya desde ahora, reconocidos como sus compañeros; y el que lleva el emblema de siervo de María, está ya registrado en el libro de la vida. ¿De qué sirve el inquietarse con las sentencias de las Escuelas sobre si la predestinación a la gloria es anterior o posterior a la previsión de los méritos? ¿Sobre si estamos o no inscritos en el libro de la vida? Si somos
verdaderos siervos de María y contamos con su protección, de verdad que somos de los
inscritos; porque, como dice san Juan Damasceno, Dios no concede la devoción a su Santísima Madre, sino a los que quiere salvar. Esto es lo que Dios mismo reveló por medio de san Juan: “Al vencedor le pondrá de columna en el santuario de mi Dios, y ya no saldrá jamás fuera; y grabaré en él el nombre de mi Dios y el de la Ciudad de mi Dios” (Ap 3, 12). ¿Quién es esta ciudad de Dios sino María, como explica san Gregorio, recordando el texto de David: “Gloriosas cosas se han dicho deti, ciudad de Dios?” (Sal 86, 3). Bien podemos decir con san Pablo: “Marcados  con este sello, el Señor conoce a los que son suyos” (2Tm 2, 19). Quien lleva esta señal, la de ser devoto de María, es reconocido por Dios como suyo. Por lo que escribe Pelbarto que la devoción a la Madre de Dios es señal ciertísima de que se ha de conseguir la eterna salvación. Y el B. Alano, hablando del Ave María, dice que quien con frecuencia honra a la Virgen con el saludo del Ángel, tiene un indicio muy grande de que se ha de salvar. Con más razón lo dice el rezo diario del santo Rosario: “Si saludas con perseverancia a las Santísima Virgen con el santo Rosario, tienes con ello un indicio sumamente grande de que vas a conseguir la eterna salvación”. Dice el P. Nieremberg en su libro del Amor y Afición a María, que los devotos de la Madre de Dios, no sólo son los más favorecidos y privilegiados por ella, sino que, también en el cielo serán mucho más ensalzados. Y añade que en el cielo tendrán alguna señal más particular y muy distinguida por la cual serán reconocidos como íntimos de la Virgen y de su cortejo especial, conforme al dicho de los Proverbios: “Todos los de su casa visten doble vestido” (Pr 3, 21). Santa María Magdalena de Pazzi vio en medio del mar una nave en que iban todos los devotos de María, y ella, como seguro piloto la conducía en derechura al puerto. Con lo cual entendió la santa que, quienes viven bajo la  protección de María, aún en medio de todos los peligros de la vida, se libran del naufragio del pecado y de la condenación, porque son guiados por ella al puerto del paraíso. Entremos en esta nave, cobijados bajo el manto de María, y estemos así seguros de alcanzar el reino bienaventurado como le canta la Iglesia“En ti moran todos los bienaventurados, Santa Madre de Dios”. Todos los que han de participar de los gozos eternos habitan en ti, viviendo bajo tu protección.

EJEMPLO
María deleita con su canto a un monje Narra Cesáreo que un monje cisterciense, muy devoto de la Madre de Dios, tenía un deseo muy grande de ver a su amada Señora, y se lo estaba pidiendo constantemente. Una noche, en el jardín, mientras contemplaba el firmamento y dirigía encendidos suspiros a su Reina por el deseo de verla, de pronto vio venir del cielo una virgen bella y nimbada de luz que le dijo: “Tomás ¿quieres oír mi canto?” “Claro que sí”, le respondió. Entonces la virgen cantó con tanta dulzura que el religioso se sentía transportado al paraíso. Terminado el canto, desapareció dejándolo con grandes deseos de saber quién se le había aparecido. Y de pronto siente que se le aparece otra virgen más bella todavía que también le hizo oír su canto. No pudiendo contenerse, le preguntó quién era, y la virgen le respondió: “La que viste primero, es Catalina, y yo soy Inés; las dos mártires de Jesucristo, y hemos sido mandadas por nuestra Señora para consolarte”. Y dicho esto, desapareció.Con todo esto, el religioso quedó con más esperanzas de ver finalmente a su Reina. No se equivocó, pues poco después vio un gran resplandor y que elcorazón se le inundaba de no conocida alegría, y he aquí que, en medio de aquella luz, ve a la Madre de Dios circundada de ángeles, con una belleza incomparablemente superior a la de las santas anteriores. Ella le dijo: “Querido siervo e hijo mío, yo te agradezco la devoción que me tienes; y quiero hacerte oír mi canto”. Y la Virgen inició una tan bella melodía que el devoto religioso perdió el sentido cayendo rostro en tierra. Tocaron a maitines, se reunieron los monjes, y no viendo a Tomás, fueron a buscarlo a la celda y otros lugares, y al fin lo encontraron en el jardín, desmayado. El abad le mandó por obediencia que declarara qué le había sucedido; ,y el religioso, vuelto en sí a la voz de la obediencia, contó todos los favores que le había hecho la Madre de Dios.

ORACIÓN PIDIENDO A MARÍA EL DON DE AMARLA
Reina del paraíso y Madre del santo amor,
ya que eres la criatura más amable,
la más amada de Dios, y quien más le ha amado,
acepta que te ame también un pecador,
el más ingrato y desdichado del mundo.
Viéndome, gracias a ti, libre del infierno,
y tan favorecido por ti sin merecerlo,
me he prendado de tu bondad,
y en ti he puesto toda mi esperanza.
Señora mía, te amo, y quisiera amarte,
más de lo que te han amado
los santos de ti más enamorados.
Quisiera, si en mí estuviese,
hacer conocer a todos los que te ignoran,
cuán digna eres de ser amada,
para que todos te amasen y venerasen.
Quisiera morir por tu amor,
por defender tu virginidad,
tu dignidad de Madre de Dios,
tu Inmaculada Concepción,
si por defender estos privilegios,
fuera preciso dar la vida.
Amada Madre mía, recibe mis afectos,
y no permitas que un siervo que te ama,
vaya a ser enemigo del Dios que tanto quieres.
Así fui yo que ofendí a mi Señor.
Pero entonces, María, no te amaba,
y poco me importaba ser amado de ti.
Pero ahora, nada deseo tanto,
después de la gracia de Dios,
que amarte y ser por ti amado.
Sé, mi Señora, la más agradecida y benigna,
que no desdeñas amar a quien te ama,
a la vez que no te dejas ganar en el amor.
Quiero amarte en el paraíso.
Allí, a tu lado, conoceré de veras,
cuán amable eres,
y cuánto has hecho por salvarme;
por eso te amaré con más fervor,
y mi amor será eterno,
sin temor de dejar nunca de quererte.
María, yo confío salvarme por tu medio.
Ruega a Jesús por mí.
Yo nada más anhelo,
tú eres mi esperanza.
Por eso te cantaré siempre:
”María, esperanza mía,
tú me tienes que salvar”.

 BENDITA SEA TU PUREZA
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza. A Ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Amén.

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