lunes, 16 de septiembre de 2013

Santo Bautismo

El Domingo 15 de Septiembre renació por medio de las aguas bautismales la niña Shenay Guadalupe Karake, fungiendo como padrinos el Señor Jonathan Emanuel Perez Ribba y la Señora Solange Larovere de Karake













1° Comunión en la Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores

En la Santa Misa Cantada que tuvo lugar el Domingo 15 de Septiembre por la mañana el joven Gabriel Alderesi, recibió por primera vez a Jesús Sacramento.








sábado, 14 de septiembre de 2013

15 de Septiembre Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores



La devoción a la Santa Cruz es una de las más antigua de la Iglesia. La fiesta de la Invención de la Santa Cruz se celebraba el 14 de septiembre, aniversario de la dedicación de la Basílica levantada por Constantino en el Calvario. En siglo VIII se traslado en occidente al 3 de mayo reservando el 14 de septiembre para conmemorar con el titulo de Exaltación, la victoria de Heraclio contra los persas. Las lecturas del Breviario y de la Misa cantan el poder de la Cruz, prenda de nuestra salvación y son un eco de las ceremonias del Viernes Santo. 
"Nosotros debemos gloriarnos en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo..." (Gal. 6,14)  

jueves, 12 de septiembre de 2013

Dulce Nombre de María

Ha sido San Lucas en su evangelio quien nos ha dicho el nombre de la doncella que va a ser la Madre de Dios: "Y su nombre era María". El nombre de María, traducido del hebreo "Miriam", significa, Doncella, Señora, Princesa.

Estrella del Mar, feliz Puerta del cielo, como canta el himno Ave maris stella. El nombre de María está relacionado con el mar pues las tres letras de mar guardan semejanza fonética con María. También tiene relación con "mirra", que proviene de un idioma semita. La mirra es una hierba de África que produce incienso y perfume.
En el Cantar de los Cantares, el esposo visita a la esposa, que le espera con las manos humedecidas por la mirra. "Yo vengo a mi jardín, hermana y novia mía, a recoger el bálsamo y la mirra". "He mezclado la mirra con mis aromas. Me levanté para abrir a mi amado: mis manos gotean perfume de mirra, y mis dedos mirra que fluye por la manilla de la cerradura". Los Magos regalan mirra a María como ofrenda de adoración. "Y entrando a la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron yabriendo sus cofres, le ofrecieron oro, incienso y mirra". La mirra, como María, es el símbolo de la unión de los hombres con Dios, que se hace en el seno de María. Maria es pues, el centro de unión de Dios con los hombres. Los lingüistas y los biblistas desentrañan las raíces de un nombre tan hermoso como María, que ya llevaba la hermana de Moisés, y muy común en Israel. Y que para los filólogos significa hermosa, señora, princesa, excelsa, calificativos todos bellos y sugerentes.

EL NOMBRE Y LA MISION

En la Historia de la Salvación es Dios quien impone o cambia el nombre a los personajes a quienes destina a una misión importante. A Simón, Jesús le dice: "Tú te llamas Simón. En adelante te llamarás Kefá, Pedro, piedra, roca, porque sobre esta roca edificaré mi Iglesia". María venía al mundo con la misión más alta, ser Madre de Dios, y, sin embargo, no le cambia el nombre. Se llamará, simplemente, MARIA, el nombre que tenía, y cumple todos esos significados, pues como Reina y Señora la llamarán todas las generaciones. María, joven, mujer, virgen, ciudadana de su pueblo, esposa y madre, esclava del Señor. Dulce mujer que recibe a su niño en las condiciones más pobres, pero que con su calor lo envuelve en pañales y lo acuna. María valiente que no teme huir a Egipto para salvar a su hijo. Compañera del camino, firme en interceder ante su hijo cuando ve el apuro de los novios en Caná, mujer fuerte con el corazón traspasado por la espada del dolor de la Cruz de su Hijo y recibiendo en sus brazos su Cuerpo muerto. Sostén de la Iglesia en sus primeros pasos con su maternidad abierta a toda la humanidad. María, humana. María, decidida y generosa. María, fiel y amiga. María fuerte y confiada. María, Inmaculada, Madre, Estrella de la Evangelización.


