jueves, 25 de diciembre de 2014

A los Sacerdotes, Fieles y Amigos.
                                                                                                                            Diciembre del 2014.

            Quiera Dios bendecirles.


            El Capítulo II del Evangelio de San Mateo, a la par que describe la candorosa y majestuosa adoración de los Santos Reyes Magos, muestra toda la crueldad sin nombre, indefinible, de aquél rey sin linaje real verdadero, Herodes, quien reinaba en Galilea con la anuencia de los romanos. Herodes quedó grabado en la historia humana por su crueldad y, sobre todo, por haber matado a los niños menores de dos años en toda la región de Belén, queriendo así matar al Niño Dios. Basta imaginar el salvajismo de aquellos homicidas para concebir la impiedad de Herodes.
            Nuestra época también tiene inocentes, niños y grandes, que esperando el bien que debería descender desde aquellos que los rigen ven, en cambio, una catarata constante de males que se vuelca sobre ellos desde aquellas cumbres en las que ya no hay paz porque renunciaron a todo principio de orden.
            La política ha quedado reducida a la economía, mundial o nacional o local, en donde el ideal es un bienestar inalcanzable porque se rige por leyes casi salvajes en las que triunfa el más audaz y que, por lo mismo, por no poder alcanzarse, engendra insatisfacción y envidias.
            Lo social se ha transformado en un caos legal, porque la ley lo autoriza, en el cual todo está permitido mientras los que son normales van quedando relegados. Dios quemó a las cinco ciudades homosexuales del Antiguo Testamento mientras las democracias contemporáneas les pagan pensiones; siempre los asesinos de la historia tuvieron monumentos pero hoy, sólo ellos.
            En lo religioso los Herodes de Mitra y Báculo bendicen al mundo contemporáneo en el cual ya no hay principios, razones ni verdades; todo es verdad en una grosera mezcolanza en la cual desaparece la única Verdad. Canta un maricón en un festival europeo y gana el concurso y el cardenal de su país lo felicita; un cardenal Kasper defiende lo indefendible y el “Papa” dice que eso es hacer “teología de rodillas”; el superior de los “Franciscanos de la Inmaculada” defiende la Misa Tradicional y Roma los interviene y da prisión domiciliaria a su superior. Mientras tanto los que eran tradicionalistas sueñan con que la Tradición tenga un lugar en la Iglesia Oficial olvidando que la modernidad no tiene derecho y que la Iglesia Oficial sólo puede ser tradicional a no ser que pierda su entidad.
            Es el panorama. Herodes viste tronos en los palacios y mitras en las catedrales y basílicas. Cristo Nuestro Señor dijo a sus discípulos “acaso también vosotros queréis iros”. Contestemos con San Pedro, primer Papa: “Señor, a dónde iríamos, sólo Tu tienes palabras de vida eterna”. S. Juan VI, 68.

                                           ¡Santas Navidades!



                                                          + Mons. Andrés Morello.

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