domingo, 8 de septiembre de 2013

Natividad de la Santísima Virgen María


Sermón de San Agustín, Obispo 

Hemos llegado, amadísimos hermanos, al día deseado, al día de la Santa y Venerable Virgen María. Entréguese nuestra tierra, honrada con el nacimiento de una Virgen tal ilustre, a los más alegres transportes de júbilo. Ella es la flor de los campos, de la cual ha nacido el precioso lirio de los valles, con su parto se ha cambiado la suerte de nuestros primeros padres y se ha borrado su culpa. La sentencia de maldición: “Darás a luz a los hijos con dolor”, dictada contra Eva, no se aplicó a María, la cual dio a luz llena de gozo al Señor.

Eva lloró, María se llenó de júbilo; Eva llevó en su seno un fruto de lágrimas, María un fruto de alegría, ya que un dio a luz a un pecador y la otra a un inocente. Por la madre de nuestro linaje entró el castigo en el mundo, por la de nuestro Señor, la salvación. En Eva se halla la fuente del pecado; en María, la del mérito. Eva nos perjudicó, dándonos la muerte; María nos favoreció, devolviéndonos la vida. Aquella nos hirió, éstas nos curó. La desobediencia ha sido reemplazada por la obediencia y la incredulidad por la fe.

Puelse ahora María los instrumentos músicos, y que los ágiles dedos de la Virgen Madre hagan vibrar los tímpanos con festivas modulaciones. Respóndanle gozosos nuestros coros, y que en dulce concierto nuestras voces alternen con sus melodioso cánticos. Escuchad los inspirados acento de nuestra cantar: “Glorifica mi alma al Señor, y mi espíritu está transportados de gozo en Dios, mi Salvador. Porque miró la humildad de su esclava he aquí que desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Por que hizo conmigo grandes cosas el que es todopoderoso, y cuyo nombre es santos”. Así, pues, el prodigio de una maternidad completamente nueva ha remediado una falta que nos había perdido, y el canto de María ha puesto fin a los lamentos de Eva.


jueves, 5 de septiembre de 2013

Misión, María Auxiliadora

El sábado 31 de Agosto, estuvimos de misión en la zona de Rivadavia, departamento de Mendoza. Renacieron por medio de las aguas bautismales seis niños. 














domingo, 1 de septiembre de 2013

XV Domingo después de Pentecostés

La Iglesia de la que es figura la viuda de Naím, se perfila en el horizonte: el Salvador hace que revivan a la gracia sus hijos sumergidos en la muerte del pecado, como hizo se levantara el hijo de la madre en lágrimas.

Llámase este domingo el del hijo de la viuda de Naím, cuya milagrosa resurrección es el asunto del Evangelio de la Misa. La Epístola de este día es continuación de la que se leyó en la Dominica precedente. San Pablo da en ella instrucciones circunstanciadas acerca de la moral cristiana, con tal precisión, que en pocas palabras indican las normas que en su conducta han de observar los fieles. La vida espiritual, vida de pureza y santidad, de caridad y buenas obras, de sinceridad y buena conciencia, delante de Dios y de los hombres, esto es lo que el Apóstol predica y nosotros debemos practicar con el auxilio divino.

El Introito es una corta pero afectuosa oración que el alma dirige a Dios, animada de una vida confianza en su misericordia. El Evangelio nos recuerda un pensamiento muy saludable, el pensamiento de la muerte. Como el grupo de los que acompañaban al hijo difunto de la viuda de Naím, detengámonos algunos instantes delante del cadáver de ese joven muerto en la flor de la vida, pidiendo al Señor que, así como se le restituyó con el poder de su divina palabra, haga renacer en nuestro espíritu toda las presuntas enseñanzas que este espectáculo se desprenden. Supliquemos que de nuevo llamé a la vida de la gracia a tantos que de ella están privados, que el Sacramento de su Cuerpo y
Sangre nos proteja contra los ataques diabólicos (Secreta), y que su operación así se muestre en nuestras almas y en nuestros cuerpos, que no sea la sensualidad sino la virtud divina del Sacramento, la que gobierne y dirija nuestras obras y sentimientos, como le suplicamos en la Poscomunión


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